Mike Tyson Dibujo Animado d7b89

Aquel que le hubiera adelantado hace tres décadas a Mike Tyson que una de sus principales fuentes de ingreso en su vida de boxeador retirado sería el rol protagónico en una serie de dibujos animados se habría ganado, como mínimo, una carcajada burlona del entonces campeón del planeta en la máxima división del pugilismo profesional (+ 200 libras), avalado por el Consejo Mundial (CMB). Pero el destino depara sorpresas y la necesidad es siempre una excelente excusa para probar suerte en otros campos laborales.

El 22 de noviembre de 1986, dieciocho días después de que se cumpliera el primer aniversario de la muerte de su mentor y padre adoptivo Cus D´Amato, Iron Mike se erigía como el monarca más joven de la historia en la categoría de los pesados, con sólo 20 años y 4 meses (Floyd Paterson –otro pupilo de D´Amato– ostentaba el récord desde 1956, cuando con 21 años y 10 meses noqueó a Archie Moore). Menos de dos asaltos necesitó el explosivo peleador neoyorquino para saltar al estrellato aniquilando al jamaicano-canadiense Trevor Berbick, el último hombre que se midiera en un cuadrilátero –y derrotara– a un venido a menos Mohamed Ali.

Tyson comenzaría entonces a cimentar su propia leyenda con una racha de nocauts espectaculares, una presencia intimidante dentro del ensogado y su distintiva estrategia defensiva (Peek-a-Boo), cubriéndose el rostro con ambas manos y moviendo constantemente la cabeza y el torso, una de las lecciones mejor aprendidas en sus años a las órdenes de D´Amato. Fulminantes triunfos por la vía del cloroformo, una creciente atención mediática y admiración femenina, fama y dinero –contado por millones de dólares– fueron el preludio de un desastroso capítulo en su vida fuera del ring, que terminó costándole más de un cuatrienio sin calzar los guantes.

A su arresto en julio de 1991, por la violación de una participante en un concurso de belleza en Indianápolis, siguió un publicitado juicio a inicios de 1992 y, finalmente, en marzo, una sentencia de seis años de prisión. Exactamente tres almanaques pasaría Iron Mike recluido en la cárcel de Panfield antes de salir en libertad condicional y retornar a los ensogados bajo la égida del sombrío Donald “Don” King.

Sus aficionados continuarían comprando sus presentaciones, televisadas por el sistema de pago por evento (Pay-per-view), a pesar de que el otrora fenómeno de Nueva York, si bien conservaba dinamita en sus puños, ya no poseía la explosividad y rapidez de antaño, y era un blanco mucho más fácil de impactar para sus contrincantes, a los que su mirada amenazante no provocaba el mismo pánico que un lustro antes. No obstante, Don King se encargaría de buscarle los rivales ideales para hacerlo lucir bien y embolsarse 10, 15, 20 millones de dólares por cada salida a liza.

El resto es historia conocida: la infame mordida en la oreja que le propinó a Evander Holyfield, en aquel segundo compromiso entre ambos que supuso otro revés para Mike, por descalificación (el primero fue por TKO-11); y su megacombate con Lennox Lewis, que en su momento se convirtió en la pelea más lucrativa de todos los tiempos y obligó a Showtime (aliada a Tyson) y a HBO (asociada al británico) a hermanarse en la transmisión en vivo del pleito, en un acuerdo inédito que serviría de antecedente al reciente duelo entre Floyd Mayweather Jr. y Manny Pacquiao.

Cientos de millones de dólares irían a parar a las arcas de Mike en su última década (1995-2005) como boxeador profesional activo; una fortuna que terminaría despilfarrando (se calcula que, solo dentro del ring, unos 300 millones de dólares) como tantos otros en su gremio y en el deporte en general, hasta declararse en bancarrota, en agosto de 2003, dos años antes de colgar definitivamente los guantes.

