Oscar Valdez Box Mexicano 2e212

Oscar Valdez (18-0-0, 16 KO’s) puede ser un ídolo del boxeo mexicano.

Invicto a los 25 años es, tal vez, el más laureado pugilista amateur de su país, pues su período previo al profesionalismo incluye coronas regionales y continentales al más alto nivel, además de un título de Campeón Mundial Juvenil de peso pluma, en Guadalajara, México, en 2008.

Como aficionado, Valdez se coronó Campeón Centroamericano y del Caribe en 2010 (57 kilos), Vice titular Panamericano en 2011 (56 kgs), y consiguió dos participaciones olímpicas, en Beijing’2008 y Londres’2012.

De sus aventuras olímpicas hay que destacar que, con apenas 17 años, conquistó el derecho para representar a México en la justa polideportiva cuatrienal de verano que acogió la capital de la República Popular China, en 2008.

Cuatro años más tarde repitió el honor de competir en los Juegos Olímpicos, en Londres, Gran Bretaña, al conquistar la medalla de oro en el preolímpico de Rio de Janeiro, Brasil, en 2012, lo que le brindó la oportunidad de concursar por segunda vez en la justa boxística de una magna confrontación estival.

Su salto al profesionalismo no significó ningún trauma para el talentoso boxeador nacido el 22 de diciembre de 1990 en Nogales, Sonora, a pesar de que su estilo, más bien escurridizo y basado en la acumulación de puntos sin exponerse demasiado, no resulta del agrado de los hinchas mexicanos.

Precisamente su larga permanencia en el amateurismo, que le posibilitó visitas a Cuba, donde recibió la influencia del esquivo, y al mismo tiempo efectivo estilo de los pugilistas aficionados de la Isla, dejaron un sello distintivo en Oscar Valdez, quien cuando sube al cuadrilátero recuerda más a un Guillermo Rigondeaux, que a un Julio César Chávez.

En nombre de su forma de boxear, y de su indudable calidad, hablan su trayectoria inmaculada en el boxeo de paga.

A propósito, el 9 de abril, en Las Vegas, Nevada, Valdez tendrá una prueba de fuego ante el ex campeón mundial Evgeny Gradovich (Rusia), en un duelo por la vacante faja estadounidense (NABO) de peso pluma.

Será la primera ocasión de relevancia para Oscar Valdez en el profesionalismo. Su combate ante Gradovich es uno de los entretelones del principal espectáculo de la velada: la bronca que pondrá frente a frente al legendario filipino Manny Pacquiao, y al estadounidense Tim Bradley.

Con el aval que le ha otorgado la televisión (ha recibido el respaldo de Home Box Office (HBO), Univision, TV Azteca y ESPN Deportes), Valdez puede convertirse en un ícono de la afición mexicana a corto plazo, aunque algunos expertos consideran que su estilo “cubanizado” no le favorece ante un público que prefiere a los “fajadores”.

Si consigue validar su calidad, que es indiscutible, este sonorense de 25 años puede conseguir una cadena de triunfos capaz de situarle a la altura de Julio César Chávez, el más emblemático pugilista mexicano de la historia.

Por otra parte, muchos consideran improbable que, con el paso del tiempo y su previsible consolidación boxística, Valdez consiga acercarse a las bolsas que por estos días genera Saúl “Canelo” Álvarez, quien es sin dudas el más mediático entre todos sus compatriotas.

Sobre su próximo reto en Las Vegas, ante el ruso Gradovich, ha dicho: “Estoy muy emocionado porque voy ante un peleador complicado, muy experimentado, que fue campeón mundial y representa el reto más fuerte de mi carrera. No tengo duda de mi capacidad para salir con el brazo en alto, pero por eso me voy a preparar muy bien”.

En 2015, Oscar Valdez ganó cuatro peleas, tres de ellas por la vía del cloroformo.  Su más reciente víctima fue el filipino Ernie Sánchez, a quien liquidó por KO, el 12 de diciembre pasado, en el Convention Center, de Tucson, Arizona.

¿Será en definitiva este muchacho otro ídolo del boxeo mexicano? ¿O, por el contrario, su quehacer boxístico apegado a los pocos riesgos y basado en la técnica de marcar y evitar los intercambios riesgosos le convertirá en un extranjero sin arraigo en la afición de su patria?

Esas preguntas aún no pueden ser respondidas.  Y el tiempo, dirá la última palabra al respecto.

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