Kono k17102015 48558Ni tetracampeonato, ni el nocaut prometido, ni el urgente triunfo que devolviese al clan Kameda algo del honor perdido, en un calendario 2015 nefasto para el trío de hermanos: ¡misión incumplida, Koki!

Kohei Kono se burló de la condición de favorito de su rival, de su mejor palmarés dentro de los ensogados, de su juventud y de sus deseos de hacer historia, y en el cuadrilátero del UIC Pavilion de Chicago, retuvo su cinturón del orbe supermosca (115 libras), legitimado por la Asociación Mundial (AMB), con un fallo unánime de los jueces. El trío de encargados de dictar sentencia, todos estadounidenses, entregó boletas en favor del campeón defensor con puntuaciones de 115-109 (Bill Lerch), 113-111 (Robert Hoyle) y 116-108 (Glenn Feldman).

Se trataba del primer enfrentamiento entre púgiles japoneses por un premio de envergadura en Estados Unidos, penúltimo duelo de una animada velada promovida por Al Haymon, bajo la égida de su Premier Boxing Champions, ante las cámaras de televisión de Spike TV, y que tuvo como protagonistas del combate estelar a dos contendientes semipesados (175 libras), el polaco Andrzej Fonfara y el ex monarca del planeta en esta categoría por la Organización Mundial (OMB), el galés Nathan Cleverly, con cerrada victoria para el primero en las tres tarjetas.

La pelea entre Kono y Koki se ajustó al clásico libreto japonés: ninguno de los dos escaló al encerado para eludir a su compatriota sino para volcarse con todo su arsenal al ataque; de hecho, fue tanta la vocación ofensiva que se lanzaron golpes desde todos los ángulos que aterrizaron en todas las partes de la anatomía del rival, incluidas las prohibidas. Precisamente un par de puntos que le restaron a Kameda, por impactar por debajo de la faja, lo privaron de cualquier aspiración al triunfo en las papeletas.

El también norteño Celestino Ruiz fue el tercer hombre en el ring, en una elección que debe haber despertado más de una mueca entre aficionados y entendidos, pues en la misma sede de la Ciudad de los Vientos, en febrero de 2013, tuvo una pésima actuación en un compromiso en las más de 200 libras entre el polaco Artur Szpilka y el estadounidense Mike Mollo.

Ruiz vivió una noche bastante agitada en su intento por hacer cumplir las reglas del juego a los dos nipones. Kameda fue el primero en agotar su paciencia con una serie de golpes bajos en la tercera ronda que, sumados a la amonestación de la segunda fracción por igual infracción, condujeron al referí a que le quitara un punto. Incapaz de controlar sus manos o desoyendo las advertencias, Koki volvió a desenfundar sus guantes en la zona ilegal y Ruiz, sin pensarlo mucho, lo sancionó por segunda vez en menos de tres minutos.

Los dos puntos de castigo en el tercer episodio encarrilarían el pleito en favor de Kohei Kono, que ya una fracción antes le había demostrado al retador que tenía una tarea azarosa por delante, con un potente recto de derecha que lo puso en la lona, tan solo la segunda vez en su carrera que Koki era derribado.

Sabiéndose con ventaja en las boletas de los jueces (a pesar del punto que le restó Ruiz en el noveno round por empujar la cabeza de su compatriota hacia abajo), el monarca de las 115 libras de la AMB dominó con claridad los asaltos de campeonato, mientras un frustrado Koki, con el ojo izquierdo inflamado, buscaba desesperadamente el éxito por la vía del cloroformo, su única alternativa para ese entonces.

Fue una merecida decisión en favor del veterano de 34 años, Kono (31-8-1, 13KOs), su primera revalidación exitosa del cetro –vacante– que se adjudicara en marzo de 2014, en Tokio, con un espectacular nocaut a expensas del venido a menos tailandés Denkaosan Kaovichit. Nueve meses después, despidiendo el año en otro ensogado tokiota, Kohei no pasó de un magro empate con el dominicano Norberto Jiménez, que le permitió, a duras penas, retener el fajín.

Después de una prolongada inactividad y en su debut como púgil rentado fuera del suelo patrio, Kono consigue el primer triunfo de su carrera en calidad de campeón mundial y se sacude de los fantasmas que lo acosaban tras su efímero reinado anterior, en el mismo peso y organización. En diciembre de 2012, el oriundo de la prefectura de Yamanashi había conquistado el título desmantelando en cuatro fracciones a otro representante de Tailandia, Tepparith Singwancha. Sin embargo, en mayo del siguiente almanaque, en su primera defensa, el venezolano Liborio Solís le arrebató la diadema en la capital japonesa, con un éxito por veredicto mayoritario.

Y mientras Kohei Kono experimenta una suerte de resurgir en la recta final de su trayecto dentro de los encordados como rentado, su víctima de turno no se molestó en disimular su enorme desilusión tras el fracaso.

“Entrené muy duro para esta pelea. Estoy muy decepcionado. Tomaré una decisión sobre si retirarme o no después, considerando este desempeño. Siento que tal vez sea el momento de retirarme”, fueron las palabras de un desencantado Koki (33-2, 18 KOs) al concluir la reyerta.

Más adelante agregó: “Me faltó mi acostumbrada resistencia en los últimos rounds. Me sorprendió en el segundo asalto por un error que no debí haber cometido. Peleó muy bien (Kono) y me sorprendió el poder de su pegada. Pienso que llegó la hora de mi retiro.”

Las declaraciones inmediatas, un tanto melodramáticas, del mayor de los hermanos Kameda (28 años) son perfectamente entendibles. Koki buscaba convertirse en el primer boxeador profesional japonés de la historia con cetros mundiales en cuatro categorías de peso diferentes, después de haber reinado en las divisiones mosca ligero, mosca y gallo, por ese orden. Solo él y Kazuto Ioka, quien lo emuló el pasado mes de abril, aparecen en los archivos como tricampeones rentados del deporte de los puños nacidos en la Tierra del Sol Naciente.

Su hazaña habría edulcorado en alguna medida un calendario 2015 fatídico para la familia Kameda, en el que, ahora, junto a sus dos hermanos Tomoki (24 años) y Daiki (26) acumulan un balance de 4 reveses en igual número de salidas al ruedo.

No muy lejos en el tiempo (2013) está el instante de gloria del clan de Osaka, cuando el trío de Kamedas inscribió su apellido en el Libro Guinness de records como los únicos hermanos capaces de ostentar simultáneamente cinturones universales en el pugilismo de paga. Un período bastante convulso le siguió a aquella proeza y, en el presente, atraviesan por una suerte de destierro deportivo impuesto por la Comisión Japonesa de Boxeo (JBC, por sus siglas en inglés), que los empujó a los brazos del todopoderoso Haymon.

Por el momento, a Koki, Daiki y Tomoki no les queda otra opción que rememorar con nostalgia aquellos días felices y reagrupar fuerzas para intentar volver por sus fueros en 2016. Confiemos en que la idea de colgar los guantes definitivamente, con sólo 28 años, no sea más que una pataleta pasajera del mayor de los Kamedas.