Usyk impone su voluntad a un Hunter Jr. que no fue presa fácil – Muy lejos estuvo de ser una victoria de puro trámite la última revalidación del título de Oleksandr Oleksandrovych Usyk, alias El Gato, a quien la Organización Mundial (OMB) reconoce como su campeón del planeta en la división crucero. El zurdo ucraniano, ya conocido por su lenta arrancada en las peleas, volvió a adolecer de este mal frente al estadounidense Michael Hunter hijo.

Amplísimo favorito para refrendar su corona de las 200 libras la noche sabatina, Oleksandr pasó algunos inesperados apuros ante un valiente peleador local en los asaltos iniciales de un combate que tuvo como escenario al resort MGM National Harbor, enclavado en la localidad de Oxon Hill (Maryland, EE. UU.), en el que se dieron cita más de 2 800 aficionados que abarrotaron la instalación.

Cinco años atrás, en los cuartos de final de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, Usyk y Hunter Jr. pudieron haberse medido por primera vez en un cuadrilátero. Pero lo que así quiso el sorteo, se encargó de estropearlo el destino en la persona del ruso Artur Beterviyev, verdugo del norteamericano en una polémica decisión para la que fue necesario recurrir a los golpes de desempate (terminaron con unas tablas a 10 finalizado el pleito).

El Gato ganaría la medalla de oro en la cita estival y continuaría su marcha triunfal en las filas profesionales, adueñándose en tan solo 10 peleas del trono OMB a expensas del polaco Krzysztof Glowacki, al que destronó a domicilio, e implantando en el proceso un récord para la categoría, pues el ínclito Evander Holyfield era hasta ese momento el campeón crucero más precoz (se agenció un título de los relevantes en su duodécima trifulca).

Los caminos de ambos terminaron por cruzarse esta vez, y todo hacía presagiar que el de Europa del Este arrollaría desde el round de apertura a su retador de turno, quien en su carrera como asalariado nunca había rivalizado con un boxeador ubicado entre los 30 primeros lugares de los escalafones de las 200 libras. Sin embargo, el oriundo de Las Vegas ofreció una muy digna demostración en los primeros compases y disfrutó de ciertos instantes de dominio frente a su más encumbrado oponente.

Hunter Jr. pareció confundir a Usyk lanzando sus guantes desde diversos ángulos y, sobre todo, desplazándose con efectividad por el cuadrilátero para mantener fuera de ritmo y distancia al ucraniano. Muchos le vimos ponerse en ventaja concluidas tres rondas, pues el estadounidense impactó con claridad en la anatomía del campeón y lo superaba hasta ese momento 54-34 en el cómputo de golpes conectados.

Pero a partir de la cuarta fracción las aguas comenzaron a tomar su nivel. Un retador mucho más estático fue blanco más frecuente de la artillería de El Gato, quien inteligentemente dirigió sus manos al cuerpo para restarle movilidad a una presa que se le había tornado escurridiza. No consiguió reponerse de este cambio de estrategia el pugilista anfitrión.

Su mejor impacto en lo adelante tal vez sería el que sacudió de dolor a Usyk en el quinto episodio, aunque no contaría, pues por fortuna en el boxeo, un deporte violento pero en el que sus practicantes también aspiran a un día convertirse en padres, la zona que castigó se considera ilegal. Oleksandr se recuperó del golpe bajo y arreció su ofensiva, que ya entrado el pleito en su último tercio se iba pareciendo más a una soberana paliza.

De indolente en grado extremo podría etiquetarse el trabajo del tercer hombre en el ring, Bill Clancy, así como la actitud de la esquina del retador. El árbitro estadounidense permitió que un tambaleante Hunter Jr. recibiera una excesiva dosis de rectos y ganchos a la cabeza en el duodécimo asalto, cuando ya era evidente que no conseguiría remontar el resultado en las boletas por estar sumamente agotado, mientras su contrincante no paraba de acorralarlo contra las sogas.

Una combinación brutal que el ucraniano cerró con un zurdazo a la mandíbula hizo retroceder violentamente al estadounidense, que no cayó a la lona por el auxilio del encordado, pero que de todas formas recibió el conteo de protección del indolente Clancy. Quizás en un gesto de piedad, viendo a Hunter Jr. (12-1, 8 KOs) ya indefenso, Oleksandr sacó el pie del acelerador y se conformó con llevarse el éxito por una amplia votación unánime.

Usyk impone su voluntad a un Hunter Jr. que no fue presa fácil

Una idéntica puntuación de 117-110 entregó el trío de jueces para dar por terminada la segunda reválida consecutiva de El Gato en un ensogado de Estados Unidos, después de que el pasado diciembre, en el californiano Foro de Inglewood, despachara al sudafricano Thabiso “La Roca” Mchunu (17-3, 11 KOs), un contrario que igualmente le plantó cara comenzando el duelo antes de sucumbir en el noveno round (TKO-9).

Ahora el residente en Kiev seguramente encomendará a sus manejadores, su promotor Tom Loeffler (K2 Promotions) y su mánager Egis Klimas, que concentren todas sus energías en pos de una meta que lo obsesiona: dirimir un combate de unificación de títulos con cualquiera de los soberanos que con él coexisten, los rusos Denis Lebedev (Asociación Mundial) y Murat Gassiev (Federación Internacional) y el letón Mairis Briedis (Consejo Mundial).

Usyk (12-0, 10 KOs) deberá pulir todavía muchos aspectos técnicos si aspira a convertirse en una fuerza dominante, no sólo en las 200 libras, sino también, más adelante, en la división de mayor tonelaje. De cualquier manera, la noche sabatina puede calificarse con una buena nota tanto para él como para los dos compatriotas que lo sucedieron, Vasyl Lomachenko y Oleksandr Gvozdyk, quienes literalmente destruyeron a sus rivales de turno, el estadounidense Jason Sosa y el cubano Yunieski González, respectivamente.