The Ring Magazine Belt 32833

El empoderamiento de la Asociación Nacional de Boxeo (NBA) -organismo que se creó para contrarrestar la hegemonía de la Comisión Atlética del Estado de Nueva York (NYSAC)- a partir de los 30’s no puso en predicamentos la vigencia de la figura del “campeón lineal”. Ni siquiera la aceptación en los 90’s de la Organización Mundial de Boxeo (OMB) como cuarto organismo sancionador de carácter mundial la hizo desaparecer.

Sólo hoy que el promotor Oscar “Golden Boy” De la Hoya es dueño de la revista The Ring es que el “campeón lineal” se ha diluido peligrosamente. No solo porque presumiblemente los rankings pueden ser manipulados para favorecer a los peleadores de su establo, sino que existen reglas absurdas que despojan a los campeones del cinturón emblemático que alguna vez acompañó al verdadero campeón de cada división.

Un ejemplo claro es el cubano Guillermo Rigondeaux, a quien se le retiró su cinturón por no exponerlo alguien clasificado entre los primeros cinco del ranking de la revista.

Ni siquiera en los años en los que el panameño Al Brown se fugó a Europa y secuestró el título mundial gallo, el Consejo Editorial de The Ring se atrevió a despojarlo. Ello a pesar de que la NYSAC y la NBA lo desconocieron como soberano.

Esa es la razón por la que el puertorriqueño Sixto Escobar no fue reconocido como “campeón lineal” el 26 de junio de 1934 cuando noqueó al mexicano Rodolfo Casanova. Fue hasta el 31 de agosto de 1936 cuando vence al estadounidense Tony Marino que se hizo merecedor del emblemático reconocimiento, ya que el título pasó de Brown al español Baltazar Sangchili y luego  quedó en poder de Marino.

Para seguirle la pista al “campeón lineal” usted tiene que ver a cada poseedor como si fuera un eslabón de una cadena y sólo quien logra vencerlo en un match dentro de su división es el siguiente eslabón.

La cadena también se rompe cuando el monarca se establece en una nueva división o se retira del boxeo. Es entonces cuando un enfrentamiento entre los dos mejores exponentes de la categoría llena la vacante; suele suceder también que quien es reconocido como el siguiente eslabón proviene de un careo entre dos de los primeros tres del escalafón.

¿Pero cuál es ese ranking? Por lo regular el que maneja la revista The Ring se toma como el verdadero ranking de cada peso, porque en el papel no persigue intereses comerciales y se clasifica a cada boxeador únicamente por su mérito deportivo.

Pero no siempre fue así, durante los años 1976 y 1977 las clasificaciones de la revista fueron manipuladas para favorecer a los pugilistas que participarían en diversos torneos organizados por el promotor Don King e incluso se alteraron sus registros profesionales. Afortunadamente el fraude se descubrió y ello significó la pérdida de credibilidad The Ring.

Bastantes años les costó volverse a establecer como una alternativa seria ante el desorden que impera en los cuatro entes que sancionan combates de campeonato mundial y en el siglo XXI se volvieron a poner en circulación los cinturones con los que acreditan a un boxeador como el verdadero campeón de cada peso.

Hoy se maneja una regla absurda que obliga al campeón de The Ring a exponer el fajín contra alguno de los primeros cinco clasificados en un lapso de 18 meses. Y como Rigondeaux no la cumplió, el título quedó vacante.

Lo mismo le hicieron hace unos meses a Adonis “Súperman” Stevenson, heredero de un cinto que se eslabonó a la cadena el 14 de agosto de 2010 cuando Jean Pascal derrotó a Chad Dawson.

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El título imaginario pasó de Pascal a Bernard Hopkins y de éste a Chad Dawson. Y el 8 de junio de 2013 el “Súperman” Stevenson se lo agenció noqueando a Dawson.

Si bien es cierto que para la crítica el verdadero campeón semipesado es el ruso Sergei Kovalev, no se puede engañar al fanático al despojar al legítimo heredero del linaje que alguna vez rodeó con su aura a leyendas como Billy Conn, Archie Moore, Bob Foster y Michael Spinks.

Esto también ocurre en el peso medio, en el que el mexicano Saúl Álvarez es el legítimo soberano, a pesar de que para la generalidad quien debería portal tal reconocimiento es el kazajo Gennady Golovkin.

Las clasificaciones tampoco ayudan, se ha vuelto un completo disparate. Y para ejemplos un botón, revise el ranking de peso welter y verá que los ingleses Kell Brook y Amir Khan aparecen como número uno y número tres respectivamente e impiden que los dos mejores del peso, el filipino Manny Pacquiao y el estadounidense Timothy Bradley se disputen la posibilidad de ser el siguiente eslabón de la cadena que se rompió con el retiro del también estadounidense Floyd Mayweather Jr.

A pesar del desconocimiento, Guillermo Rigondeaux y Adonis Stevenson siguen siendo los verdaderos campeones, pero la poca claridad de las clasificaciones significará un problema a la hora de llenar las vacantes.

El retiro de Mayweather y la subida de peso de los estadounidenses Danny García y Andre Ward, ha dejado al boxeo sólo con cinco “campeones lineales” en diecisiete divisiones, sin contar el desconocimiento de Rigondeaux y Stevenson. Pero si el Comité de Clasificaciones de la revista no retoma la cordura y arregla sus listados, cada vez será más difícil encontrar al verdadero campeón en cada peso, porque no existe otro ranking que pueda solventar tal necesidad.

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