Klitschko a la revancha Fury

Para bien o para mal… habrá revancha entre Wladimir Klitschko (64-4, 54 KOs) y Tyson Fury (25-0, 18 KOs). Así lo acaba de anunciar el ucraniano, quien tenía derecho al desquite según una cláusula del contrato que ambos firmaron antes de la soporífera pelea que efectuaron el pasado sábado, 28 de noviembre, en la ciudad alemana de Dusseldorf.

El púgil de Kiev cayó ante el gigante británico por veredicto unánime (votaciones de 116-111 y un doble 115-112), en un combate carente de acción y golpes efectivos, que debe haber provocado un sinnúmero de bostezos y hasta ronquidos entre los 50 000 aficionados que se dieron cita en la Arena ESPRIT y los cientos de miles que presenciaron el pleito a través de las cámaras de HBO.

La sorpresa que materializó en el ring teutón el gigante de Manchester, de 2,06 metros de estatura, ante un campeón que perseguía la decimonovena revalidación consecutiva de sus títulos (para colocarse a una de Larry Holmes y a cinco del récord histórico, 25, en poder de Joe Louis) ha despertado comparaciones en algunos medios con la que protagonizara el estadounidense Hasim Rahman, en abril de 2001, en la provincia sudafricana de Gauteng, cuando pulverizó en el cuarto asalto al entonces mandamás absoluto de las más de 200 libras, el británico Lennox Lewis.

Klitschko, de 39 años (12 más que su reciente verdugo), expresó en su cuenta de Instagram: “Tengo un regalo prenavideño para Tyson Fury y todos los seguidores del boxeo profesional en el mundo: me acogeré a la opción contractual que me da la posibilidad de una revancha con Fury. Entonces… la organización de la pelea en 2016 ya está en proceso”.

El ucraniano, que con su inesperado descalabro cedió los tronos del planeta avalados por la Federación Internacional (FIB), la Organización y la Asociación Mundiales (OMB y AMB), así como de la Biblia del pugilismo rentado, la revista The Ring (y de la menos relevante Organización Internacional de Boxeo, OIB), no se marchaba vencido de un ensogado desde fecha tan remota como abril de 2004 (TKO-5 frente a Lamon Brewster) y había conseguido eslabonar desde entonces 22 éxitos en línea.

Con respecto a sus ansias de vendetta, agregó: “Después de algunas noches de poco dormir, estoy ahora convencido de que quiero demostrar que soy mucho mejor de lo que mi desempeño del sábado pudo haber sugerido. La derrota no será una alternativa”, concluyó su anuncio.

La decisión final del medallista de oro olímpico en Atlanta 1996 ha dejado felices a todas las partes implicadas excepto, lógicamente, a aquellos aficionados escépticos que temen ver más de lo mismo en el Klitschko-Fury II del próximo almanaque.

Para cuando la secuela tenga lugar, Wladimir habrá cumplido ya los 40 años (25 de marzo) y es justamente la edad el factor que parece haber incidido de manera determinante en su pobre accionar y no la elección de un plan estratégico errado, como su equipo y el propio ucraniano quisieran creer; y mucho menos las virtudes boxísticas de Tyson, quien aún en su noche de gloria se quedó a millas de distancia del nivel de aquellos boxeadores (Jack Johnson, Jack Dempsey, Louis, Rocky Marciano, Mohamed Ali, Holmes, Joe Frazier, George Foreman, Mike Tyson o Lewis) que durante décadas han brillado en la máxima división del pugilismo.

Paradójicamente, los directivos de la cadena de televisión estadounidense HBO deben estar frotándose las manos tras el anuncio del bautizado como Dr. Martillo de Acero. La primera película entre ambos, si bien fue un fiasco en el aspecto deportivo, fue todo un éxito financiero.

Más de un millón de televidentes (1 038 000) sintonizaron la señal en vivo desde la Arena ESPRIT, una cifra plausible considerando que la refriega no fue transmitida en horario estelar (5:20 pm, hora del este de Norteamérica) y coincidió durante su desarrollo con el partido de fúbol americano popularmente conocido como Iron Bowl (Alabama Crimson Tide vs. Auburn Tigers) que llegó a las pantallas de los hogares libre de costo.

El reporte de HBO agrega que la reyerta entre ambos mastodontes europeos, atendiendo a los índices de teleaudiencia, ocupó el décimo lugar entre las peleas cubiertas en 2015 por la cadena y, “sumando la retransmisión exclusiva en horario estelar, el Klitschko-Fury I acumuló un total de 1 714 000 televidentes”.

Por su parte, Peter Fury, tío y entrenador del recién coronado monarca pesado, dejó claro en unos comentarios ante las cámaras de Sky Sports que su sobrino y el resto del equipo están muy felices por la voluntad del ex soberano de los pesados de buscar el desquite en 2016.

El propio Fury habrá respirado aliviado, pues, el lunes, la FIB le informó que tenía un mes para negociar con su primer retador obligatorio, el también ucraniano Vyacheslav Glaskov, la primera defensa del fajín de esta organización, de lo contrario, cumplido el plazo fijado, se realizaría una subasta para determinar a la compañía promotora que se encargaría de la organización del choque.

El nuevo monarca, quien se embolsó el mejor salario de su carrera, unos 5,5 millones de dólares, por el somnífero sabatino (Klitschko tenía garantizados unos 18 millones, más otros 5 por concepto de patrocinio y el cobro de un porcentaje por la venta de la señal televisiva, Pay Per View), sabe de sobra que una reyerta frente a Glaskov no le reportará beneficios semejantes.

Así que ahora, todo parece encarrilado hacia la consecución de una bolsa lucrativa para todas las partes implicadas. Con la total disposición de Wladimir, que seguramente convencerá a muchos con su rejuvenecido optimismo de que esta vez si va en serio, y con las payasadas de Fury, que convertirá las conferencias de prensa y sesiones de guanteo en otros tantos karaokes, y divertirá a los presentes con algún que otro disfraz de superhéroe, el éxito promocional de la revancha parece garantizado.

Y para completar la categoría de megacombate que el compromiso va camino de alcanzar (aunque los detalles concernientes a la fecha y la sede aún están lejos de concretarse), ya el equipo del británico ha insinuado que el londinense Wembley Stadium, hogar de la selección de fútbol inglesa y con capacidad para unos 90 000 expectadores, e incluso el Estadio Old Trafford (75 962 expectadores) del Club Manchester United, la ciudad natal del ahora campeón defensor, podrían acoger la segunda parte de esta historia entre los dos Goliats europeos.

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