Anthony Joshua vs Charles Martin 96a82

El próximo sábado 9 de abril, el británico Anthony “A.J.” Joshua (15-0, 15 KOs) saldrá al cuadrilátero de La O2 Arena londinense, en calidad de retador del estadounidense Charles “Prince” Martin (23-0-1, 21 KOs). Será un duelo que terminará con el invicto de uno de los dos púgiles y el cinturón mundial de los pesados, avalado por la Federación Internacional de Boxeo (FIB), en la cintura del ganador.

Las críticas han llovido desde que la FIB implementó uno de los tantos tecnicismos de los que a menudo se valen las organizaciones en el pugilismo profesional y despojó a Tyson Fury de su fajín, después de que este se lo arrebatara en noviembre, en buena lid, al ucraniano Wladimir Klitschko (además de los de la Asociación y la Organización Mundial, AMB y OMB, respectivamente). Fury hizo lo correcto al negarse a enfrentar al contendiente obligatorio de esta entidad y otorgarle la revancha a Klitschko, pero la FIB se acogió a su librito y fue intransigente.

Dos meses después de aquel pleito soporífero (Klitschko vs. Fury) en Dusseldorf, que coronó a un nuevo campeón unificado del planeta en las más de 200 libras, el dichoso retador según el ranking de la FIB, el también ucraniano Vyacheslav Glazkov, caía –literalmente– ante Martin en el Barclays Center de Brooklyn. Fue otra contienda para bostezar con ganas, aunque lamentablemente los presentes no pudieron alcanzar el sueño profundo, pues el pleito no llegó al duodécimo asalto. El momento culminante acaeció cuando una lesión en la rodilla derecha del púgil de Europa del Este obligó a detener las acciones en el tercer capítulo, y de los ronquidos se pasó a los abucheos sin un segundo de transición.

Con ese cetro llega a Londres el recién coronado monarca de la FIB, de 29 años, quien espera estar de vuelta en su natal San Luis con el fajín todavía ceñido a su cintura y con otro récord perfecto quebrado en su currículum (Glazkov, también estaba imbatido). En la esquina opuesta, Charles tendrá a un Anthony Joshua tres años menor, con solo 15 refriegas de experiencia, pero transformado ya en ídolo de los hinchas y figura taquillera del deporte de los puños en su país.

Su súbito estrellato no debe haber tomado a muchos por sorpresa: en los Juegos Olímpicos Londres 2012, Joshua se convirtió en el segundo británico en la historia de las citas estivales en ganar el oro en la división de los superpesados (+91 kg), una categoría instaurada en Los Ángeles 1984, en la que solo su compatriota Audley Harrison había podido escalar a lo más alto del podio, en Sídney 2000 (Lennox Lewis lo hizo en Seúl 1988, pero representando a Canadá; Albert Oldman, en Londres 1908, y Ronald Rawson, en Amberes 1920, pero en +71,7 kg y +79,4 kg, respectivamente). Fue un triunfo que le dejó lista la alfombra roja hacia el profesionalismo, con tres cuartos de nación al corriente de su existencia sin tan siquiera haber lanzado un golpe como rentado.

La prueba de fuego sabatina no será tal, pues Prince Charles no aterriza con un aval destacado, más allá del título que trae empacado en la maleta. De cualquier manera, debe ser el contrincante de mayor nivel al que se haya medido el anfitrión, que viene de pulverizar en siete rounds a su coterráneo Dillian White, a mediados de diciembre, en un pleito acompañado de un morbo extra: se habían medido en sus años de amateurs y Anthony había cargado con el revés.

White lo puso en aprietos en la segunda fracción, con una izquierda cortita al mentón que dejó tambaleándose al fornido púgil de Waltford. Pero para tranquilidad de su promotor, Eddie Hearn, la joven promesa consiguió capear el temporal que se le vino encima y a partir del tercer round, y hasta el final de la contienda, le propinó una paliza lenta e inmisericorde a su envalentonado oponente.

Unos 3 millones 700 000 dólares (3 millones de libras esterlinas) se embolsó aquella noche, en la que entusiasmó todavía más a sus parciales con la espectacularidad de la victoria al punto de que, para este sábado, las 17 000 entradas de La O2 Arena que se pusieron a la venta volaron en 90 segundos. Casi nada, considerando que la instalación de Londres es la segunda sede techada con mayor capacidad (para un público sentado) en todo el Reino Unido, solo superada por la Manchester Arena.

No en balde, independientemente de sus potencialidades y la fortaleza de su pegada con ambas manos, Hearn le ha garantizado a Joshua para su presumible día de mayor gloria como profesional, una nada despreciable suma superior a los 11 millones 200 000 dólares (8 millones de libras esterlinas), un salario que casi triplica al anterior. El duelo será además transmitido en directo por Sky Sports Box Office y se espera que la distribución de la señal televisiva por el sistema de pago rebase el millón de compras.

Con esos numeritos apuntalando su vertiginoso ascenso a la fama, Joshua ha despertado los celos de varios de sus paisanos, incluidos el citado Fury y –no podía faltar– David Haye, de regreso este año tras los tres calendarios y medio que se tomó sabáticos. Con el primero, Anthony tuvo recientemente una entretenida sesión de guanteo en Twitter.

“Te tengo un ticket ¨plus-one¨ al lado del ring, de manera que podrás venir y darme igual tratamiento el sábado, envidioso”, escribió el campeón olímpico en su cuenta junto a una foto de Fury felicitando a Charles Martin por su éxito de enero frente a Vyacheslav Glazkov. El dueño de los cetros AMB y OMB había sido el primero en provocar el duelo verbal al referirse a su compatriota como un “fisicoculturista que boxea (el sábado) por un título de papel”.

Fury respondió a la invitación con sus más sinceros deseos: “Espero que ganes, porque así me ayudarás a ganar un montón de dinero por una pelea fácil; como quitarle un caramelo a un niño”. Y concluyó con un pronóstico: “Cuando Mr. Músculos sea vapuleado el sábado en la noche, yo estaré llorando y diré, ¨otro que muerde el polvo¨, ahí se perdió otro supuesto fenómeno”.

Habrá que coincidir con Fury (25-0, 18 KOs) en dos de sus apuntes. Primero, Joshua es ciertamente todo un portento físico de 1,98 metros de estatura, en el que confiemos que se haya convertido ejercitándose en el gimnasio intensamente y no consumiendo ningún cóctel extraño suministrado por el doctor Mark Bonar. Lo otro es que si ambos salen airosos en sus próximas reyertas, Tyson frente a Wladimir (en junio o cuando ambos decidan acordar su segunda cita) y Anthony ante Martin, un combate de unificación les garantizará, con absoluta seguridad, las bolsas más lucrativas que se hayan repartido en el Reino Unido un par de boxeadores en la última década.

Será un choque que desempolvará las memorias del que coprotagonizaron en 1993, en Cardiff, dos pesados británicos muy populares entonces, Frank Bruno y Lennox Lewis (defendió con éxito, TKO-7, el cinturón del Consejo Mundial), y que igualmente despertó un gran revuelo y reportó jugosas ganancias para los encartados. La pregunta es quién asumirá el papel de quién en un presunto emparejamiento de Fury y Joshua, porque por más que ambos admiren a Bruno, ninguno querrá terminar como aquel lo hizo en la capital de Gales.

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