Boxing Rio 2016 23938

Los aficionados que han imaginado a Floyd Mayweather Jr. regresando a unos Juegos Olímpicos de Verano para tomarse la justicia por sus manos y agenciarse la medalla de oro de la que fue despojado en Atlanta 1996; o aquellos seguidores de Wladimir Klitschko que fantasean con la posibilidad de que el gigante ucraniano repita su actuación dorada en una cita estival, dos décadas después, tienen ahora nuevos motivos para continuar soñando.

Los púgiles profesionales (en toda la extensión del término profesional) serán elegibles para participar el próximo mes de agosto en Río de Janeiro, amparados por una nueva propuesta –sin precedentes– de la Asociación Internacional de Boxeo (AIBA, por sus siglas en francés: Association Internationale de Boxe Amateur), organismo que históricamente ha regido los destinos del deporte de los puños a nivel amateur.   

 
 

Su presidente, el taiwanés Ching-Kuo Wu, abordó el tema durante una reunión de la Comisión de la AIBA que tuvo lugar esta semana en Manchester y aseveró que los cambios en este sentido son una prioridad en la agenda de la organización que dirige. Según sus declaraciones, los obstáculos que actualmente impiden el concurso de todos los púgiles asalariados en Juegos Olímpicos serán abolidos en los meses previos al certamen multideportivo en tierras brasileñas.

“Queremos que los mejores boxeadores compitan en los Juegos Olímpicos. Se trata del septuagésimo cumpleaños de la AIBA y pretendemos que haya un cambio, no en cuatro años sino ahora mismo”, puntualizó Ching-Kuo Wu en una entrevista concedida a Press Association.

“Es una política en el COI (Comité Olímpico Internacional) el contar con los mejores atletas en los Juegos Olímpicos y, de las federaciones internacionales, la AIBA es probablemente la única que no convoca a los deportistas profesionales a los juegos.” Más adelante, el máximo directivo del pugilismo amateur agregó: “Ya tenemos a nuestros propios (semi)profesionales en los juegos, boxeadores que han participado en la APB (AIBA Pro Boxing) y la WSB (World Series of Boxing), pero continuaremos avanzando.”

Las pretensiones de la AIBA y de su líder no toman por sorpresa a los seguidores regulares de este deporte, pues precisamente desde que el taiwanés asumió el cargo, en 2006, el ente que gobierna ha implementado una serie de iniciativas que apunta claramente hacia la comercialización ilimitada de la una vez versión amateur del boxeo. Para empezar, se suprimió el término “aficionado” del nombre de la organización (ahora quedó en Asociación Internacional de Boxeo).

Junto a la eliminación de la camiseta (obviamente, en el caso de los hombres) y del casco protector, llegaron dos competiciones que estimulan la transición hacia el profesionalismo, la APB (Liga Profesional de Boxeo) y la exitosa justa por equipos WSB (Serie Mundial de Boxeo). Además, según las reglas adoptadas en 2013, los púgiles rentados pueden intervenir en la cita estival si no suman más de 15 combates a sueldo y aceptan firmar un contrato exclusivo, por un corto período de tiempo, con la APB (controlada por la AIBA).

La duda que aún persiste en medio del entusiasmo de Ching-Kuo Wu y compañía es si el citado cambio realmente llegará a tiempo para que las delegaciones con aspiraciones de clasificar a sus púgiles para Río 2016 decidan apostar –sin limitaciones– por los profesionales. El presidente de la AIBA también tuvo una respuesta para quienes que se lo cuestionaron en Manchester: “De acuerdo con nuestros estatutos, es absolutamente posible (que ocurra pronto).”

Aunque el proceso de clasificación ya está en marcha (en el caso de los hombres, ya hay 61 boxeadores de 24 países con billetes garantizados), la evidente aspiración de la AIBA es cambiar de inmediato las regulaciones vigentes para que las naciones interesadas puedan presentarse a los preolímpicos que se avecinan con los deportistas que estimen pertinentes, ya sean o no rentados.

El gran inconveniente es que tres de esos certámenes regionales, en Buenos Aires (Argentina), Yaundé (Camerún) y Qian´an (China), se escenificarán a inicios y mediados de marzo, sin tiempo para que entren en vigor los cambios. Les seguirían otras dos justas en suelo europeo, en la ciudad turca de Samsun (para hombres) y en la capital búlgara, Sofía (para mujeres), pactadas para abril y mayo, respectivamente.

La última oportunidad para las damas estaría en el Campeonato Mundial de Boxeo, que del 19 al 27 de mayo acogerá la capital kazaja, Astaná; y, en el caso de los caballeros (la alternativa más clara para los profesionales que quieran asistir a Río de Janeiro), el Preolímpico Mundial de la AIBA que, del 7 al 19 de junio, tendrá a la urbe capitalina azerí, Bakú, como sede del evento.

El otro factor que atenta contra la inmediata inserción de los atletas rentados en el evento bajo los cinco aros es la inversión que muchas delegaciones han hecho a lo largo de un cuatrienio para preparar a jóvenes con talento y, sobre todo, con muchos deseos de representar a sus países y traer orgullosos una medalla a casa. Amputarles la ilusión sin previo aviso, en aras de crear una vacante para una figura establecida en el boxeo de paga, puede ser justificable si se piensa solo en el resultado, pero no deja de ser una injusticia.

De cualquier manera, astuto y muy oportuno el alboroto que ha armado míster Wu y su séquito, quienes ya desde hace un tiempo tienen a las organizaciones que regentan el boxeo profesional (CMB, AMB, OMB y FIB) mirándoles con desconfianza. Si el pugilismo pretende sobrevivir en un programa olímpico cada vez más cotizado, en el que deportes como el béisbol siguen excluidos y fundadores como la lucha han sudado frío para mantenerse, no queda otra opción: lo que más vale y brilla dentro de los cuadriláteros tiene que brindar un digno espectáculo cada cuatro años.

Con tanta premura, será difícil que en el pabellón de Riocentro veamos calzando los guantes, entre el venidero 6 y 21 de agosto, a los peleadores bajo sueldo que conforman la élite y se embolsan salarios millonarios. Pero sí parece una apuesta segura que en Tokio 2020 tenga lugar una suerte de revolución y los campeones mundiales japoneses (Naoya Inoue, Kazuto Ioka, Kosei Tanaka y compañía), que dominan las divisiones pequeñas, decidan hacer un alto para representar su bandera; y, quién sabe, tal vez hasta el mismísimo Manny Pacquiao, ya convertido en congresista, se ausente de sus funciones (algo que aprendió a hacer bien como senador) y se dé un saltito desde Filipinas hasta suelo tokiota.