Tomoki Kameda regresa victorioso a un ring de Japón -Después de un almanaque 2015 frustrante, en el que encajó las únicas dos derrotas que arrastra en su carrera profesional, y un 2016 que podría calificarse de mediocre, con una sola pelea frente a un púgil muy por debajo de su nivel, el japonés Tomoki “El Mexicanito” Kameda (33-2, 20 KOs) regresó a la acción el pasado viernes en un escenario poco usual para él.

En el Salón Korakuen tokiota, el ex campeón mundial gallo superó por votación unánime al experimentado tailandés Pipat Chaiporn, alias Mike Tawatchai, un boxeador que a sus 31 años escalaba por undécima ocasión a un cuadrilátero de la Tierra del Sol Naciente (donde, a propósito, nada bien le ha ido, pues a estas visitas debe sus 10 reveses, uno de ellos a manos del hermano mayor de Tomoki, Daiki, en agosto de 2012).

Ahora contendiendo en las 122 libras, un escalón divisional por encimada del peso en el que se coronó titular de la Organización Mundial (OMB), Tomoki dominó ampliamente el pleito contra Tawatchai sacando clara ventaja de su mayor velocidad y precisión en el golpeo asalto tras asalto, particularmente en el sexto, a mediados del cual llevó a su rival a la lona con una efectiva combinación de derecha e izquierda.

A favor del peleador de Tailandia, quien había aterrizado en la capital nipona ubicado en el sexto lugar del ránking supergallo de la Federación Internacional (FIB), vale apuntar que asimiló bien todo el castigo que le recetó El Mexicanito, y consiguió terminar en pie y consciente para escuchar el anuncio público de un resultado en las boletas de los jueces (100-90, 100-88 y 99-90) que careció de todo drama.

Mike Tawachai (42-10-1, 25 KOs) vio detenida en cuatro su racha de triunfos consecutivos. Tomoki, por su parte, celebró doblemente una victoria que supuso, además de su estreno en 2017, su esperado retorno a un ensogado nacional por primera vez desde diciembre de 2013. El reencuentro con la legión de compatriotas que ha seguido la carrera de El Mexicanito, apodado así por su estilo de pelea y los años que ha residido y, repetidas veces, boxeado en la nación azteca (al punto de hablar con soltura el castellano), tenía que ser exitoso para no arruinar la noche de viernes.

Con 25 años cumplidos, Tomoki es el menor de los miembros del otrora relevante clan Kameda, que conformaban los ya retirados Koki (30) y Daiki (28), un trío que bajo la tutela del padre y entrenador, Shiro, hizo historia a finales de 2013, al inscribir sus nombres en el libro Guinness de récords como los únicos tres hermanos que han ostentado títulos del mundo simultáneamente en el pugilismo rentado.

Precisamente aquel año del que los tres se despidieron con tronos mundiales también marcó el inicio de una larga batalla legal con la Comisión Japonesa de Boxeo (JBC, por sus siglas en inglés), la principal entidad a cargo del deporte de los puños en el país. Por irregularidades en una pelea de campeonato de Daiki, la JBC retiró la licencia al Kameda Gym, una sanción que automáticamente dejó al trío de hermanos inhabilitado para boxear en suelo patrio.

Pero esta suerte de exilio deportivo no afectó significativamente a El Mexicanito. Habituado a pelear en ultramar, aprovechó el calendario 2014 para consolidarse en la arena internacional como una de las figuras más prometedoras, de la que se esperaba que estableciese una supremacía duradera en las categorías pequeñas tirando de talento, dedicación, juventud y un estilo agresivo dentro del ensogado de los que deja complacida a la hinchada.

Sin embargo, el meteórico ascenso se vio abruptamente torpedeado en 2015 por el británico Jamie McDonnell. Después arrebatarle el cetro de las 118 libras avalado por la OMB al namibio Paulus Ambunda (en agosto de 2013) y defenderlo en un trío de oportunidades, una de ellas con un contundente nocaut ante las cámaras de Showtime, nada menos que en Las Vegas, la suerte comenzó a darle la espalda al oriundo de Osaka.

Su consultor y mánager, el omnipresente Al Haymon, le arregló la cita con McDonnell, en aquel entonces campeón gallo de la Asociación Mundial (AMB), para lo que inicialmente se vendió como un choque de unificación, aunque luego se malogró cuando la OMB no aprobó el plan y Kameda se vio obligado a dejar vacante su faja.

De cualquier manera, el prodigio asiático se vio las caras con el inglés en mayo de 2015, en la ciudad texana de Hidalgo, de donde salió inconforme con un veredicto unánime en contra que creyó merecer. Cuatro meses después, Jamie le dio la revancha en otra sede del Estado de Texas, Corpus Christi, y en uno de los deja vu menos felices que el destino le ha reservado, el nipón volvió a caer por la misma vía en otra contienda en la que los jueces igualmente pudieron premiarlo con el éxito.

Sin penas ni glorias se marchó 2016, con un triunfo de puro trámite (KO-1) en octubre, en la ciudad mexicana de Iztapalapa, ante el casi desconocido local Edgar Martínez. Acto seguido de aquella reyerta que supuso su estreno en la categoría supergallo, Tomoki declaró en varias entrevistas para los medios de comunicación japoneses su deseo de volver a competir en la tierra que lo vio nacer.

Su inclusión en el Kyoei Gym derribó el último obstáculo que interponía la JBC y allanó el camino para el retorno a casa(los boxeadores japoneses deben pertenecer a un gimnasio para poder pelear en el país). Y ahora, la convincente victoria frente a Mike Tawatchai puede convertirse entonces en el trampolín ideal para lanzarse hacia una trifulca mucho más exigente con alguno de los soberanos reinantes en las 122 libras.