Sugar Ray Leonard vs Donny Lalonde a9276

En el mes de junio de 2013 el periodista Lem Satterfield realizó un par de trabajos para la revista The Ring, entrevistó a Sugar Ray Leonard y a Donny Lalonde para obtener sus impresiones sobre el “catchweight” (peso pactado) que tendría lugar meses más tarde en el Mayweather-Canelo y de paso que recordaran su propio “catchweight”, en donde se disputaron dos títulos mundiales la misma noche.

El 7 de noviembre de 1988 en el Caesars Palace de Las Vegas, EE.UU., Leonard se coronó campeón mundial súper medio y semicompleto del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) noqueando técnicamente en nueve rounds a Lalonde y con ello empató el record de su archirrival Thomas “Hitman” Hearns, quien tres días antes obtuvo su quinta corona en diferentes divisiones.

No era la primera vez que en la misma pelea se discutían dos fajas de diferentes clases, a principios de los 30’s Tony Canzoneri lo hizo varias veces con las de las divisiones ligera y junior welter, pero esos eran otros tiempos. Para los 80’s ya se prohibía conservar más de un cinto de distintos pesos de forma simultánea y el ganador del Leonard-Lalonde debía decidir con cuál quedarse.

La mañana del lucrativo enfrentamiento, los dos boxeadores se pesaron con ropa, Leonard lo hizo primero, deteniendo la romana en 165 libras, mientras que Lalonde, quien se encontraba totalmente arropado con un conjunto deportivo, lo hizo en 167.

Sugar Ray alardeó de su estupenda forma física y dijo a los presentes “traigo algunos artículos personales en los bolsillos”, los cuales guardó para marcar un mayor tonelaje. Quien no lucía tan saludable era Donnie y en la entrevista de 2013 con Satterfield lo confirmó al revelar que en realidad pesaba de 163 y que se subió a la escala con ropa “para que nadie pudiera ver lo delgado que estaba y para que Ray no se diera cuenta de la cantidad de peso que había perdido”.

El combate se acordó en 168 libras, el límite del súper medio. Sin embargo, Leonard impuso una cláusula de penalización en caso de que Lalonde se excediera.

“Por cada libra que me pasara en el pesaje, habría significado tener que renunciar a $ 1 millón de dólares de mi sueldo,” recordó.

Donnie Lalonde era en esos momentos el jerarca del Consejo en la categoría semipesada  y claramente se veía como un 175 natural, aunque él cree que su problema nunca fue bajar de peso, más bien lo que le afectó fue la ventaja psicológica que Leonard obtuvo cuando impuso contractualmente que tendría que pagar por cada libra que se pasara del límite establecido.

“Tommy Gallagher (su mánager) y yo dimos nuestra palabra y yo estaba seguro de que no tendría ningún problema con eso. Pero Tommy, sabiendo que debíamos honrar nuestra palabra, se aseguró de que no llegara excedido de peso, por lo que hicimos 10 rounds diarios de entrenamiento durante ocho semanas. Eso es alrededor de 400 asaltos de guanteo para la pelea y mi desgaste fue enorme”.

Leonard sabía que podía derrotarle incluso si el cotejo se hubiera desarrollado en el límite del peso semicompleto. Un “catchweight” con cláusula de penalización por incumplimiento tenía sentido desde el punto de vista empresarial, pues equilibraba el terreno de juego y con ello él obtenía una ventaja psicológica.

“A veces no es sólo una cosa mental, sino también una cosa psicológica […] No creo que sea un factor importante, pero psicológicamente sí lo es y siempre que tenga sentido querrás la ventaja psicológica,” confesó Sugar Ray a The Ring.

Siete meses más tarde, Leonard se involucró en otro pleito millonario, esta vez fue una revancha con Thomas Hearns. Y una vez más impuso un “catchweight” y una cuantiosa cláusula de penalización. Por cada libra que alguno pesara por encima de 155, tendría que pagar $ 1 millón de dólares.

Cuando el mexicano Saúl “Canelo” Álvarez menciona que no está dispuesto a dar concesiones a ningún boxeador porque su posición de “Money Maker” le permite dictar las reglas y tomar cualquier ventaja lícita, como es el caso de un “catchweight”, el fanático lo toma como un ataque hacia el propio deporte o a toda regla de competencia justa, olvidando que históricamente siempre fue un recurso del que grandes pugilistas echaron mano.

Desde 2014 acuerda cada uno de sus compromisos en 155 libras, una por encima de la división súper welter. Y en su último combate en el que le arrebató al puertorriqueño Miguel Cotto el cinturón mundial mediano, negoció una libra más para que finalmente el boricua se ajustara a la medida que en realidad él buscaba, 155.

La categoría en la que hoy es campeón tiene un límite de 160 libras y un pugilista es un peso medio marcando en la romana 154.1, es decir un gramo más que el tope del súper welter. Sin embargo, el ahora llamado “Peso Canelo” es criticado porque con ello se busca obtener un beneficio injusto.

Es injusto, más no ilícito, puesto que está permitido que contractualmente los peleadores se obliguen a cumplir cualquier tipo de clausula, siempre que no se contraponga a algún lineamiento de las comisiones de boxeo y/o entidades sancionadoras.

El “Peso Canelo” en contiendas donde se encuentra en juego el fajín de los medianos no hace masque continuar con una costumbre que Miguel Cotto impuso desde su debut en la categoría. Primero lo hizo con el argentino Sergio Martínez (159), a quien le quitó el título, luego con el australiano Daniel Geale (157) y finalmente con el propio Saúl Álvarez (155).

Esa es una de las razones por las que ni siquiera se contempla un careo con el boxeador insignia de la división, el kazajo Gennady “GGG” Golovkin. Luce como un crimen hacerlo perder tanto peso, ya que llegaría bastante disminuido al careo. Pero en algún punto de su biografía el “Triple G” tendrá que ceder.

La historia siempre nos da las respuestas. Quien lleva más dinero a la mesa es el que dicta las reglas… y que se lo pregunten al “Canelo”, que lo padeció con Mayweather al bajar hasta 152 libras.

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