Beibut Shumenov 37c89

La entidad boxística que podría ser bautizada como la supercampeona en la entrega indiscriminada de títulos, o simplemente la AMB (Asociación Mundial de Boxeo), como se conoce por sus siglas en español, se encuentra involucrada en otra historia que no hace más que contradecir sus muy publicitadas aspiraciones de reducir el número de cinturones con su marca.

El campeón del mundo interino de esta organización en la división crucero (200 libras), el kazajo Beibut Shumenov (16-2, 10 KOs), considera que su nombre ha sido obviado injustamente en favor del cubano Yunier Dorticós (20-0, 19 KOs), número dos del ranking AMB, y del congolés –radicado en Francia– Youri Kalenga (22-2, 15 KOs), ubicado en el tercer puesto del mismo escalafón.

El próximo 20 de mayo, en París, Dorticós y Kalenga escalarán el cuadrilátero para dirimir una pelea que otorgará al vencedor la faja regular en la categoría de las 200 libras avalada por la AMB, un título que quedó vacante al ser ascendido el ruso Denis Lebedev al rango de super campeón mundial. Y Shumenov tiene todas las razones de este universo para estar inconforme y sentir que lo han dejado vestido y sin ir al baile parisino.

El pasado mes de julio, el púgil oriundo de Shymkent, pero que reside y se entrena en Las Vegas, despachó en su ciudad adoptiva al estadounidense Bejamin Flores con un triunfo por votación unánime. La victoria le garantizó el cetro interino y, además, lo convirtió en el más inmediato retador de Lebedev (28-2, 21 KOs), pues se había decretado con antelación que sería una eliminatoria para ganar ese derecho.

Pero Denis recibió vía libre por parte de la asociación que dirige el venezolano Gilberto Mendoza hijo para posponer su defensa obligatoria y buscar la unificación de su primado con el del argentino Víctor Emilio Ramírez (22-2-1, 17 KOs), quien gobierna por la Federación Internacional (FIB). Y con la firma del contrato entre el de Europa del Este y el de Sudamérica para medirse el 21 de mayo, en Moscú, Beibut quedó claramente marginado, pero con una legítima razón para protestar.

“Yo apelé la decisión pero, hasta ahora, la AMB ha hecho muy poco en respuesta a mi demanda, solo demorar el asunto antes de finalmente estipular que yo pelearé con el ganador del combate entre Lebedev y Ramírez en unos cuantos meses”, señaló Shumenov en declaraciones ofrecidas recientemente al sitio web boxingnews24.com en la Ciudad del Pecado.

“Ignoraron (la AMB) mi reclamación de cancelar el status del choque entre Dorticós y Kalenga de pelea por el campeonato regular y de todas formas van a homologarlo como tal”, agregó el representante de Kazajistán en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 en la categoría de 81 kilogramos (semipesado), quien ya antes ostentó el cinturón de supercampeón de la AMB, pero en los semipesados (175 libras), un premio que cedió en abril de 2014 a manos de un Bernard Hopkins camino a los 50 años de edad.

Shumenov, miembro del nutrido club de púgiles contractualmente vinculados al omnipresente abogado estadounidense Al Haymon, adelantó que, después de haber desperdiciado el tiempo sin ver acción, a la espera de un veredicto favorable, también retornará al cuadrilátero en mayo, frente a un contrario que anunciará la próxima semana. “Seguiré adelante, peleando dentro del ring, y dejaré que mis abogados y mi mánager (Haymon) combatan esta injusta situación fuera del cuadrilátero.”

El escenario se tornará entonces más surrealista que nunca, sobre todo si el kazajo elige el viernes 20 o el sábado 21 como la fecha del compromiso en el que arriesgará su trofeo interino. Tres títulos mundiales de la AMB en la división crucero estarían en juego en un mismo fin de semana, con seis boxeadores encartados, una realidad que desafía el absurdo, pero a la que ya los más asiduos seguidores del deporte de los puños en su versión asalariada se habrán ido acostumbrando paulatinamente, hasta verla como algo “normal”.

El drama de Beibut Shumenov sale a la luz pública, paradójicamente, en tiempos en los que la AMB insiste en que está trabajando arduamente con el firme propósito de reducir su astronómico total de ¡38! campeones mundiales en solo 17 divisiones (incluso con la vacante dejada en la categoría ligerowélter por Adrien Broner, el 1 de abril, al perder su título de supercampeón en la báscula).

La entidad que se jacta de ser “simplemente la pionera”, como reza su eslogan, la más antigua entre el cuarteto reconocido por el Salón Internacional de la Fama del Boxeo, tiene mucho –muchísimo– trabajo por hacer para enmendar este caos semántico al etiquetar los campeones (súper, regular, interino, en receso, emérito…), que no ha hecho más que desprestigiar el pugilismo profesional y los disímiles cinturones que los boxeadores llevan ceñidos a la cintura.

Es un hecho verificable que la AMB, fundada en 1962, es la hermana mayor del trío (no mucho menos inocente en la manera de legitimar las peleas de campeonato) que conforman el Consejo Mundial (1963) la referida FIB (1983) y la Organización Mundial (1988), pero la veteranía nunca debió hacerles creer a sus directivos que tenían inmunidad para fabricar premios al por mayor en sus predios de Panamá, no importa las supuestas buenas intenciones que motivaron esta fantástica idea.

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