Ward y Kovalev se lanzan en Nueva York los primeros golpes de su revancha -Una cuenta inconclusa dejaron el estadounidense Andre Ward (31-0, 15 KOs) y el ruso Sergey Kovalev (30-1-1, 26 KOs) con su combate del pasado noviembre. Una misión inacabada que tanto el uno como el otro confían en completar de manera categórica el próximo 17 de junio, cuando ambos protagonicen una de las revanchas más esperadas del boxeo profesional en los últimos años.

Será ese el día del posible desquite para el púgil de Europa del Este, quien se mantuvo exigiendo a lo largo de cuatro meses la reedición de aquel duelo sabatino, escenificado en la T-Mobile Arena de Las Vegas, que le dejó el sabor amargo de una polémica derrota y la pérdida de una hegemonía semipesada avalada por la Asociación y la Organización Mundiales (AMB y OMB), y la Federación Internacional (FIB).

Pero igualmente puede convertirse la fecha escogida en la de la confirmación del reinado del norteamericano, flamante medallista de oro olímpico (81 kg) en Atenas 2004, y campeón unificado tanto de las 168 libras como ahora de las 175. En relación con esta última conquista, sin embargo, muchos aficionados y expertos coinciden en afirmar que aún tiene pendiente validarla en el ensogado, pues el unánime 114-113 en el trío de boletas pareció merecerlo más su oponente.

Entre dimes y diretes en los medios de comunicación arribaron los dos boxeadores que encabezan el ránking libra por libra de la revista The Ring a la cosmopolita Nueva York, primera escala de la gira promocional de su trifulca. Oakland y Los Ángeles aguardan igualmente esta semana por la visita de Ward y Kovalev, antes de que los dos concentren toda su atención y energías en alistarse con vistas a la nueva cita en el ring del Mandalay Bay Events Center de la Ciudad del Pecado.

Tras las tradicionales fotos cara a cara, ambos ofrecieron declaraciones a la prensa por separado en el hotel Le Parker Meridien, en el corazón de Manhattan. En el caso del ruso, quien ha mejorado ostensiblemente su dominio de la lengua de Shakespeare desde que reside y se entrena en Port Lauderdale (Florida), esta vez, quizás con la intención de llevar a sus palabras la mayor claridad posible, se auxilió de un traductor al referirse a la antipatía que le provoca su contrincante.

“Le he perdido el respeto por la manera en que actúa”, afirmó un siempre parsimonioso Kovalev, clasificado número 2 en el escalafón de la llamada Biblia del boxeo, escoltando precisamente al próximo púgil que aspira a noquear. “Me da la impresión de que anda caminando con una corona en su cabeza. Él piensa que es algo (grandioso). Sí, no me cae nada bien. No existe ninguna razón para que me agrade.”

“Yo sobrevaloré a Ward en la primera pelea. Pienso que me sobrentrené”, agregó en relación con aquel pleito en el que con un derechazo envió a la lona al estadounidense en el segundo asalto, pero en el que se vio notablemente agotado en las postrimerías. “Hice demasiado, pensaba que se trataba de la pelea de mi vida y me preparé en exceso para ella. Ahora sé exactamente lo que necesito hacer para vencerlo.”

Un motivo de sobra que puede tener Sergey para considerar que ahora Ward se atribuye una especial importancia es el tiempo que se tomó el norteamericano para rubricar el contrato de esta revancha, un derecho que el destronado campeón tenía contemplado en el primer acuerdo contractual. Aspirando seguramente a un salario superior a los 5 millones que le pagaron por medirse al ruso en noviembre, Andre no se apresuró en estampar su firma en el papel.

“Obviamente, la primera pelea fue cerrada, pero no siento que yo esté ahora aquí intentando demostrarle algo a alguien”, dijo un Ward que, sin bien no triunfó ante los ojos de muchos, sí mereció el respeto de todos por levantarse del encerado y convertir en una contienda competitiva un enfrentamiento que parecía perdido. “Pienso que lo que ocurrirá (en la revancha) será una lección académica.”

“Por supuesto que él implementará ajustes, (Sergey) tratará de ser mejor de lo que fue la primera vez. Y sin duda mi meta es vencerlo de una manera más concluyente. Pero, como he venido diciendo desde que la pelea tuvo lugar, ni un resquicio de mi persona está cuestionándome, ¨¿Ganaste?¨. Fue un combate nivelado que yo gané. No hubo ningún robo.”

Cuando ambos coincidieron en el salón de conferencias, Kovalev expresó un temor que ya previamente había confesado frente a los micrófonos de algunos reporteros. “Lo único que realmente espero es que una o dos semanas antes de la pelea, Andre Ward no se lesione y tenga el ¨suficiente coraje¨ (cambio de palabras de este redactor para no transcribir literalmente la referencia que hizo el ruso a la parte del cuerpo humano que denota virilidad) para venir a pelear conmigo esta fecha, 17 de junio.”

Al pugilista californiano le picó el orgullo y no pudo evitar defenderse del ataque verbal. “Nadie en este recinto puede señalar a un boxeador del que yo haya huido; nadie puede mencionar una pelea que yo haya rechazado, ni tan siquiera una sola vez. Esos antecedentes no existen en mi carrera.” Y dirigiéndose directamente a su contrario afirmó: “No hay nada intimidante en este hombre.”

Todavía queda mucho por ocurrir entre ambos miembros de la actual élite del pugilismo rentado, aunque serán todos duelos en el imaginario encordado de las palabras, donde se lastiman los sentimientos y se caldean los ánimos, pero no corre el sudor o la sangre, ni se arriesga nadie a terminar noqueado (no son Ward y Kovalev émulos de Mike Tyson, Ricardo Mayorga y compañía).

Oakland y Los Ángeles, las siguientes paradas del tour promocional, traerán más de lo mismo a finales de esta semana, poses y miradas amenazantes bajo el destello de los flashes de las cámaras. Pero no será hasta la noche de un cartel que ha sido bautizado como “Sin excusas” (No Excuses) que los veamos con el par de puños enguantados desplegar su mayor talento, ese que ya los ha encumbrado en su profesión.