GomezViloria k16102015 8662bSi hay un aspecto en el que Brian “The Hawaiian Punch” Viloria (36-4, 22 KOs) llevará ventaja en su pelea de este sábado, en el Madison Square Garden, contra el campeón universal mosca (112 libras) del Consejo Mundial, Román “Chocolatito” González (43-0, 37 KOs), es el equipo que lo acompañará en su esquina, confiado en que el retador cuenta con las armas necesarias para protagonizar la gran sorpresa.

Sin menospreciar al séquito del nicaragüense –Arnulfo Obando, Luis González (su padre), Wilmer Hernández y compañía–, también de primera, Viloria cuenta tras de sí con un verdadero “dream team”, un trío de ensueño que muchos púgiles por estos días soñarían con tener de su lado: el preparador mexicano Rubén Gómez, el prestigioso entrenador filipino Marvin Somodio y el célebre Freddie Roach, en un rol de estratega-consultor (algo similar a lo que Boris Becker representa para Novak Djokovic) y quien, no obstante su apretada agenda, casi siempre encuentra tiempo para acompañarlo a los combates e impartirle las instrucciones precisas.

El estadounidense, nacido en la localidad hawaiana de Waipahu e hijo de padres filipinos, ha confiado casi desde que abandonó las filas amateurs (con un récord de 230 triunfos y solo 8 reveses) en las lecciones de Rubén Gómez, quien también funge en las peleas como el hombre (cutman) que previene o atiende los daños físicos (cortadas, hematomas, sangramientos, etc.) en el tiempo que media entre asaltos.

En ese rol alterno de entrenador auxiliar y principal del ex monarca mundial del pugilismo rentado en dos divisiones (108 y 112 libras), Gómez ha sido testigo de los avances que ha experimentado su pupilo en el pasado, con estrategas de renombre como Robert García y Mario Morales, y en el presente, con Roach y Somodio. Nadie lo conoce mejor que él y es por eso que, aunque obviamente desbordando optimismo, defiende ardientemente las opciones de victoria de Viloria, vale la pena prestarle oído a sus comentarios de cara al encontronazo con quien es reconocido por muchos medios especializados como el actual número uno del escalafón universal, libra por libra.

“´Chocolatito´ anda por un gran momento. Es por él que esta división (mosca) tiene los ojos encima de todo el mundo. Pero él (Román) no está tan confiado enfrentando a Viloria, porque sabe que la pegada está de nuestro lado. Y si bien es la única manera de ganarle a un campeón con pocos defectos, esta pelea va a terminar por un nocaut”, señaló Gómez, en una entrevista recientemente concedida al sitio web especializado boxeodecolombia.com.

Rubén Gómez sostiene vehementemente que las derrotas que Viloria ha sufrido, particularmente aquellas ante el colombiano Carlos Tamara y los mexicanos Omar Niño Romero y Edgar Sosa, han sido a causa de la falta de concentración en el boxeo, una desmotivación con el deporte de los puños de la cual ha adolecido el estadounidense a ratos.

“Brian debería estar efectuando la decimoquinta defensa de sus títulos mundiales… Pienso que esas peleas que ha perdido, nunca tuvo por qué perderlas” –fueron afirmaciones de Gómez, aparecidas en las páginas digitales de ringtv.craveonline.com en diciembre de 2011, refiriéndose a los tres fracasos que hasta esa fecha sumaba su protegido y a las puertas de su soberbia demostración frente al también azteca Giovani Segura.

Los sabios consejos de Rubén Gómez pueden ser en esta oportunidad doblemente útiles, pues el adiestrador mexicano conoce muy bien el estilo de pelea de Román y sus más ilustres coterráneos, después de haber entrenado varios años a otra leyenda del pugilismo en Nicaragua como Rosendo Álvarez.

Por si fuera insuficiente la presencia de Gómez, el aspirante al cetro de las 112 libras del CMB también tendrá en su esquina al lugarteniente de Freddie Roach, el tagalo Marvin Senerez Somodio, un preparador que, sin haber cumplido los 32 años, ya goza de gran prestigio en el gremio boxístico.

Con una efímera carrera como púgil profesional (solo tres reyertas, con récord de 2-1), Somodio ha formado parte de los ciclos de preparación de Brian desde que éste se disponía a enfrentar al azteca Hernán “Tyson” Márquez, en noviembre de 2012, y unificar, por primera vez en casi medio siglo, dos cinturones del peso mosca (el suyo de la Organización Mundial –OMB–, con el de Márquez, de la Asociación –AMB–, en calidad de súper campeón). El vínculo entre Viloria y “El Freddie Roach Filipino” (como lo bautizara el ruso Ruslan Provodnikok) tuvo un inicio estelar, con una velada memorable para el norteño en la que destruyó al sonorense en la décima ronda, luego de llevarlo tres veces a lo lona.

Tras su segundo éxito en el duelo revancha frente al azteca Omar Soto, efectuado el pasado mes de julio (una verdadera golpiza que no pasó del primer round), la mano derecha de Roach resumió en una oración su parecer con relación a la temible pegada del estadounidense de raíces filipinas: “Brian es un peso mosca que pega como un wélter (147 libras)”.

