Rigondeaux k14102015 43bcdAtrás quedaron los tiempos en que los boxeadores luchaban desesperadamente por combatir contra los campeones mundiales y conquistar la corona en cada división. Enfrentar al dueño del cinturón era un deseo permanente para todos los demás clasificados en sus respectivas categorías, una oportunidad que no siempre aparecía en el horizonte.

Hoy la vocación mercantilista de los promotores y otros usureros vinculados al pugilato, han convertido el Arte de Fistiana en un negocio de tal magnitud que lo más importante es el dinero y los títulos quedan en un segundo plano. Lamentable, muy lamentable.

Existen honrosas excepciones, pero para confirmar lo expuesto en los párrafos anteriores solo basta observar la situación que atraviesan dos púgiles cubanos: Guillermo Rigondeaux y Erislandy Lara.

“El Chacal” Rigondeaux (15-0-0, 10 KOs) es el actual súper campeón de la Asociación Mundial (AMB) y de la Organización Mundial (OMB) en la categoría súpergallo, en tanto “El Sueño Americano” Lara (21-2-2, 12 KOs) posee la faja correspondiente a la AMB en las 154 libras.

Rigondeaux, quien el 30 de septiembre cumplió 35 años, ha lanzado continuos retos a los otros monarcas de las 122 libras, quienes responden que no le temen y les encantaría enfrentarlo sobre el cuadrilátero, aunque como reza el refrán “del dicho al hecho, un buen trecho”.

Tras finalizar acuerdo contractual con el manager irlandés Gary Hyde, el 15 de septiembre, Rigondeaux espera que bajo la dirección de otro representante (con posibilidad de que sea Al Haymon) se abra una nueva puerta en su carrera, que le permita combatir con más regularidad, pues desde diciembre pasado no sube al encordado en forma oficial.

También zurdo y con el mismo sambenito de que “es correlón y no ofrece espectáculo”, Lara, de 32 años, ha tenido un poco más de suerte, pues derrotó por unanimidad al dominicano Delvin Rodríguez, el 12 junio, en el UIC Pavilion, de Chicago, Illinois, donde expuso el cinturón de las 154 libras, de la AMB.

Apremiado por el transcurrir del tiempo y para salir de ese marasmo, Lara aceptó un duelo frente al esloveno Jan Zaveck, un ex campeón del mundo de 39 años y que ya vio pasar sus mejores años en la disciplina.

Considerado un duelo de poco riesgo para el nacido en el archipiélago caribeño, Lara enfrentará a Zaveck el 25 de noviembre en una velada de Premier Boxing Champions, en el Hialeah Park y Casino, de Miami, en cartel que será transmitido por la cadena ESPN.

“No ha sido fácil encontrarle un rival a Lara”, dijo una fuente cercana al campeón cubano. “Buscamos sin éxito a varias figuras de relevancia, pero las conversaciones resultaron infructuosas. Pero ya lo de Zaveck es seguro. Hay algo positivo en todo esto y es que al menos se mantiene en activo, a diferencia de otros cubanos”.

Radicado en Magdeburgo, Alemania, Zavech (35-3-0, 19 KOs) disfrutó el mejor momento de su carrera de diciembre de 2009 a septiembre de 2011, cuando en la cuarta defensa perdió la faja de la Federación Internacional (FIB), a manos del entonces prometedor Andre Berto, recién derrotado el 12 de septiembre, en forma unánime por el invicto Floyd Mayweather Jr.

Tuvo una gran oportunidad que no pudo aprovechar en marzo de 2013, al caer por el fallo de los tres jueces ante el estadounidense Keith Thurman, antes de efectuar otros tres pleitos que después ganó en Europa.

Sin dudas, Lara y Rigondeaux son los más fieles exponentes en el profesionalismo de la “escuela cubana de boxeo”, caracterizada por un boxeo elegante, técnico, táctico, de mucha velocidad… pero carente de instinto demoledor para acabar con el adversario, más aún cuando el oponente ha sido “tocado” y está a punto de caer por la vía del cloroformo.

Esa elegancia de movimientos, ese estilo elusivo, que no incluye “matar o morir” sirve de excusa a los promotores para no enfrentarlos a los mejores, utilizando el argumento de que no resultan de interés para el gran público.

Tanto Lara como Rigondeaux tienen los atributos personales para romper con ese estigma, arriesgando un poco más sin ceder en lo fundamental a la esencia de su magnífico arte boxístico. Pero también son responsables los entrenadores, porque no los preparan -mental y tácticamente- para las exigencias actuales.

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