Mayweather vs. McGregor y el circo de los millones ($) -Se trata de la noticia del día (miércoles, 14 de junio) en la mayoría de los medios deportivos especializados, quizás la que más titulares se haya robado una vez terminada esta semana y –quién sabe–, no dudemos que, concluido el mes, encabece la lista de las que más repercusiones, análisis, pronósticos y conjeturas suscitaron entre expertos y aficionados.

Un auténtico terremoto mediático seguido de incontables réplicas que irán alimentando la curiosidad de los aficionados menos regulares al boxeo profesional y de aquellos que ni tan siquiera conocen sus reglas básicas hasta que millones de ellos, hipnotizados como si hubiesen escuchado la tonada del flautista de Hamelín o el canto de las sirenas, compren felices la señal del combate en Showtime.

Porque en torno de eso, y no de mucho más, gravita esta historia que Floyd Mayweather Jr. y Conor McGregor han venido inflando desde hace meses con la calculada mentalidad de hombre de negocios que a ambos caracteriza. El anuncio de la pelea a poco más de dos meses de la fecha reservada en Las Vegas es el trampolín hacia la recta final de una campaña publicitaria que ahora irán intensificando a medida que se acerca el gran día, pero que comenzaron mucho antes.

No es este evento una farsa al estilo de la que escenificaron en el Nippon Budokan de Tokio, en junio de 1976, el legendario Mohamed Ali y el japonés Antonio Inoki. Floyd y Conor han prometido que se pegarán de verdad, con los guantes de 10 onzas que han acordado calzar. Pero por más que se enfrasquen en vender este show como un pleito competitivo, un duelo en igualdad de condiciones, la realidad está ahí para contradecirlos.

Desde el punto de vista deportivo, este emparejamiento carece de todo sentido por lo predecible de su desenlace. Obviamente, si la cuestión es tributar al espectáculo, pocos en el gremio saben venderse mejor que estos dos, con un par de egos descomunales y discursos grandilocuentes en los que nada tarda el oyente en descubrir al héroe de la fábula. Y cuando no alcancen a ser convincentes sus argumentos, de seguro se las ingeniarán para crear alguna duda sobre el resultado.

Pero todos los que nos jactamos de entender medianamente el pugilismo y su historia sabemos qué nos deparará el sábado 26 de agosto, en la T-Mobile Arena de Las Vegas: una victoria del estadounidense por amplio margen frente a la gran estrella de las artes marciales mixtas, el protegido de Dana White y su UFC, quien pagará gustoso, como otros tantos que lo antecedieron, el precio de su intrusismo profesional.

El irlandés no tiene nada que hacer dentro de 16 cuerdas frente a Money Mayweather, no importa si el peso pactado, 154 libras (superwélter), se ajusta más a su constitución física que a la del norteño; o si para ese entonces recién habrá cumplido 29 años y tendrá en la esquina opuesta a un cuarentón que danzó por última ocasión sobre un encerado en un pleito oficial en septiembre de 2015.

El Notorio de Dublín no aterrizará sus puños sobre la anatomía del exnúmero uno de los rankings de boxeo libra por libra como lo hiciera peleando con José Aldo o Eddie Álvarez dentro de un octágono. McGregor (con todo el respeto que merecen los campeones que ha subyugado en la UFC) jamás se ha medido a un atleta del calibre de Mayweather, sin contar que intentará nadar a contracorriente en aguas que su oponente circula con la destreza de un pez vela.

Dos vaticinios podrían desde ya esculpirse en concreto: Mayweather superará el mítico récord de 49-0 que ahora comparte con Rocky Marciano y tanto él como su compañero de baile necesitarán muchísima paciencia para contar los millones de dólares que se embolsarán por concepto de salario, promoción del evento y porcentaje de la distribución de la señal televisiva en los hogares por el sistema de pago (Pay-Per-View).

No habrá golpe de suerte que detenga la rotación del planeta tierra y convierta a Conor en el único ser humano capaz de noquear a Floyd en más de dos décadas como asalariado en los ensogados; y mucho más desatinado sería adelantar que el devenido púgil de Irlanda ganará a los puntos (ni aunque tres Clark Sammartino actúen como jueces esa noche) contra un boxeador que pega con la precisión de un cirujano, el más efectivo desde la invención del CompuBox.

El otrora deportista mejor pagado del mundo según la revista Forbes (2012, 2013, 2014 y 2015) volverá a encabezar ese listado de millonarios en su próxima publicación. McGregor, que casi con toda certeza lo escoltará en el segundo lugar (sobrepasando a Cristiano Ronaldo, Leo Messi y LeBron James), retornará a su deporte con un revés que achacará al poco valor de Mayweather para pararse en firme y enzarzarse a golpes con él, al poco tiempo de aclimatación en el ring y a otras excusas de manual.