Kovalev vs Chilemba 14437

El boxeador más temido en la división semipesada (175 libras), el ruso Sergey “Krusher” Kovalev, defenderá una vez más sus títulos de campeón de la Asociación y la Organización Mundial (AMB –indiscutido– y OMB), y el de la Federación Internacional (FIB) como reto previo a su muy esperado duelo con el estadounidense Andre Ward a finales de este año, pactado en principio para el 19 de noviembre, en Nueva York o Las Vegas.

El hombre en poder de tres de los cuatro cinturones de relevancia en su categoría (solo escapa a sus dominios el del Consejo Mundial –CMB–, que ostenta el haitiano-canadiense Adonis Stevenson) se medirá al malauí Isaak Chilemba (24-3-2, 10 KOs) el próximo 11 de julio, en un combate que supondrá su regreso a un cuadrilátero de Rusia en una pelea oficial después de más de cuatro años y medio de ausencia.

La sede donde Kovalev (29-0-1, 26 KOs) arriesgará por octava ocasión su condición de soberano de las 175 libras del planeta, el Palacio de los Deportes DIVS (Dvorec Igrovih Vidov Sporta) de la ciudad de Ekaterimburgo, será la misma en la que boxeara aquel trágico mes de diciembre de 2011, contra su compatriota Roman Simakok.

Su aguerrido rival, a pesar de encontrarse en franca inferioridad técnica y física, se mantuvo en pie de batalla por poco más de seis rounds (fue a la lona en el sexto) y recibió un severo castigo hasta que el referí Viktor Panin detuvo las acciones, en la séptima ronda, y decretó la victoria por nocaut (TKO-7) de Sergey. Simakov fue trasladado de inmediato al hospital más cercano donde cayó en un coma del que no volvería a recuperarse. Tres días después de la reyerta moría a los 27 años.

Desde entonces, Kovalev no ha vuelto a pisar un encerado de su país en un evento competitivo y trasladó su residencia a la ciudad estadounidense de Fort Lauderdale, en la Florida, donde instaló su cuartel general de entrenamientos y comenzó su vertiginoso ascenso hasta planos estelares en el pugilismo rentado, bajo la tutela del entrenador John David Jackson, excampeón mundial superwélter (154 libras) y mediano (160) en la década de los 90 del pasado siglo.

Antes de aterrizar en suelo patrio, el hijo pródigo tendrá entonces que superar cualquier secuela psicológica que pudo haberle dejado aquel lamentable incidente. Pero la tarea que le aguarda en el ensogado no parece titánica en lo absoluto: su rival de turno, Chilemba, no cuenta con lo necesario para amenazar su reinado. De cualquier manera y como dicta el librito, Kovalev, de 33 años (5 más que su contrincante), acompañó el anuncio de su próxima reyerta con unas palabras de elogio para el nombre que pasará a engrosar su listado de nocauts con el número 27.

“Él (Chilemba) es un oponente muy interesante”, señaló el principal caudillo en la categoría semipesada el pasado sábado, en una rueda de prensa organizada en el Four Points by Sheraton, en Los Ángeles. “No es una pelea fácil para mí. Él no combate de manera frontal, es más un boxeador defensivo al que le gusta moverse y emplear algunos agarres de lucha. Tiene un estilo muy incómodo para cualquiera y nunca ha sido noqueado. Mi objetivo será descifrar ese estilo y noquearlo rápido. Pero eso lo veremos el 11 de julio.”

La única trascendencia del venidero pleito del boxeador que puso fin a los 26 años de carrera del veteranísimo Bernard Hopkins será, además de deleitar a sus coterráneos en una urbe que se encuentra a solo 140 millas de su Chelíabinsk natal, mantenerse activo con vistas al duelo de invictos que sostendrá con Ward (29-0, 15 KOs), quien ha subido 7 libras en la báscula con la firme intención de destronarlo y emular la hegemonía que estableciera entre los supermedianos (168 libras).

Aunque en la versión asalariada del boxeo no hay nada seguro ni cuando un vínculo contractual une a dos gladiadores, HBO, la cadena de televisión que ha apostado por llevar al aire este choque en su señal por el sistema de pago (Pay-per-view), y la promotora Kathy Duva, presidenta ejecutiva de Main Events y apoderada de Kovalev, confían en que este emparejamiento sea solo cuestión de meses.

“Es la principal pelea (Kovalev vs. Ward) que puede celebrarse ahora mismo en el boxeo”, señaló a los periodistas reunidos en el hotel angelino, la mujer que promociona los shows del Krusher (Crusher, en inglés: triturador) y también de su contrario más inmediato, Chilemba. “Está arreglado y tenemos un contrato. (Ward) solo tiene que presentarse (el día de la pelea). Él no puede pelear con nadie más. Pero cuando realmente ocurra…, será entonces cuando respire profundamente.”

Duva, HBO, Kovalev, Egis Klimas (manager de Sergey) y compañía saben mejor que nadie lo que valen en el negocio del pugilismo los acuerdos verbales a la hora de la verdad. En la primavera de 2014, el canal televisivo estadounidense esperaba encabezar su marquesina con dos de sus principales estrellas de entonces, el ruso frente al mandamás del CMB, Adonis “Superman” Stevenson (en aquel momento, también en poder de la faja lineal que concede la revista The Ring). Pero sus cámaras se quedaron con las ganas de cubrir las incidencias de la trifulca.

Todo el trabajo realizado a lo largo de 2013, colocándolos en los mismos carteles boxísticos para promocionar su enfrentamiento, fue absolutamente en vano. Adonis rubricó un contrato con el omnipresente Al Haymon y empacó sus cinturones y su talento con destino a Showtime (contraparte de HBO). De más está decir que los pataleos de Duva y sus demandas legales no cambiaron el triste final del cuento y, en el presente, el par de pugilistas todavía no sabe lo que es compartir el cuadrilátero simultáneamente, aunque invierte bastante esfuerzo en lanzarse ofensas.

Ward tiene un pacto de tres combates firmado con HBO que deberá honrar, y solo ha saldado uno, que resolvió con triunfo por votación unánime frente al cubano Sullivan Barrera a finales de marzo, en el Oracle Arena de Oakland. No parece que el medallista de oro olímpico (81 kg) de Atenas 2004 vaya a sorprender con un desplante de igual magnitud, sobre todo considerando que ha insistido en su deseo de cruzar guantes con el ruso, pero tampoco aconsejaría a Kovalev poner las manos al fuego confiando en su palabra.

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