Uchiyama: “Si no puedo ganar esta vez, se acaba todo” -Por sexta Nochevieja consecutiva el japonés Takashi “KO-Dinamita” Uchiyama (24-1-1, 20 KOs) se apresta a escalar a un ring de boxeo en un combate por un título mundial. La diferencia con las cinco ocasiones previas (2011-2015) radica en un detalle fundamental, en esta víspera sabatina de Año Nuevo será el nipón el que enfunde los guantes en calidad de retador.

El único rival al que se habrá medido en 2016, el panameño Jezreel “El Invisible” Corrales (20-1, 8 KOs), vuelve a visitarlo en Tokio, precisamente en el Gimnasio General Ota-City que el pasado 27 de abril, por un instante, el púgil centroamericano convirtió en el epicentro de un terremoto en la Tierra del Sol Naciente (o, en una metáfora más directa, en el foco de un sismo en la cabeza de Uchiyama).

Aquella noche, el ídolo local partía como amplísimo favorito en todas las apuestas y pronósticos especializados para retener por duodécima ocasión su cinturón de campeón (supercampeón desde dos peleas antes) superpluma de la Asociación Mundial (AMB). El Invisible Corrales llegaba con la etiqueta de invitado de piedra, listo para dejarse en el ensogado tokiota su faja interina de la misma entidad boxística.

Pero para asombro –incluso espanto– de la mayoría de los presentes en la instalación capitalina, quien terminó la velada con todos los premios fue el boxeador foráneo, en un resultado que, considerando la fecha actual del almanaque, ya puede considerarse como la gran sorpresa del año y, no solo eso, también incluirse entre los triunfos por la vía del cloroformo más espectaculares de 2016.

Sólo Uchiyama podrá decir a ciencia cierta cuántas veces ha repasado el vídeo de sus tres caídas aparatosas en el segundo asalto. Únicamente el hombre que se quedó a solo dos victorias de igualar el récord nacional de Yoko Gushiken, de defensas consecutivas de un título mundial (13), sabe con qué insistencia lo ha perseguido esa pesadilla desde entonces.

Pero lo que no es un secreto para nadie es que a sus 37 años, esta cuenta pendiente, en caso de no ajustarla a su favor, decretará casi con certeza el final de sus días en la profesión. “Si no puedo ganar esta vez, se acaba todo; con esa mentalidad afronto esta pelea”, dijo el oriundo de Saitama a finales de noviembre en las páginas deportivas del periódico digital Japan Times.

Sus más fervientes seguidores aún no otorgan a Corrales todo el crédito que el canalero merece y achacan la debacle de Takashi en Tokio a un mal día del japonés, o a un primer golpe afortunado del retador que pegó milagrosamente en el blanco ideal y propició la posterior secuencia de ganchos a la cabeza del campeón, o hasta a una falta de motivación por parte del derrotado.

Esta última justificación, la argumentan con el hecho de que Uchiyama había comenzado 2016 ilusionado con su debut en ultramar, presumiblemente en Estados Unidos, en una trifulca que, según rumores extraoficiales, se intentó negociar con el excampeón pluma (126 libras) de la AMB, el jamaicano Nicholas Walters, o con el dominicano Javier Fortuna, en ese entonces también en poder de un título de las 130 libras de los que concede la AMB (el regular).

Pero terminó siendo el zurdo de San Miguelito, que en julio celebró su cumpleaños 25, el inquilino de la esquina opuesta y, a pesar del menosprecio generalizado entre los que no le daban ni la más mínima opción de concluir con su brazo en alto (incluido un servidor), con su estilo poco ortodoxo y aterrizando sus puños desde los ángulos más disímiles, El Invisible puso a vibrar a su natal Panamá.

El asiático, como buen perdedor, no se ha detenido en excusas para explicar el único revés de sus más de 11 calendarios de carrera profesional que puso fin a un reinado supergallo que comenzara en enero de 2010 (noqueando en el round 12 al mexicano Juan Carlos Salgado). “Me entrené tan fuerte como pude, con la misma dedicación de siempre, y me sentía muy bien antes del combate. De hecho, me sentía mejor preparado que de costumbre.”

“Todos me han dicho que (Corrales) ganó con golpes de suerte o que yo debo vencerlo sin dificultad la próxima vez que nos enfrentemos…, y frases por ese estilo. Pero yo no comparto en lo absoluto esa manera de pensar. Sé que perdí porque me dejó fuera de combate con su velocidad y sus habilidades técnicas.”

Es esta modestia la que ha sumado al club de fans de KO-Dinamita Uchiyama cientos de miles de aficionados en su país y también internacionalmente: una actitud afable que contrasta con el instinto asesino que se apodera del japonés cuando asciende al cuadrilátero, siempre en busca del éxito por la vía del cloroformo, como atestigua su porcentaje de contrarios fulminados antes del límite (77 %).

Será esa vocación de noqueador y no otra, la única fórmula que pueda llevarlo a concretar su añorada vendetta este sábado, ante un Jezreel Corrales que arribó a Japón con la moral por las nubes. Si Takashi es víctima de la cautela y no se anima a desembarcar sus manos desde los primeros compases del pleito, para implantar el respeto que el istmeño le perdió, serán los hinchas del pugilista de Panamá los que digan un sayonara triunfal al almanaque 2016.