MiuraVargas 18112015 3e854El factor motivación desempeña un rol fundamental en el éxito de los atletas. Un deportista que pierde el deseo de competir, ese ímpetu que permite lidiar con situaciones adversas y redoblar las energías cuando éstas se han agotado por completo, marchará al enfrentamiento de su rival de turno como un perdedor potencial.

En el boxeo profesional son varios los casos de púgiles que protagonizaron las peleas de sus vidas cuando determinadas circunstancias espolearon su espíritu de guerreros. Tal vez, el caso que muchos recordarán con mayor nitidez es la a menudo citada como sorpresa deportiva del siglo XX, aquel combate en febrero de 1990, en Tokio, entre un presuntamente invencible Mike Tyson, monarca indiscutido de los pesados (+ 200 libras), y un Buster Douglas al que la casi totalidad de los aficionados y medios especializados veía inconsciente en la lona desde antes de salir del vestidor, convertido en el séptimo retador que el campeón noquearía de manera consecutiva.

Pero después de dominar la mayor parte del pleito ante el asombro de todos los presentes y los millones de televidentes, Douglas dejó boquiabierto a todo el planeta y, en el noveno round, con una serie de potentes golpes a la cabeza, envió a Iron Mike a la lona por primera vez en su carrera y acabó con el mito de su invencibilidad. “Lo hice por mi madre… ¡Dios bendiga su corazón!”, expresó sin poder contener las lágrimas el increíble verdugo de Tyson, en la entrevista que siguió a su proeza dentro del cuadrilátero.

Lula Pearl había fallecido 23 días antes de la hercúlea hazaña de su hijo en la capital japonesa, y el propio Douglas lo reconocería después, su pérdida le sirvió para concentrarse más que nunca en la preparación para el reto que se avecinaba. Independientemente del caos que reinaba en la vida de Iron Mike, dentro y fuera del ring, con un nuevo equipo en su esquina (despidió al entrenador Kevin Rooney, su tutor tras la muerte de Cus D´Amato) y a poco menos de un año de terminar su tumultuoso matrimonio con la actriz Robin Givens, situaciones que indiscutiblemente afectaron su rendimiento, la motivación extra de Douglas jugó un papel crucial en el desenlace de la reyerta.

Pues si de ese aliciente añadido dependiese (salvando las distancias temporales y en relevancia entre aquel suceso y el que nos ocupa), el mexicano Francisco “El Bandido” Vargas (22-0-1, 16 KOs) tiene mucho a su favor para salir airoso en su compromiso del próximo sábado, 21 de noviembre, en el hotel y casino Mandalay Bay de Las Vegas. En la llamada Ciudad del Pecado, Vargas afrontará el mayor reto de su carrera hasta la fecha, cuando se mida al japonés Takashi Miura (29-2-2, 22 KOs), soberano súperpluma del Consejo Mundial (CMB), en la reyerta que servirá de aperitivo al muy promocionado duelo entre el boricua Miguel “Junito” Cotto y el mexicano Saúl “Canelo” Álvarez.

Nacido hace 30 años, en Tijuana, Baja California, Vargas volverá a un escenario de Las Vegas, sede de tantas batallas memorables en la historia de pugilismo profesional, por quinta ocasión en su trayectoria como rentado (ha peleado tres veces en el MGM Grand Garden Arena y una en el Hard Rock Hotel & Casino), tercera en que sirva de telonero a su compatriota Canelo Álvarez. Precisamente la presencia en la noche sabatina de su más encumbrado coterráneo le asegurará una nutrida concurrencia de mexicanos que vendrán dispuestos a dar aliento a sus boxeadores –de ser necesario– hasta el campanazo final.

No sólo sus cientos de paisanos, que con total certeza abarrotarán el Mandalay Bay, estarán apoyándolo, igualmente muchos de los borinqueños se pondrán de su lado cuando rivalice con el asiático, aun cuando Vargas incluye entre sus últimas víctimas a dos peleadores nacidos en la Isla del Encanto: Abner Cotto, primo de Miguel y a quien doblegó por fallo unánime en marzo de 2014 (en la cartelera Canelo vs. Angulo); y Juan Manuel López, que prácticamente quedó listo para el retiro después de pasar por los puños del Bandido y caer por la vía del cloroformo en tres rounds, en julio del mismo año (Canelo vs. Lara).

