Shinsuke Yamanaka vs Linorio Solis 7bdf9

Si el panameño Anselmo Moreno expuso algunos de los puntos vulnerables del considerado por la mayoría de los aficionados y expertos como el mejor boxeador gallo del presente, el venezolano Liborio Solís sometió a un examen todavía más exhaustivo el espíritu de guerrero del japonés Shinsuke Yamanaka, el último viernes, en Kioto. El reinado del nipón, que ya cumplió su cuarto aniversario en noviembre, se tambaleó junto con él dentro del ensogado de la Arena Shimazu.

El pasado septiembre, Chemito Moreno logró enredarlo en su estilo de pelea elusivo y, por momentos, lo hizo lucir como un peleador unidimensional, dependiente en exceso de su potente recto de izquierda a la cabeza e incapaz de buscar alternativas –plan B, C…– para impactar con ambas manos en la anatomía del canalero. Yamanaka ganó el combate por un fallo dividido que en Panamá y medio planeta consideraron un burdo despojo.

Pero para el campeón absoluto de las 118 libras, avalado por el Consejo Mundial (CMB), aquella noche aciaga en Tokio no tuvo a lo largo de los 12 asaltos todo el drama que acompañó a un solo capítulo del duelo contra Solís. La tercera fracción de la pelea frente al de Maracay quedará grabada en la memoria de Shinsuke y sus parciales como los tres minutos más catastróficos de toda su carrera profesional hasta la fecha.

Las dos rondas iniciales depararon un ligero dominio del ídolo local. Liborio raramente puso a prueba al Mejor Boxeador de Japón del Año 2011 e incluso debió aceptar con disgusto un derribo en su contra –en el segundo round–, que el ex púgil británico devenido referí, Ian John-Lewis, consideró legítimo a pesar de las protestas del venezolano y su esquina. Tal vez fue entonces que Solís comprendió que de la Tierra del Sol Naciente no se iría por tercera ocasión con una victoria por decisión.

Su accionar en el tercer capítulo evidenció el desespero y la determinación de un hombre que quiere completar su misión de manera inobjetable y expedita. Y Yamanaka pagó las consecuencias. Par de veces fue a la lona el oriundo de Konan ante una afición que vivió casi todas las emociones posibles en esos 180 segundos: quedó enmudecida cuando un recto de derecha del sudamericano llevó a la lona a su favorito; acto seguido, contempló con desconcierto cómo Solís perseguía por todo el ring, dispuesto a dar el tiro de gracia, a un rival semiconsciente; y, finalmente, respiró aliviada tras escuchar el campanazo que salvó al japonés del completo desastre, después de visitar el encerado una segunda vez por otro derechazo (a falta de 20 segundos).

Liborio no pudo completar la faena y, partir del cuarto asalto, las aguas retomaron su nivel y Shinsuke le robó la iniciativa a fuerza de voluntad y un mejor boxeo. El anfitrión volvió a explotar su mayor velocidad de piernas y manos para dominar en cada una de las combinaciones de golpes y sacar ventaja en las boletas de los jueces. Un pleito que marchaba nivelado cumplidas cuatro rondas (un idéntico 37-36 en las tres papeletas fue el resultado que se anunció al público), llegó a la altura de la octava con diferencia de 5 puntos (77-72) para el de casa y la certeza de que el triunfo era cuestión de tiempo.

Una vez más, en el noveno round, el de Venezuela quemó las naves, pero esta vez su intento en nada se asemejó al rotundo éxito que consiguió en el tercero, sino que tuvo un efecto boomerang. Con un volado de izquierda, el japonés lo hizo aterrizar en la lona y, aunque Liborio nuevamente cuestionó la efectividad del golpe y achacó el derribo a un resbalón, ante los ojos de los jueces actuantes la acción contó como válida.

El apodado como God Left (La Zurda de Dios), a quien anteriormente solo habían tumbado una vez en su trayecto como rentado –en la séptima fracción de la reyerta que le dio el fajín del CMB frente al azteca Christian Esquivel, en noviembre de 2011–, dominó con claridad los asaltos de campeonato y esa autoridad quedó reflejada en el veredicto final. Los estadounidenses Cathy Leonard y Gary Ritter, así como el mexicano Juan Carlos Pelayo, coincidieron en otorgar una amplia puntuación de 117-107 en favor del asiático.

Tras completar la décima reválida de su cinturón gallo del CMB, detener en 14 la racha de victorias consecutivas de Solís y, de paso, vengar los fracasos de sus compatriotas Kohei Kono y Daiki Kameda a manos del propio venezolano, el invicto Yamanaka (25-0-2, 17 KOs) no encontró más que palabras para excusarse ante sus hinchas, a sabiendas del susto que les hizo pasar: “Me tumbó dos veces y no pude ofrecer mi mejor demostración. Lo siento.”

“No me rendí por los dos derribos y, a partir de la segunda mitad de la pelea, comencé a valerme de mi velocidad de piernas, para imponer mi boxeo”, agregó el mandamás de las 118 libras, de 33 años, uno de los dos púgiles japoneses que se encuentran al acecho del añejo récord nacional –casi 35 años– de defensas consecutivas de un título mundial, en poder de Yoko Gushiken, que eslabonó una cadena de 13, entre 1976 y 1981. Shinsuke (con 10) le respira ahora en la nuca a otro coterráneo que no ha conocido la derrota, Takashi Uchiyama (24-0-1, 20 KOs), quien se ha confirmado como dueño del trono superpluma (130 lb.), avalado por la Asociación Mundial (AMB), en 11 oportunidades.

El triunfo de Shinsuke Yamanaka ante un aguerrido Liborio Solís (23-4-1, 10 KOs) que brindó un digno espectáculo sirvió para devolver algo de alegría a los aficionados presentes en el coliseo de Kioto. Un turno antes, en una refriega soporífera que debía servir de aperitivo, el japonés Yu Kimura (18-3-1, 3KOs) cedió su cetro mundial de las 108 libras (CMB) al mexicano Ganigan “Maravilla” López (27-6, 17 KOs).

Una de cal y otra de arena para los campeones mundiales japoneses en su debut este calendario.