Kimura sacude a golpes Shanghái noqueando a Zou Shiming – En un auténtico fiasco se transformó lo que, en principio, estaba diseñado para ser un evento festivo con todo el boato que podría caber en un simple cartel boxístico. El Oriental Sports Center, enclavado en Shanghái, fue escenario en la noche de viernes del inesperado revés del mejor boxeador de China en la corta historia de este deporte en el país.

Llevar a hombros las expectativas de millones de aficionados suele ser una tarea faraónica para muchos atletas oriundos de la nación más poblada del planeta (casi 1400 millones considerando los chinos de ultramar). Zou Shiming no había sucumbido a esta monumental presión en su larga y exitosa carrera amateur, ni en su breve trayecto como profesional, de la manera tan estrepitosa en que lo hizo en la urbe shanghainesa.

Defendía por primera vez el anfitrión un título mosca, avalado por la Organización Mundial (OMB), que ganara el pasado noviembre, en el Thomas & Mack Center, en Las Vegas, frente al desconocido tailandés Prasitsak Phaprom (39-2-2, 24 KOs), un rival que le había encontrado a Shiming su poderoso padrino, Bob Arum, para que se luciese en una velada en la que Manny Pacquiao cerraría el show (Pacquiao vs. Vargas).

No tenía mucho más pedigrí que aquel contrincante el de esta vez, el japonés Sho Kimura. La diferencia más notable era que el propio chino se lo había buscado, pues, tras su ruptura con Top Rank, se encargó él mismo de organizar y promover este combate en suelo patrio. El objetivo: explotar en los medios de comunicación y redes sociales al máximo esta pelea para continuar promoviendo entre sus paisanos un deporte que no acaba de seducirlos; el resultado final: nefasto.

El bicampeón olímpico (Beijing 2008 y Londres 2012) controló las acciones en los primeros asaltos y hasta regaló algún que otro momento de euforia a sus hinchas, sobre todo en el segundo round, cuando una combinación de golpes pareció estremecer al nipón y ponerlo en malas condiciones. Pero con la paciencia de un orfebre y el espíritu de un kamikaze, Kimura se mantuvo sin dar paso atrás y, al tiempo que recibía, aterrizaba también sus guantes en la anatomía del campeón.

A partir de la tercera ronda, una cortada en el borde exterior de la ceja derecha del retador, producida por un cabezazo accidental, comenzó a sangrar profusamente. La herida requirió incluso de una visita del doctor en la sexta fracción, pero, ya para entonces, el combate comenzaba a dar un paulatino giro de 180 grados y era el visitante quien pegaba con mayor fortaleza y se agigantaba con el correr de los minutos.

Como hiciera en sus gloriosos tiempos de aficionado, en los que además de par de medallas de oro en citas estivales consiguió un trío en Campeonatos del Mundo, Zou bajaba la guardia e invitaba a su oponente a que iniciara la ofensiva para luego él contraatacar. Sucede que después de haber soplado 36 velas en mayo (8 años más que el japonés), el chino no tiene ni remotamente la velocidad de antaño.

El favorito local fue entonces un blanco relativamente fácil para Kimura y la acumulación de castigo terminó por pagar dividendos en favor del residente en Tokio a la altura del undécimo asalto. Con una despiadada secuencia de ganchos, muchos de ellos al cuerpo, el japonés puso a Shiming a correr en retroceso por todo el cuadrilátero, y no se detuvo hasta verlo de rodillas, vencido por el cansancio y la tenacidad del nipón.

Fue un instante de esos que duran una eternidad, una imagen que incluso aquellos aficionados románticos que sueñan con su héroe levantándose de la lona para remontar la trifulca vieron tal cual, como el momento de la definitiva capitulación. Por puro formalismo, el tercer hombre en el ring, el filipino Danrex Tapdasan, se tomó el trabajo de contarle; Zou nunca lo miró a los ojos y avanzó con paso lento hacia las cuerdas para recostar sus brazos en ellas, mientras el nuevo monarca caía de bruces en el encerado rendido por la euforia.

Un silencio sepulcral, tímidamente alterado por la celebración de Kimura y su equipo, se apoderó del Oriental Sports Center hasta que se dio a conocer oficialmente el veredicto (TKO-11). Sho Kimura (15-1-2, 8 KOs), que aterrizó en China con un modesto séptimo lugar en el ránking OMB de las 112 libras como carta de presentación, es el nuevo campeón mundial de esta entidad, el undécimo púgil de la Tierra del Sol Naciente que ostenta en la actualidad un cinturón de relevancia.

Todo un cuento de hadas para el nipón, quien ahora podrá dedicarse por completo al boxeo y dejar de repartir cervezas a domicilio para un restaurante tokiota, trabajo con el que alternaba las horas de entrenamiento en el gimnasio. Para Zou Shiming (9-2-0, 2 KOs), por el contrario, la hora del retiro parece más cerca que nunca, pero podrá colgar los guantes con la satisfacción de haber hecho más que nadie en su país por el deporte de los puños.

“He boxeado durante 22 años, aunque el boxeo nunca ha sido entendido por muchos en China. He ganado el título mundial (mosca por la OMB) y dos oros olímpicos. ¿Por qué sigo aquí todavía?”, dijo visiblemente emocionado Zou antes de bajar del ensogado. “Aunque perdí, conseguí que millones de personas en China prestaran atención a esta pelea de boxeo. Pienso que valió la pena.”

Antes de esta reyerta convertida en costoso revés, Shiming no solo terminó su vínculo contractual con Arum y Top Rank, también decidió prescindir del avezado Freddie Roach como entrenador principal en el período de preparación. Con o sin Roach en su esquina, para un boxeador que saltó al profesionalismo en 2013 ya convertido en treintañero, la encrucijada del presente no debía tardar mucho en llegar.

Será un dilema que el chino deberá resolver en los meses venideros. De momento, tendrá que digerir primero el fiasco frente a Kimura, y luego analizar cuánta motivación y condiciones físicas le quedan para seguir adelante con esta difícil empresa. “No descarto el retiro, pero, personalmente, todavía no quiero decir adiós.”

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