Canelok d286aMi única derrota como profesional, aquella que sufrí ante Floyd Mayweather Jr. el 14 de septiembre de 2013, sería mi principal referencia para saber que debo, y que no debo hacer sobre el ring, ante el boricua Miguel Cotto, si yo fuera el mexicano Saúl “El Canelo” Álvarez (45-1-1, 32 KO’s).

Porque siendo honesto conmigo mismo, tengo que reconocer que mi carrera fue inteligentemente edificada por quienes manejan mis derroteros boxísticos, y la inmensa mayoría de mis adversarios me enfrentaron en momentos en que ya habían visto pasar sus mejores momentos y, o estaban a las puertas del retiro por los rigores de la edad, o no se encontraban en un buen momento competitivo.

O sea, exceptuando al cubano Erislandy Lara, al que vencí de forma poco convincente (fallo dividido) el 12 de julio de 2014, y al ya citado Mayweather Jr., que reconozco me recetó una paliza memorable (y pese a eso hubo un juez que me concedió el empate en su boleta…), no hay otros contendientes que me permitan una referencia justa con vistas a la que considero la pelea más importante de mi vida, hasta el momento.

Con toda justeza, para poder asumir con seriedad mi duelo con Cotto en el Mandalay Bay Hotel y Casino, de Las Vegas, Nevada, tengo que concentrarme en lo que sucedió ante Floyd, porque mi fulminante triunfo por nocaut ante el peligroso estadounidense James Kirkland, el 9 de mayo de 2015, en Houston, Texas, tampoco puede ser tomado al pie de la letra.

Kirkland no peleaba desde el 7 de diciembre de 2013, y se sabe que en un deporte tan exigente como el boxeo tanto “óxido” por falta de ring siempre “pasa factura”, aunque reconozco que esa victoria tan inobjetable y contundente me llenó de orgullo y confianza.

En fin, si quiero vencer a “Junito” Cotto y arrebatarle su faja de campeón mundial de peso mediano que avala el Consejo Mundial de Boxeo (CMB) lo primero que tengo que hacer valer sobre el encerado es mi juventud.

Tengo que ser yo quien imponga el ritmo, y para eso tengo que apoyarme en la ventaja que me otorgan mis 25 años de edad, ante un veterano de 35, o sea, una década más viejo que yo, que seguramente utilizará toda su sabiduría para no desgastarse y de paso suplir con inteligencia la desventaja biológica que le depara el almanaque.

No puedo cometer el mismo error que contra Floyd, ante Cotto. O sea, no puedo intentar cortarle el paso completamente de frente y sin movilidad, como sucedió ante Mayweather Jr. quien aprovechó aquellos pasajes para golpearme sin misericordia, al rostro y al cuerpo.

Aquel afán por decidir en mi favor con un solo golpe se convirtió en frustración cuando comprendí que se habían esfumado los 36 minutos pactados de combate. Se necesita combinar, tirar andanadas de golpes, porque con un impacto de suerte, por puro azar, no suele ganarse en el boxeo.

Y es un hecho que si Floyd no me noqueó, fue por una simple razón: la abismal diferencia anatómica existente entre ambos. Yo parecía esa noche un peso pesado y él un welter, por eso, a pesar de la “paliza” que me propinó, de ninguna manera pudo ponerme nunca en malas condiciones.

Con Cotto la historia cambia. Porque aunque mi colega Antonio Margarito dice que “pega como niña”, yo sé perfectamente que no es cierto y que un golpe del puertorriqueño equivaldría a tres de los que me propinó Mayweather Jr.

Quiere esto decir que necesito moverme más. De ninguna manera entrarle tan de frente a intentar cortarle el paso, como suelo hacer basado en mi poderío físico y mi juventud, porque ese error, que contra Floyd me costó una derrota por votación de los oficiales, podría depararme el primer revés por la vía del cloroformo en mi carrera.

Tampoco puedo darme el lujo de otorgarle mucho “aire” a Cotto. Tengo que salir a presionarlo desde el inicio mismo, para desgastarlo y, repito, aquí tengo a favor mi juventud, y el tiene en contra el peso de una década de más con respecto a mí.

Mis mejores armas son mi edad, y mi estado físico, que es muy bueno, además de explotar al máximo la posibilidad de poder conectarle limpiamente con mi mano derecha, porque estoy convencido de que puedo hacerle daño a Cotto si le conecto con limpieza en la cabeza.

Tengo que evitar los intercambios en la corta distancia. El boricua va a buscarlos, para descansar y, de paso, cansarme dejando caer todo su peso sobre mí.

Eso parece lo más lógico, aunque por las características de ambos, la pelea debe transcurrir en la distancia media.

Ahí podría conectar buenos golpes, repito, pero tengo que moverme, y dejar de ser el blanco casi inmóvil que fui ante Floyd, porque eso sería un error fatal ante Cotto… Y para nada le haré caso a Margarito, y a sus pregones sobre que “Junito” tiene una pegada de niña…

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