Fury vs Klitschko Pelea Golpe 2d118

La buena noticia para aquellos que gustan del boxeo de primer nivel es que resulta imposible que la segunda pelea le gane en aburrimiento a la primera; la mala, para los que bostezaron y hasta dejaron escapar algún que otro ronquido en la ciudad alemana de Dusseldorf, el pasado 28 de noviembre de 2015, es que Wladimir Klitschko (64-4, 53 KOs) y Tyson Fury (25-0, 18 KOs) acaban de llegar a un acuerdo en lo referente al día y la sede de su revancha.

El próximo 9 de julio, la Arena Manchester, enclavada en la urbe homónima del Reino Unido, será escenario del duelo entre estos dos rascacielos de la máxima categoría de peso en el pugilismo profesional que dejaron muy poco para el recuento en su primer enfrentamiento. Según fuentes cercanas al pacto, la posibilidad de efectuar el combate en el Old Trafford, cuartel general del equipo Manchester United de la Premier League, quedó trunca a última hora.

De cualquier manera, la instalación elegida no tiene mucho que envidiarle al Teatro de los Sueños, como lo bautizara el legendario Bobby Charlton, pues se trata del coliseo techado con mayor capacidad de público en todos el país, con un aforo de 23 000 espectadores (aunque serán unas 21 000 las entradas que se pongan a la venta), una cantidad potencial de personas excesiva si –valga la redundancia– consideramos el desempeño nada espectacular de ambos en el ring teutón.

El anuncio llega, por coincidencia o con toda la mala intención del mundo, en un momento muy peculiar: este sábado, en La O2 Arena de Londres, el británico Anthony “A.J.” Joshua (15-0, 15 KOs) reta al estadounidense Charles “Prince” Martin (23-0-1, 21 KOs) por el cinturón mundial de los pesados, avalado por la Federación Internacional de Boxeo (FIB), el mismo que le fuera arrebatado a Fury tras doblegar a Klitschko.

Joshua, campeón olímpico de Londres 2012 (supercompleto: +91 kg), se ha convertido en el niño mimado de sus compatriotas por su explosivo estilo de pelea y su permanente sonrisa ante las cámaras. Y su paisano Tyson se ha esforzado muy poco por disimular los celos y ya ofreció su apoyo público a Martin, no sin antes pregonar que el aspirante al reinado de la FIB no es más que un “fisicoculturista que boxea por un título de papel”. Si alguien debe estar disfrutando entonces de robarle titulares al pleito sabatino (Joshua vs. Martin) es justamente Tyson.

De regreso a la secuela de su encuentro previo con Klitschko, mucho se ha especulado sobre las razones que propiciaron el sorpresivo resultado en la Esprit Arena de Dusseldorf, una reyerta con cetros mundiales en juego que se convirtió en la vigesimoctava de esta índole para el coloso de Europa del Este, una cifra sin precedentes en la historia de la división.

Con una votación unánime (116-111 y 115-112 en par de boletas) que únicamente sirvió para premiar al que hizo lo mínimo por el triunfo en el ensogado alemán, Fury, más que dejar boquiabiertos a los aficionados de todo el planeta con su derroche de competitividad, puso en tela de juicio lo que aún le queda de campeón a Wladimir a sus 40 años, cumplidos hace apenas dos semanas.

La disposición para reclamar su trono y demostrar que aquella fue solo una mala noche para calzar los guantes parece estar intacta en el oriundo de la ciudad kazaja de Semey (conocida con el nombre de Semipalatinsk en la era soviética), quien tiene en Kiev su lugar de residencia y a Alemania como su patria adoptiva (al igual que su hermano Vitali), aunque pasa más tiempo en Estados Unidos por su relación amorosa con la actriz hollywoodense Hayden Panettiere (madre de su pequeña hija). Antes de que se apagaran los ecos de su derrota, el ex soberano pesado notificó a su verdugo que se acogía a la cláusula del contrato que le daba derecho a una revancha inmediata (paradójicamente fijada sin mucho apuro para un semestre más tarde).

La clave de un nuevo éxito para Fury (27 años), que contará con la ventaja de ser local y el respaldo mayoritario de los hinchas en su ciudad natal, será implementar un plan de pelea similar al que le garantizó el favor de los jueces en la primera contienda y los fajines de la Asociación y la Organización Mundial (AMB –en calidad de supercampeón– y OMB), además del de la FIB, al que debió renunciar al otorgarle la opción del desquite a Wladimir y rehusarse a lidiar con el retador obligatorio de aquel entonces (el también ucraniano Vyacheslav Glazkov).

Con su imponente estatura de 2 metros y 6 centímetros, y un estilo de boxeo un tanto heterodoxo en cuanto a los desplazamientos y los repentinos cambios de la guardia derecha a la zurda (sin incluir las payasadas), el mastodonte británico fue todo un enigma para un Klitschko (1,98 m) que no se topaba con el fracaso desde abril de 2004 (TKO-5 vs. Lamon Brewster) y era reconocido universalmente como el campeón lineal de las más de 200 libras.

El ucraniano, medallista de oro en la cita estival de Atlanta 1996, tendrá que entrar al ensogado de Manchester dispuesto a establecer su ley desde el inicio y, con un buen recto de derecha o un contundente gancho de izquierda en el primer minuto de acción, recuperar parte del respecto que, evidentemente, Tyson le ha perdido del todo. De mostrarse nuevamente indeciso a la hora de apretar el gatillo de su poderosa mano diestra y apenas intentarlo con la siniestra, la crónica de esta secuela ya está lista para edición.

Del hombre que ostenta el segundo mejor récord histórico de defensas exitosas de títulos mundiales, con 23, solo superado por el mítico Joe Louis, autor de 25, y por delante de pesados que dominaron su era como Larry Holmes (20) y Mohamed Ali (19), dependerá cuán entretenida y –digamos que– hasta trepidante pueda ser la refriega que se avecina. Si sale a presionar a su envalentonado rival con la ambición de sumar su nocaut 54 habrá motivos suficientes para seguir de cerca las incidencias del pleito solo por ver cómo responde el fanfarrón de Fury al acoso.

Pero como es siempre sensato montar el tinglado con un plan B ya confeccionado, no estaría de más que los organizadores del cartel boxístico previeran que la revancha se saldará nuevamente entre forcejeos, abrazos y golpes aislados, y le escribieran una línea extra a Michael Buffer en su guion para que la lea antes de anunciar el veredicto oficial, algo así como: ¡Y ahora, después de un somnífero de 47 minutos (12 rounds más los descansos), los miles de presentes y los millones de televidentes por todo el mundo, premiemos con una ovación a los que tuvieron la osadía de pagar por esta función!

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