Vargas tendrá además la posibilidad de lucirse en otra función televisada por el sistema de pago por evento (Pay Per View), un privilegio que ya disfrutó ante las cámaras de Showtime cuando demolió a Juanma López. Esta vez será la cadena HBO la que transmita su asalto al cetro de Miura y, de salir airoso, se estaría asegurando un lugar entre los mejores exponentes del deporte de los puños que representan la bandera tricolor (se sumaría a los 7 campeones mundiales vigentes de México: Leo Santa Cruz, Julio Ceja, Moisés Flores –interino–, Carlos Cuadras, Juan Francisco Estrada, Pedro Guevara y Javier Mendoza), además de darse a conocer en el mercado de Asia, particularmente en Japón, donde los simpatizantes del astro nipón estarán muy pendientes de lo que pueda hacer el monarca del orbe en su debut en Estados Unidos.

Otro motivo de orgullo extra para el guerrero azteca será apropiarse de una versión de un título de las 130 libras, avalado por el CMB, que ya ha adornado las vitrinas de las principales luminarias de los ensogados en su nación, dígase Julio César Chávez, Érik Morales, Marco Antonio Barrera y Juan Manuel Márquez. Y como no solo sus más prominentes coterráneos han logrado ceñirse a la cintura esta faja verde y dorada, de adjudicársela, igualmente estaría inscribiendo su nombre en una relación de estrellas internacionales de la talla del estadounidense Floyd Mayweather Jr., los filipinos Gabriel Elorde y Manny Pacquiao, el nicaragüense Alexis Arguello y el boricua Héctor Camacho.

Por último, algo que tanto Vargas como su equipo deben conocer de sobra, está el precio que deberá pagar el oriundo de Ciudad de México en caso de caer vencido, sobre todo si archiva un descalabro categórico, ya sea por amplio margen en las boletas de los jueces o, lo peor, por nocaut.

A punto de cumplir los 31 años (el venidero 25 de diciembre), Francisco no tiene todo el tiempo del mundo por delante como para retomar el camino hacia la cúspide más de una vez. Su estreno profesional llegó de manera tardía (marzo de 2010), considerando la tendencia que rige en el boxeo moderno (un ejemplo clásico: Canelo), y a pesar de que su apoderado, Joel De La Hoya (hermano de Óscar), tiene cierto poder e influencias como para encarrilar su carrera de producirse su primera derrota, no será fácil concertarle otra cita de esta envergadura de manera inmediata si queda muy por debajo de las expectativas.

De mucho le valdría a Francisco “El Bandido” Vargas traducir en acciones sus palabras del pasado 21 de octubre, ante los periodistas que asistieron al reconocimiento que recibió el presidente del CMB, Mauricio Sulaimán, en la sede del Comité Olímpico Mexicano. En aquella oportunidad, el retador afirmó: “Estoy muy motivado para esta pelea. Sé contra quien me voy a enfrentar y, aunque todo el mundo habla de la pegada del japonés, tengo que decir que yo también tengo pegada. Para este encuentro he tenido una fuerte preparación. La parte medular del trabajo la he tenido aquí, en el Centro Olímpico, en donde he encontrado los sparrings zurdos adecuados.”

Y más adelante aseveró: “No le temo a la pegada de Miura. A ver cómo reacciona cuando yo le conecte también. Él es un gran campeón, pero nadie es invencible.”

Sí, es cierto, Takashi Miura no está imbatido, sus dos reveses así lo atestiguan, pero igual de claro debe estar el mexicano en el hecho de que el nipón no eligió Las Vegas como tribuna para su presentación en suelo estadounidense con la idea de, más tarde, retornar a la Tierra del Sol Naciente con las manos vacías.

Vargas tiene sobrados motivos para vencer, pero … Miura también.

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