Opinión: Canelo Álvarez, víctima de un robo descarado en Las Vegas -No pudieron venderle un cinturón que no quería. Tampoco pudieron cobrarle por validar el combate con un campeonato de papel sin ningún valor, de ningún organismo mundial. No pudieron imponerle cláusulas de revancha ni pudieron cobrarle apuesta alguna.

La historia dirá que el 6 de mayo de 2017, Saúl Álvarez se bajó del cuadrilátero del T-Mobile Arena en Las Vegas con más dinero del que se subió. Pero eso no quita que durante los 12 vergonzosos rounds de su combate ante Julio César Chávez Jr., el joven al que llaman Canelo sufrió uno de los robos más terribles de su notable carrera.

No le robaron dinero, es cierto. No le robaron fama ni honra, sino todo lo contrario. No le robaron el resultado en las tarjetas, que no podría haber sido más amplio ni claro luego de la docena de asaltos (el término “asalto” nunca estuvo mejor aplicado) del simulacro de sesión de guanteo glorificado que tuvo lugar bajo las luces del estadio más flamante de la Ciudad del Pecado.

El 6 de mayo, a Saúl Álvarez le robaron la dignidad de haber ganado un combate como corresponde, con un rival mínimamente motivado y dispuesto a fajarse por la injustificable cantidad de dinero recibida luego de su espantosa actuación.

La inexcusable inactividad de Chávez Jr., su mezquindad y su desprecio hacia el arrojo y el valor que su padre simboliza casi por antonomasia, su falta de la agresividad más mínima como uno de los representantes mejor pagados del boxeo mexicano, considerado uno de los más aguerridos del mundo, y su displicencia a la hora de las entrevistas, donde hizo un repaso desapasionado y despectivo de las virtudes de su rival como único motivo de su propia derrota, lo ponen en camino certero e implacable al olvido y al destierro en vida. Eso queda claro.

Pero el eco de esa soberbia implícita en su actitud despectiva, como de quien se deja golpear por un niño y luego alaba socarronamente la enjundia y el atrevimiento del jovencito con una sonrisita pícara y torpe, es que Chávez Jr. le robó a Canelo la oportunidad de ganarse el respeto de sus coterráneos y de los fanáticos (tanto de los que lo apoyaron como de quienes dudaron de él) de manera limpia.

Chávez fue el piloto de carreras que, sabiéndose derrotado, finge un desperfecto para abandonar la carrera y no sufrir la ignominia de ver la bandera a cuadros flameando en la lejanía frente a los ojos de su oponente. Fue el futbolista que se dedicó a pasearse por el mediocampo durante un partido ya perdido, mascullando su bronca y memorizando de antemano el reparto de culpas que enumerará ante la prensa al terminar el encuentro.

En suma, Chávez fue a menos porque ya el dinero estaba contado, el cheque estaba firmado y el veredicto estaba sentenciado desde antes del primer campanazo, y cualquier otro esfuerzo no le redituaría otra cosa que un par de escalones más en su camino a una derrota un poco más digna que la que ya había decidido auto-infligirse desde el momento en que acordó bajar a un peso impracticable, drenando su cuerpo al máximo en busca de una última paga que, sumada a la de su otra gran pelea de Pay-Per-View ante Sergio Martínez en 2012, lo transforman en el boxeador mejor pagado de la historia de México, con dos bolsas millonarias a cambio de apenas dos minutos de valentía entre los 24 rounds de las dos peleas.

Se podrá argumentar que Chávez Jr. le robó la mayor parte de esas dos bolsas a los fanáticos, los ejecutivos de televisión y a sus rivales, y que hoy el destino le robó la poca fama de púgil valiente y digno de un nombre que siempre pareció quedarle grande. Pero no hay consuelo en robar a un ladrón. En un ring de Las Vegas el pasado 6 de mayo, Canelo Álvarez se alzó con una victoria más para su carrera, pero la gloria que le prometieron si obtenía esta victoria le fue robada por Julio César Chávez hijo, por su desprecio al boxeo, a su rival, a los fanáticos que lo pusieron en ese sitio y a su legendario padre, si es que le quedaba todavía alguna decepción para darle.

Esperemos que en su próximo compromiso Canelo pueda recuperar la dignidad que le negaron en esta ocasión. Gane o pierda, no importa. Siempre y cuando no imite la actitud derrotista, la sorna, la poca vergüenza y el menosprecio hacia el boxeo que Chávez Jr. ofreció en esta pelea, seguramente lo logrará.