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 El calendario 2016 será doblemente especial para Robert “Bob” Arum cuando se decida a escribir su definitiva autobiografía. Una razón para extenderse en el capítulo dedicado al año en curso será el supuestamente definitivo retiro de la última de sus megaestrellas, el filipino Manny “Pac-Man” Pacquiao. El otro motivo para enmarcar el almanaque –este sí ya listo para incluir en el recuento sin vacilar– son los 50 años cumplidos en el negocio del boxeo por el octogenario abogado estadounidense.

 El 29 de marzo de 1966, Bob Arum debutó como promotor de una velada boxística y lo hizo por todo lo alto, con Mohamed Ali como principal protagonista del show. El entonces campeón lineal de los pesados (+ 200 libras) y también dueño del estandarte que concedía el Consejo Mundial (CMB) defendía sus cinturones en el Maple Leafs Garden, de la ciudad de Toronto, frente a un ídolo local, el canadiense George Chuvalo.

 Ali comenzaba a sufrir las consecuencias de su decisión de no enrolarse (ni de manera simbólica) en las filas del ejército estadounidense en medio de la guerra de Vietnam. Varios estados de la nación norteamericana habían cancelado su licencia como pugilista profesional en una serie de represalias que llegaría al límite del absurdo un año después, con la retirada de los títulos que ostentaba y de su pasaporte para impedirle que pelease en ultramar, además de la suspensión de toda participación como atleta en eventos deportivos en el país.

 Arum había asumido la promoción de aquel duelo, que Mohamed ganaría por decisión unánime, tras una carambola improbable de sucesos que se sumó a la situación coyuntural que agobiaba al mejor púgil del planeta en aquella época. Y el culpable del inicio del vínculo entre Bob y Ali no fue otro que Jim Brown, el jugador de fútbol americano que reescribió los libros de records de la NFL tras nueve temporadas (1957-1965) como corredor de poder (fullback) de los Cleveland Browns.
  
 En noviembre de 1965, el abogado Robert Arum acababa de unirse a una firma de Manhattan después de haber trabajado antes para el fiscal general de Estados Unidos en Nueva York, en la oficina de impuestos. Su nueva compañía se encargaba del papeleo legal de los promotores de un combate entre Chuvalo y el mandamás pesado de la Asociación Mundial (AMB), el estadounidense Ernie Terrel. El choque, que tendría a Toronto como sede (el Maple Leafs Garden), se transmitiría por el sistema de circuito cerrado de televisión en salas de cine de Estados Unidos.

 Pero la venta de los tickets marchaba de manera desastrosa y cuenta Arum que cuando los encargados de la promoción le solicitaron un consejo, él no dudo un segundo en responderles: “Busquen a un atleta negro para que sea el analista (de la reyerta)”. Y como para poner en práctica tal iniciativa también le pidieron socorro, la sugerencia de Bob fue llamar a un viejo conocido, el pelotero Willie Mays, una tarea de la que se encargó personalmente.

 Para su aparente desgracia, el temible jonronero de los otrora New York Giants (ya para ese entonces mudados a San Francisco) confesó que no sabía nada de boxeo y recomendó para el asunto a Jim Brown, muy popular a nivel nacional por su brillante trayectoria como deportista, pero también por su condición de campeón del movimiento por los derechos civiles (junto a Mohamed) y su naciente carrera como actor cinematográfico.

 Brown aceptó la propuesta y –vale apuntar– asumió con éxito la responsabilidad. Y en uno de aquellos encuentros con el letrado que le enviara Mays, Brown lo exhortó a que abandonara su rol de intermediario entre bambalinas y asumiera las riendas de la divulgación del show: “Tú no deberías estar detrás del escenario, tú deberías estar en el frente como promotor”.

 Según revelaciones que Arum ha hecho a los medios de comunicación en días recientes, lo siguiente fue recibir una llamada de Ali (amigo de Jim Brown), quien en medio de su calvario por rehusarse al llamado del servicio militar le pidió que promoviera su enfrentamiento con Chuvalo en Canadá. Bob le alertó de lo mismo que antes le comentara a Brown al respecto: “¿Qué sé yo sobre la promoción de peleas de boxeo? Y Mohamed, con su impetuosidad de siempre, le contestó: “No te preocupes por eso, déjame a mí todo lo que sea hablar (con la prensa)”.

 Así nació la amistad de Bob Arum con el atleta más popular del planeta en el siglo XX, y fue igualmente en ese instante que comenzaron sus andanzas por el mundo del pugilismo profesional, un camino que aún transita con el mismo entusiasmo –y agallas– después de más de 50 años.

 Entre los clientes más ilustres del fundador y actual presidente ejecutivo de Top Rank Promotions han figurado, junto al inigualable Ali, nombres muy reconocidos como los de Joe Frazier, George Foreman, Sugar Ray Leonard, Marvin Hagler, Thomas Hearns, Roberto Durán, Alexis Argüello, Julio César Chávez, Oscar De La Hoya, Floyd Mayweather Jr. y el ya mencionado Pacquiao.

 En las cinco décadas transcurridas, se ha convertido en un empresario millonario, todo un magnate con aires de celebridad, principalmente en Las Vegas. Y con su engañosa apariencia de ancianito dócil, debe tener muy frescas en la memoria –como buen exponente de su gremio– las múltiples demandas legales que ha archivado en el gremio y las encarnizadas disputas del pasado con otro padrino de pugilistas y rival por la supremacía del negocio, el venido a menos Don King; y las rencillas posteriores, con un par de astros que renunciaron a sus servicios, De La Hoya y Mayweather Jr., y optaron por seguirle los pasos, creando sus propias compañías para promoverse a sí mismos y a otros peleadores.

 Muchas anécdotas tiene para contar el promotor que estuvo detrás de varios megacombates como el Ali vs. Frazier II, Hagler vs. Hearns, Leonard vs. Hagler, De La Hoya vs. Trinidad y el fiasco boxístico, pero superéxito taquillero de mayo de 2015, Mayweather vs. Pacquiao (por solo mencionar un puñado). Incontables relatos, muchos de ellos no confesables, acompañan a Arum a los 84 años, una edad con la que, aunque pueda o no simpatizarnos, todavía es una de las voces más relevantes en el mundo del deporte de los puños.

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