Pedro Guevara vs Yu Kamura 83dec

Definir los escenarios más difíciles en el boxeo profesional para un pugilista foráneo, puede parecer un acto influenciado por percepciones erradas, aunque no es este el caso, porque en honor a la verdad, hay plazas muy complicadas como para permitir que un gallo visitante cante triunfal en la valla ajena.

México y Japón son dos países con culturas bien diferentes, en los que resulta difícil para cualquier boxeador extranjero superar a un contrincante de alguna de esas nacionalidades.

Porque es indiscutible que para derrotar a un mexicano o a un japonés en su suelo patrio, el visitante poco menos que tiene matarlo, en el mejor sentido de la expresión.

En ambos casos existen pasionales hinchadas locales, que influyen desmedidamente en el árbitro y los jueces, a lo que se suman otros factores al margen, tendientes a atemorizar al más valiente, y a inspirar confianza extrema al representante de casa.

Y no se trata de un invento.  No por gusto, la mayoría de las peleas de campeonato mundial se organizan en suelo estadounidense. 

Además de la existencia de una estructura adecuada, a lo que se adiciona el factor monetario (patrocinios televisivos y empresariales más solventes), en Estados Unidos predomina una afición cosmopolita que equilibra considerablemente las pasiones, y nunca otorga una clara ventaja en este sentido a alguno de los contendientes.

Es cierto también que en cualquier otro escenario, el pugilista local lleva ventaja por el fervor chovinista que tiene de respaldo, dígase en América, desde Argentina hasta Puerto Rico (por citar un par de países con arraigo boxístico), o en Europa, pasando por Rusia o Alemania, donde también hay grandes intereses detrás del deporte-negocio-espectáculo llamado boxeo profesional.

También es muy real que el “bueno” no cree en cuentos de caminos, y a la larga impone su maestría en cualquier contexto. 

Pero cuando hay niveles equilibrados, o incluso, cuando hay alguna diferencia en favor del foráneo con respecto al local, un ambiente hostil para el extranjero, y una hinchada apasionada en favor del anfitrión, pueden inclinar decisivamente la balanza en dirección hacia el de casa, y a veces, aunque sobre el ring haya logrado ventaja el osado “invasor”.

Se dice, en este sentido, que las plazas más complicadas son México y Japón, y se les menciona porque son un par de naciones con potencialidades elevadas, lucrativos patrocinios, y un gran número de campeones del mundo reconocidos por los organismos más influyentes, así como una marcada rivalidad en las categorías de peso más ligeras.

Hay innumerables casos, pero el asunto se hace más visible cuando algunas figuras en ascenso intentan probar suerte en esos “territorios hostiles”, por llamarles de alguna manera, ante figuras virtualmente desconocidas que se crecen con la ayuda incondicional de sus paisanos.

Un ejemplo bien cercano es el del cubano Hairon Socarrás (14-0-2, 10 KO's), un prometedor peso pluma, quien enfrentó en noviembre de 2015, en Cancún, México, al mediocre local Marco Antonio Chable (6-13!!-2).

A pesar de pegar más y mejor a lo largo de todo el combate, Socarrás apenas consiguió un empate, y ello tras ser rectificado un escandaloso veredicto en favor de Chable.

Cuenta Socarrás que hubo momentos en que hasta temió por su vida.  Hinchas alcoholizados le gritaban amenazadoramente desde cada ángulo del recinto donde transcurrió el combate (el Sindicato de Taxis de Cancún).

Dice Socarrás que no le desea ese infierno a ningún otro pugilista.  

Asegura en que hubo instantes en que creyó tener liquidado a su adversario, pero tras el campanazo de tregua, en la esquina daban de beber “algo milagroso” a Chable, quien regresaba con nuevos bríos a la disputa, enardecido por un público enloquecido en su favor.

En Japón, Yu Kimura fue descaradamente favorecido en contra del mexicano Pedro “Jibran” Guevara, en un duelo concertado el 28 de noviembre de 2015 en la Arena Xebio, de Miyagi, en el que estaba en juego la faja mundial de las 108 libras reconocida por el Consejo Mundial (CMB).

Son apenas un par de ejemplos.  Y para nada son excepciones que confirman la regla, porque es una historia repetida.

Por suerte, otro mexicano, el veterano Ganigan “Maravilla” López acaba de vengar a su compatriota Guevara, y ha recuperado para México la corona de la división mosca-ligero, al vencer a Yu Kimura en la Arena Shimazu, de Kioto.

Vale reconocer con mayúsculas el esfuerzo de “Maravilla” López en un escenario tan complicado, pero en este caso si conviene afirmar que este triunfo es la excepción que confirma una regla, que convierte a México y a Japón en dos reconocidas mecas del pugilismo de paga, en las cuales el gallo visitante tiene que tener espuelas, y algo más, para derrotar a su contrincante de casa.