El atleta más reconocido y polémico de toda una generación, el púgil que conquistó los corazones de millones con sus violentos ganchos de derecha e izquierda, quien con el solo anuncio de su nombre aterrara a los retadores que lo enfrentaron a finales de los ´80 y dividiera a la opinión pública con sus excentricidades y sus declaraciones incendiarias es, en el presente, el personaje principal de una serie de dibujos animados.

Aunque el mundo de la televisión no le es ajeno (tampoco el cine, donde suma varios cameos en cintas taquilleras), pues desde que escaló al olimpo de las celebridades ha sido invitado a numerosos programas como entrevistado o en un rol actoral secundario –no solo en Estados Unidos–, su presencia en una producción de Warner Bros. Animation podría resultar paradójica para aquellos que solo imaginan a Tyson reproduciendo tras las cámaras su personalidad tempestuosa (trastorno afectivo bipolar) y el espíritu indomable que lo acompañó entre las dieciséis cuerdas.

Pero es un hecho verificable: desde el 27 de octubre, los episodios de la primera temporada de “Mike Tyson Mysteries” comenzaron a salir al aire exitosamente en Adult Swim, la cadena estadounidense de televisión que comparte un canal con Cartoon Network. Convertido en una suerte de detective que resuelve casos misteriosos, el dibujo animado de Tyson evoca una incursión similar que hiciera el casi mitológico Mohamed Ali en este género, pero en NBC, a finales de 1977 (“I Am the Greatest: The Adventures of Muhammad Ali”).

En este apartado competitivo, Tyson puede jactarse de haber lidiado con el reto mediático con mucha más gracia que el campeón pesado que ha gozado de mayor popularidad y reconocimiento universal: mientras la serie de Ali fue cancelada tras solo 13 semanas en pantalla y no rebasó el primer round, la de Iron Mike ya completó triunfal –el pasado 17 de enero– su segunda temporada de 10 capítulos.

La aventura animada de Tyson, en la que el personaje protagónico luce su inconfundible sonrisa con diastema y la voz real del ex soberano de las más de 200 libras, ha tenido una recepción plausible y ha recibido opiniones generalmente favorables en Rotten Tomatoes y Metacritics, dos de los sitios con mejor reputación a la hora de evaluar el contenido en los medios de comunicación.

El Tyson animado es precisamente un púgil retirado que soluciona situaciones inusuales y hasta absurdas junto a otros tres personajes (su hija adoptiva, el fantasma del marqués de Queensberry –inventor de importantes reglas del pugilismo moderno– y una paloma) a lo largo de 11 minutos. La colorida versión de Iron Mike igualmente entretiene a los televidentes con una percepción de la realidad desvirtuada, que lo lleva a confundir al magnate Elon Musk con Elton John, o al Gran Maestro de ajedrez Garry Kasparov con un Gran Wizard (líder del Ku Klux Klan).

Sus ingresos por cada episodio de “Mike Tyson Mysteries” son con total certeza marginales en comparación con los salarios que amasó por una sola noche intercambiando puñetazos en un encordado con otro gladiador descomunal. Pero sin Robin Givens en el reparto y convertido en un ser humano mucho más maduro, tras tantos años convulsos de incontables arrestos policiales y tragedias personales y familiares, Iron Mike puede continuar perfeccionando sus dotes en esta nueva profesión y darse el lujo de vivir en un entorno muy distante del común de los mortales.

La prueba más fehaciente de la mejoría que ha experimentado su convaleciente cuenta bancaria salió a la luz pública esta semana. Tyson y su actual esposa (tercera), Lakiha “Kiki” Spicer, han decidido cambiar su humilde condominio (530 m²) en Henderson, para lo cual se han mudado a otra modesta casita de unos 970 metros cuadrados por un valor de 2,5 millones de dólares, en el mismo barrio residencial de Las Vegas, la ciudad adoptiva del astro oriundo de Brooklyn.