Corrales KO Uchiyama a4de6

Tokio.- Para quienes pusimos en tela de juicio su idoneidad como retador de Takashi “KO Dynamite” Uchiyama, uno de los buques insignias de la armada japonesa en el boxeo profesional, el panameño Jezreel “El Invisible” Corrales tuvo la respuesta más contundente de todas: un espectacular nocaut a expensas del nipón en el cuadrilátero del coliseo tokiota Ota-City General Gymnasium.

Era un choque entre dos de los tres campeones superpluma de la –quién si no– Asociación Mundial (AMB): el hombre con el cinturón categoría súper, Uchiyama, y el duodécimo aspirante a destronarlo, Corrales, quien había llegado a Japón con la menos relevante faja interina que reparte la muy generosa AMB. El simbólico trofeo de Jezreel y hasta su condición de retador pendieron de un hilo el día previo, cuando el canalero necesito un segundo intento y dos horas de sauna parar marcar 129,8 libras en la báscula.

No solo la jerarquía de ambos en esta entidad le otorgaba al anfitrión la condición de gran favorito, además, su pasado boxístico más reciente, y también el lejano, los rivales enfrentados hasta la fecha, la experiencia en trifulcas de relevancia, el porcentaje de nocauts, el balance de éxitos y fracasos, la condición de local… todo, absolutamente todo, menos la edad (12 años más joven el retador: 24 vs. 36), hacía indicar que el título se quedaba en casa.

Pero en el boxeo no hay nada escrito mientras los dos contendientes estén en pie de pelea, y de hacer añicos los pronósticos frente a una entusiasta afición, que pasó de la algarabía ensordecedora a un silencio sepulcral, se encargó el oriundo de San Miguelito. Menos de seis minutos le bastaron para registrar la victoria más espectacular de un panameño frente a un nipón a domicilio.

El primer round dejó claro que a Takashi le costaría mantener a raya al envalentonado visitante, que salió al acoso del anfitrión y no dejó que controlase la distancia con su recto de izquierda ni lograse algún impacto significativo con su poderosa derecha. En los 30 segundos de cierre, el centroamericano conectó una decena de golpes que obligaron a Takashi a retroceder y luego a agarrarse de manera desesperada. Aunque acto seguido el nipón buscó a su rival hasta que sonó la campana, cuando regresaba a su esquina para el descanso se veía que estaba en malas condiciones.

Fue un tremendo éxito parcial para Jezreel, pues además de crear un visible desconcierto en su contrincante y elevar su propia confianza, consiguió desembarcar repetidamente su mejor mano, la zurda, y estrellarla con solidez en el mentón del veterano japonés. Pero la verdadera película de horror para Uchiyama y sus parciales todavía estaba por venir.

El invicto soberano de las 130 libras por la AMB solo había visitado la lona un par de veces en 25 peleas y 157 asaltos, cortesía de dos de sus coterráneos, Daiki Kaneko y Takashi Miura. Uchiyama puede ahora mostrar cualquiera de sus manos con todos los dedos extendidos cuando le vuelvan a preguntar: El Invisible Corrales lo puso en el encerado tres veces en una sola fracción.

El guante siniestro del panameño causó serios estragos en la anatomía del supercampeón y con un izquierdazo seco a la mandíbula se inició la debacle del local. Se incorporó tambaleándose mientras el referí estadounidense Robert Hoyle le aplicaba la cuenta protectora, tras lo cual, Corrales fue dispuesto a rematarlo. Una violenta combinación de golpes, con el japonés prácticamente indefenso, lo dejó de bruces en el encerado, y aunque Hoyle le dio una segunda oportunidad, sus segundos estaban contados.

Al par de caídas iniciales siguió una tercera, tras un gancho de zurda, cuando parecía que KO Dynamite escapaba seminconsciente de tres minutos de espanto. El impacto puso al de Saitama sentado en la lona, próximo a las cuerdas, sin saber con qué le habían pegado. Hoyle no se tomó el trabajo de realizarle el conteo y decretó el enfático nocaut a falta de un segundo para que concluyera esa segunda ronda.

Jezreel silenció –literalmente– a la multitud presente y solo se dejaron escuchar sus gritos de euforia y los de su equipo que salió de la esquina dando saltos a abrazarlo y cargarlo sobre hombros. Si alguno de los hinchas presentes todavía no cree lo ocurrido en el Ota-City General Gymnasium tokiota, la noche del miércoles 27 de abril, está en todo su derecho de seguir dudando si fue testigo de un hecho real o de una pesadilla en la que el elegido Mejor Boxeador de Japón de 2015 sucumbía de manera estrepitosa.

El duelo histórico entre panameños y japoneses en trifulcas de campeonato asciende ahora a 37 contiendas, 30 de ellas dirimidas en la Tierra del Sol Naciente (dos en ensogados neutrales: una en Costa Rica, en 1974, entre Roberto “Manos de Piedra” Durán y Masataka Takayama; la otra en Francia, en 2006, entre Roberto “La Araña” Vázquez y Takefumi Sakata). Los centroamericanos han ganado 19, caído en 17 y empatado una.

El triunfo por la vía del cloroformo (KO-2) de Jezreel Corrales (20-1, 8 KOs) frente a Takashi Uchiyama (24-1-1, 20 KOs), que puso fin a un reinado de más de seis años y once defensas, puede ser considerado no solo como el más excepcional que le arranca un canalero a un japonés, también debe encabezar desde ya el ranking global de las grandes sorpresas de 2016.

El dominicano Javier Fortuna es el campeón regular de las 130 libras de la AMB, pero el número uno de esta entidad es El Invisible Corrales, verdugo de un boxeador que se había mantenido desde enero de 2010 en la cúspide de la división superpluma.

Kono y Taguchi revalidan sin sobresaltos

En el cartel de respaldo, antes de que imperara el asombro y los lamentos en el coliseo de Tokio, los dos campeones mundiales de Japón que salieron al ruedo, igualmente arriesgando un premio de la AMB, cumplieron con su cometido.

El primer telonero, Ryoichi Taguchi, refrendó su condición de mandamás de esta organización boxística en la categoría mosca ligero (108 libras). Taguchi (24-2-1, 11 KOs) completó su tercera defensa poniendo fuera de combate en el undécimo round (RTD-11) al veterano venezolano Juan José Landaeta (27-9-1, 21 KOs).

Y en el acto que antecedió a la pelea estelar, el experimentado Kohei Kono despachó a su tercer retador al cinturón supermosca (115 libras), el tailandés Inthanon Sithchamuang (28-9-1, 17 KOs), con una amplísima votación unánime. El trío de jueces coincidió en otorgarle a Kono (32-8-1, 13 KOs) un veredicto ganador de 119-106.

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