Y al preguntársele, igualmente tras aquella refriega, sobre las opciones de su adiestrado en un choque con Román González que ya se venía rumoreando, Somodio afirmó que, como contrario, el pinolero le parecía hecho a la medida: “Chocolatito es un púgil que se mueve hacia adelante y es por ello que será un blanco fácil para Brian. Una vez que Brian consiga conectarle con solidez, ese puede ser el final para Chocolatito. Me gustan las alternativas que tiene Brian en un enfrentamiento contra Chocolatito.”

La potencia en los nudillos de Viloria, que tanto alaban Gómez y Somodio, no es un secreto para nadie, de hecho, ese efecto devastador le jugó una mala pasada en sus inicios como rentado y llegó a poner en riesgo la continuidad de su carrera.

En 2005, tras sucumbir por la vía del cloroformo en el Staples Center a manos de Brian, el mexicano Rubén Contreras terminó en un estado de coma inducido, en la unidad de cuidados intensivos del Centro Médico de California, como consecuencia de los demoledores impactos a la cabeza y el rosto que recibió a lo largo de 6 asaltos.

Viloria se prometió a sí mismo que no continuaría boxeando si Contreras no salía con vida del hospital. Afortunadamente, tras someterse a una cirugía para aliviarle la presión causada por un derrame cerebral, y varias semanas de tratamientos, el mexicano superó sano y salvo la amarga experiencia, aunque, como era de esperarse, colgó los guantes para bien.

En el Wild Card Boxing Club de Los Ángeles, cuartel general de Manny Pacquiao y otros tantos nombres ilustres, se ha fraguado en las últimas semanas la estrategia a seguir contra el tricampeón mundial nicaragüense, quien se encuentra en el pináculo de su vida deportiva. Aunque ya Brian adelantó que uno de los dos no terminará en pie en la bronca neoyorquina, sus preparadores no han descuidado el trabajo de resistencia, en caso de que la refriega se extienda hasta el duodécimo round.

En el pasado, frente a Tamara y, en fecha más reciente (en abril de 2013), ante el mexicano Juan Francisco “El Gallo” Estrada, la falta de aguante a la intensidad de un pleito de constantes intercambios de golpes le costó a Viloria sus títulos del planeta.

En ese hándicap físico se ha concentrado gran parte del trabajo esta vez, con extenuantes carreras por las montañas del Sur de California y largas sesiones de guanteo que, la semana pasada, tuvieron a un invitado de lujo en el filipino Donnie “Ahas” Nietes. Conociendo la envergadura del enfrentamiento que se avecina, Rubén Gómez acordó con su amigo, Edmund “Ala” Villamor, entrenador del tagalo, que ambos púgiles compartieran algunas jornadas de entrenamiento en el Wild Card Boxing Club. Un pacto de beneficio mutuo, pues el mismo día que tendrá lugar el evento en el Madison Square Garden, Nietes estará defendiendo su cetro mosca ligero (108 libras) de la OMB, en el StubHub Centre de la también californiana ciudad de Carson.

El peso, como de costumbre, no será un problema para Brian, conocido por su profesionalidad en ese aspecto y por llevar un estilo de vida sano, que le ha permitido mantenerse rondando las 112 libras desde su debut como atleta bajo sueldo, el 15 de mayo de 2001 (e incluso antes, como aficionado, pues en la división de menos de -48 kg se colgó el oro mundial en Houston 1999, con triunfo ante el cubano Maikro Romero, titular olímpico de Atlanta 1996). De velar porque se mantenga en excelente forma física, a punto de cumplir los 35 años, se encarga a tiempo completo su esposa Erika Navarro, enfermera de profesión.

El optimismo con que llegan al Garden todos los parciales de Viloria podría resumirse en las palabras de su mánager, Gary Gittelsohn, para boxingscene.com, cuando garantizó que la preparación para el combate contra González ha marchado excelentemente y que Brian “luce en el gimnasio motivado, rápido en sus movimientos y con mucha energía”.

De cualquier manera, aunque todo pinte color de rosa para Viloria y su comitiva asegure convencida que está listo para afrontar con éxito el gran reto de su vida deportiva, nadie –salvo él mismo– podrá ayudarlo dentro del ring cuando suene el gong de apertura y el de Managua se le abalance con todo su arsenal.

Vale, en esta ocasión como en pocas, recordar la definición del Arte de Fistiana que esbozara el escritor argentino Julio Cortázar, un apasionado seguidor de este deporte, en entrevista con el periodista Antonio Trilla, en 1983: es “el enfrentamiento de dos técnicas, de dos estilos, la habilidad de vencer siendo a veces, más débil.”

“Son dos destinos que se juegan el uno contra el otro. En el fútbol son once con contra once, gana o pierde un equipo. La responsabilidad individual se diluye, todo se diluye; alguien pudo haber jugado muy bien o muy mal pero nunca tiene la plena responsabilidad del triunfo o de la derrota. En el boxeo eso no es posible. Allí un hombre vence a otro. Gana porque es mejor o porque hizo mejor las cosas”, aseveraría el autor de Rayuela en aquella conversación que tuvo lugar en Madrid.

A la hora de la verdad, ni el incondicional Rubén Gómez, ni el precoz Marvin Somodio, ni el ínclito Freddie Roach, ni el entusiasta Gary Gittelsohn podrán prestarle a Brian Viloria una tercera mano enguantada para que subyugue a Chocolatito González.

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