Tyson Fury Boxeador 55b40

El nombre de Tyson Fury se asocia de inmediato con la gigantesca anotomía del boxeador con nacionalidad británica que sorprendió al mundo el 28 de noviembre de 2015 con un triunfo que le permitió arrebatarle al ucraniano Wladimir Klistchko su hegemonía de más de una década en los pesos completos.

También a Tyson Fury (25-0-0, 18 KO’s) se le considera un estridente parlanchín, lleno de prejuicios contra los homosexuales, plagado de manías machistas en detrimento del sexo femenino, y también un furibundo buscapleitos que sólo busca pelear, sin entrar en muchas consideraciones, como resultado de una torcida personalidad que heredó de los complejos que generan en él sus raíces gitanas.

Por lógica, se le asocia con un saludable y fornido niño, que nació el 12 de agosto de 1988 en Manchester, Lancashire, en el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

De esto último, no hay ni una pizca de verdad. 

Cuando el hoy campeón del mundo de peso completo reconocido por la Organización Internacional (OIB), y las influyentes Asociación (AMB) y Organización (OMB) Mundiales de Boxeo nació distaba mucho, muchísimo, de hacer pensar que sería el mastodonte de 6.9 pies de altura que es hoy en día.

A su prematura llegada a la vida, al filo de los siete meses de embarazo materno, Fury era un diminuto recién nacido de apenas una libra de peso, que cabía en la gigantesca mano derecha de su padre, otro gitano-irlandés de pendenciera juventud, que incluso sufrió prisión por su conflictivo comportamiento social.

Y esa es la primera gran paradoja de este personaje que se dio el lujo de destronar al famoso Wladimir Klistchko, al cual pretende enfrentar en una revancha que a todas luces debe resultar un lucrativo negocio para los dos contendientes, en mayo de 2016, en el emblemático Estadio londinense de Wembley.

Tanto dinero habrá en juego, y eso se puede dar por asegurado teniendo en cuenta que se verán las caras los que son por ahora los más emblemáticos rostros de la categoría reina del pugilismo profesional, que a Tyson no le molestó para nada que la Federación Internacional (FIB) le destronara de uno de los cetros que arrebató a Klistchko en noviembre de 2015.

Era un paso importante renunciar a esa corona, para garantizar la multimillonaria revancha con el ucraniano, un asunto estipulado de antemano en el contrato firmado para la pelea realizada, en territorio alemán, el penúltimo mes del pasado año.

Y he aquí otra paradoja del gigantón británico, que en algún momento dijo que nunca renunciaría a alguno de los títulos que había a arrebatado a Klistchko…

Sus más cercanos consejeros le abrieron los ojos: una faja más o menos no significaría nada comparada con la bolsa que le espera tan solo con calzarse los guantes para enfrentar por segunda vez al hombre de Ucrania.

El otro comportamiento contradictorio se refiere a su estridente proceder, y sus ataques al homosexualismo y al papel activo de la mujer en la sociedad, a la que ubica como sumisa ama de casa, destinada a la cocina, y al cuidado de los hijos en el hogar.

La propia mujer de Tyson Fury ha desmentido el furibundo discurso del gigantón

“Es solo palabrería.  Porque él sabe que yo no soy una esclava de los calderos y de los quehaceres del hogar.  Y eso lo comprende bien”, ha dicho su esposa Paris.

También parece puro barboteo todo lo que ha dicho sobre otras situaciones sociales, y todas las ofensas que lanza en contra de sus adversarios, sin reparar en herir sentimientos de todo tipo.

“Forma parte de la presión psicológica que intento poner a mis rivales antes de cada pelea. Con Wladimir (Klistchko) me extremé.  Pero después de la pelea me disculpé públicamente con él.  Le dije que sólo era parte del espectáculo, y que no siento ningún resentimiento personal contra su persona, ni contra nadie en este mundo”, confesó Tyson Fury.

Hasta su nombre tiene una explicación, aunque muchos lo atribuyen a la “rabia”  que ha acumulado en su vida este hombrón de más de 200 libras de peso, por lo que considera “humillaciones a los gitanos-irlandeses” quienes, en el contexto de la sociedad británica son “vistos como lo peor, lo más bajo; la basura de social” (según sus propias palabras).

Es simple. El nombre Tyson es un homenaje al estadounidense Mike Tyson, uno de los íconos de los pesos pesados de todos los tiempos, y Fury es eso mismo.  Casi en español…Furia, pero no contra la humanidad, sino como parte del carácter que debe distinguir a un boxeador para prevalecer sobre el ring.

Por eso, este Tyson Fury bravucón e irreverente es una paradoja que descubre una personalidad racional en la intimidad de su familia, que contrasta con su comportamiento ante las multitudes.

Es un paradójico proceder, tan marcado como la esencia misma de este hombre que reitera con orgullo su procedencia gitana (a pesar de los prejuicios que según su criterio imperan al respecto en la sociedad británica), y que hoy es un gigante cercado a los siete pies de altura, que al nacer cupo en la mano de su padre, y apenas pesó una libra.

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