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En una suerte de duelo olímpico se convertirá la primera defensa que efectuará el británico Anthony Joshua de su recién conquistado título mundial en la máxima división del pugilismo, avalado por la Federación Internacional (FIB). El próximo 25 de junio, en la O2 Arena de Londres que lo vio coronarse como uno de los monarcas que coexisten en la categoría de más de 200 libras, el medallista de oro superpesado (+ 91 kg) de la cita estival de 2012 se enfrentará al estadounidense Dominic Breazeale.

Justamente en la capital del Reino Unido coincidieron hace cuatro años en los Juegos de la XXX Olimpiada, aunque sus destinos en esa justa terminaron siendo diametralmente opuestos. Sin apenas haberse aclimatado al cuadrilátero del ExCel Exhibition Centre, Breazeale, calzando los guantes por Estados Unidos, cayó por puntos (19-8) en la primera ronda (octavos) a manos del ruso Magomed Omarov, un púgil sin resultados relevantes en competiciones internacionales amateurs.

Joshua llegaba al evento multideportivo cuatrienal en calidad de subcampeón del mundo aficionado, pues un año antes en Bakú, la capital de Azerbaiyán, había perdido frente al azerí Magomedrasul Medzhidov en la disputa del metal áureo, en un choque muy cerrado, de esos en los que usualmente los jueces se inclinan por el favorito local. Pero en su tierra, nadie fue más profeta que el oriundo de Watford, y terminó imponiéndose en la gran final olímpica (18-18: fueron al desempate por los golpes de no coincidencia) al italiano Roberto Cammarelle, quien había subido a lo más alto del podio en Beijing 2008.

Casi a punto de cumplirse cuatro calendarios de aquellos Juegos Olímpicos de Verano, Anthony (16-0, 16 KOs) y Dominic (17-0, 15 KOs) escalarán nuevamente a un mismo ensogado londinense y esta vez sí lo harán simultáneamente. Ambos llegan a este choque sin haber conocido la derrota en su tránsito por el profesionalismo, pero una vez más es el de casa quien tiene más de qué presumir. El pasado 9 de abril, Joshua pulverizó en sólo dos asaltos al estadounidense Charles Martin con un par de derechazos lapidarios: uno en forma de recto para sentarlo en la lona y el otro, de gancho, para mandarlo a casa sin el cetro de la FIB.

“Confío en poder vencer a Breazeale con estilo y continuar avanzando hacia una pelea de unificación con cualquiera que lo esté esperando (¿Deontay Wilder?, ¿Tyson Fury?). Espero ser parte de una noche llena de (buen) boxeo y defender mi título con clase”, fueron las declaraciones del flamante campeón que aparecieron en la página web de Matchroom Sport, la compañía promotora que guía sus pasos desde que se convirtiera en atleta asalariado y que ahora dirige Eddie Hearn (hijo del conocido empresario inglés Barry, fundador y dueño del negocio).

Dominic, oriundo de Alhambra, California, ocupa el decimotercer lugar del escalafón de la FIB y se ha beneficiado con la actual coyuntura: la entidad boxística ha dado luz verde al inglés para que dirima una defensa opcional de su trono. De hacer el nombre de Breazeale más visible cuando Joshua y Eddie Hearn buscaban un contrario se habrá encargado –con casi total certeza– el omnipresente consultor y mánager Alan Haymon, unido contractualmente al pesado norteamericano y a media humanidad de púgiles nacidos y por nacer.

“Esta es una oportunidad con la que sueña y a la que aspira todo boxeador. Estoy seguro de que Joshua pensaba igual cuando se enteró de que pelearía con Martin por el título. La única diferencia es que yo no voy a tumbarme en el encerado como hizo Charles y entregarle el cinturón”, expresó el retador en un comunicado de prensa a finales de la semana pasada, tras conocer la noticia de su elección.

Es muy alentador para los aficionados, principalmente el creciente número de hinchas que sigue las presentaciones de Anthony, ver cómo el dueño de uno de los cuatro primados en las más de 200 libras no se acomoda en los laureles y vuelve a la acción en poco más de dos meses. Dinero no le hace falta, porque se embolsó al menos 8 millones de libras esterlinas (unos 11 millones 200 000 dólares) en su pleito anterior, y la mayoría de los pugilistas que como él cobran cheques con números de siete dígitos por noche, arriesga el físico en un ring, como promedio, una vez por semestre, no más.

Obviamente, en su caso está más que justificada la premura. Primero, considerando que apenas sudó para destronar a Martin y, segundo, porque, con 26 años, todavía le queda mucho por pulir desde el punto de vista técnico y necesitará mucho más que su potente pegada con ambas manos cuando decida quemar las naves contra cualquiera que sea su rival entre dos compatriotas que generan también mucho interés mediático: Tyson Fury, dueño de los cetros que avalan la Asociación y la Organización Mundiales (AMB y OMB), y David Haye, sin fajines que exhibir, pero nuevamente disfrutando del éxito taquillero desde que canceló un retiro de tres almanaques y medio el pasado enero.

Breazeale, de 30 años, tuvo que levantarse de la lona en su último compromiso para luego poner fuera de combate a su coterráneo Amir Mansour, y no será quien exponga las carencias de Anthony. El británico parte como amplio favorito para arruinarle su condición de imbatido con la misma fórmula que empleó para recetarle la primera derrota a los tres oponentes que precedieron al californiano (los ingleses Gary Cornish y Dillian Whyte, y Martin): un contundente nocaut.

Escrito así, en blanco y negro o a todo color, el emparejamiento lucirá muy atractivo en las marquesinas de la O2 Arena: duelo de púgiles invictos, un par de protagonistas de los Juegos Olímpicos Londres 2012, Estados Unidos vs. Reino Unido… Pero dentro del encordado, las aparentes similitudes quedarán borradas en un santiamén, cuando Dominic sea destinatario del primer derechazo de Joshua y sienta que las piernas comienzan a flaquearle.

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