Naoya comanda otra jornada triunfal -Tras una semana un tanto convulsa para el boxeo profesional en Japón y particularmente nefasta para los campeones de la división de 115 libras, llegó el turno de escalar al cuadrilátero del clan Inoue y las aguas retomaron su nivel.

El 31 de agosto, en Tokio, el favorito local Kohei Kono cedió su título supermosca, versión Asociación Mundial (AMB), a manos del panameño Luis “El Nica” Concepción, por una votación unánime que no admitió muchas quejas de la afición nipona. Kono partía como favorito para defender por cuarta ocasión su cetro, pero en un pleito trepidante, el pinolero de apenas 1 metro y 57 centímetros se agigantó y convenció a los jueces.

Tres días después, en un cartel sabatino efectuado en la capital de Filipinas, Manila, el tagalo Jerwin Ancajas también se vestía de verdugo de un monarca de esta categoría de peso, el puertorriqueño McJoe Arroyo, y le arrebataba su trono avalado por la Federación Internacional (FIB), con otro veredicto incontestable que incluyó una visita a la lona del boricua en el octavo round.

Pero en la fecha dominical, un monarca japonés que coincidentemente reina entre los supermosca, pero legitimado por la Organización Mundial (OMB), Naoya Inoue, no creyó en semana de sorpresas ni en la aparente mala racha de sus compatriotas y revalidó por tercera vez su primado universal, con nocaut incluido.

La actuación del apodado Monster estuvo lejos de complacer a sus más exigentes parciales y al propio boxeador, convertido desde hace un buen rato en su más acérrimo crítico. El retador obligatorio de turno, el tailandés Karoon Jarupianlerd, demostró ser un hueso duro de roer y no haber pisado la Tierra del Sol Naciente con la intención de rehuir el intercambio de golpes dentro del ring de la Arena Sky de Zama, en la prefectura de Kanagawa.

Con un derechazo sólido en los primeros compases, Naoya le provocó una cortada al púgil visitante en la mejilla izquierda que, a la postre, sería definitoria en el desenlace. Pero el astro japonés pareció contentarse a mediados del pleito con pelear desde afuera, explotando su mejor movilidad en el encordado, y no arriesgar mucho con su mano derecha, que cuenta las peleas por lesiones.

De cualquier manera, a medida que fue avanzando la reyerta y el de Bangkok se aventuraba a presionar y buscar el combate en la corta distancia, el japonés le hacía pagar el desafío con una dosis de su más potente y variado arsenal, dirigida casi siempre a la herida en el rostro que continuaba emanando sangre.

A la altura del décimo asalto, la bravura de Jarupianlerd lo había colocado ante dos únicas alternativas: arreciar su ofensiva y exponerse a un mayor castigo, o claudicar y dar por terminada su jornada laboral después de haber resistido en pie frente a Monster Inoue mucho más que lo que púgiles de mayor reputación como el mexicano Adrián “El Confesor” Hernández (6 rounds) y el argentino Omar Andrés “El Huracán” Narváez (2) pudieron aguantar juntos. El tailandés eligió la opción más sabia.

Tras varios impactos secos del nipón al lado izquierdo de la cara de Karoon Jarupianlerd (38-8-1, 18 KOs) que provocaron que este se desplomase, el referí estadounidense Mark Nelson se apiadó del aspirante al título y decretó el final de las hostilidades. El invicto Naoya (11-0, 9 KOs), a pesar del triunfo, no mostró muchas señales de satisfacción en sus declaraciones posteriores a la reyerta.

“Este es el nivel en el que me encuentro hoy, y lamento que sea así”, aseveró Monster, de solo 23 años, quien antes también conquistara la faja de las 108 libras que concede el Consejo Mundial (CMB) en tan solo su sexta pelea profesional.

Contrario a la actitud de los restantes contendientes y campeones en esta división y las vecinas, que no se cansan de pedir una cita en el encerado con el número uno del escalafón libra por libra en el planeta, el nicaragüense Román “Chocolatito” González, Naoya fue mucho más cauteloso al referirse a su futuro. “La determinación me permitió finalmente noquearlo, pero el proceso previo (al nocaut) no fue bueno en lo absoluto. No puedo estar hablando de que buscaré grandes peleas. Lo que necesito es mantenerme entrenando.”

El otrora campeón del mundo del peso mínimo, Hideyuki Ohashi, actual presidente del gimnasio al que pertenece la familia Inoue, aunque reconoció que su pupilo más talentoso necesita pulir errores en algunos aspectos técnicos, no descartó un choque inmediato con el ídolo de Managua.

“Román González tendrá una pelea en Estados Unidos este 10 de septiembre (en el californiano Forum de Inglewood, frente al mexicano Carlos “El Príncipe” Cuadras) y nosotros iremos a verlo en acción”, adelantó Ohashi. “Allí entablaremos negociaciones para un posible combate”.

Takuma y Koki Inoue también conservan sus récords inmaculados

La jornada exitosa de los Inoue comenzó mucho antes de que Naoya dictara sentencia en su pleito de campeonato. Su hermano Takuma (8-0, 2 KOs), ubicado en el cuarto puesto del ránking del CMB en la división gallo (118 libras), se impuso por fallo unánime al mucho más experimentado filipino Froilan Saludar (23-2-1, 14 KOs).

Takuma, de solo 20 años, fue a la lona en la primera fracción, pero se levantó para dominar el resto de la contienda y, de paso, devolverle la cortesía al tagalo en el octavo y noveno asaltos, camino a una victoria en las boletas por puntuaciones de 96-91 y un par de 97-90.

El primero del clan Inoue en terminar con su brazo en alto fue Koki (24 años), primo de los antes mencionados. El zurdo nipón, contendiente en las 147 libras (wélter), pulverizó en el segundo round al campeón de Indonesia, Heri Andriyanto (22-23-2, 10 KOs), y mejoró su récord a 5 éxitos, cuatro de ellos por la vía del cloroformo, sin la sombra de un revés.