Para Deontay Wilder, Bermane Stiverne es aquel que se escapó -Los pescadores frustrados han creado historias al respecto. También lo han hecho los amantes desolados y miembros de los cuerpos policiales abatidos cuando han fallado en atrapar al perpetrador de un vil crimen que de alguna manera logra escapar de la justicia por años o hasta décadas.

Los pensamientos “de aquel que se escapó” en algún momento han invadido los sueños, como la aparición de un invitado inesperado,  de muchas personas que han dado vueltas toda la noche. Estas visiones irritantes son fuente de melancolía, de buenos tiempos que se estropearon, de la inestabilidad de la casualidad que algunas veces nos convierte en víctimas de esa porción de nuestro destino que nunca podemos  controlar del todo.

Con un record de 38-0 que incluye 37 victorias por la vía del sueño, se puede decir que realmente no hay oponente, en el sentido profesional, que el campeón peso pesado del CMB, Deontay Wilder, haya fallado en enganchar y atrapar. Él, hasta nuevo aviso, está invicto… perfecto. Pero hay una mancha, aunque pequeña, en su récord gracias a un tal Bermane Stiverne, el hombre a quien le arrebató el título en una decisión unánime el 17 de enero del 2015, y quien tercamente se negó a rendirse cuando se quedaba atrás irremediablemente en puntos. El árbitro Tony Weeks, también jugó parte en la pelea de Wilder que finalmente se fue a las tarjetas, cuando eligió no interceder en una golpiza que vio al oponente, de Tuscaloosa, Alabama, en su trigésima tercera pelea profesional, ganar por márgenes como los del Gran Cañón de 120-07, 119-108 y 118-109.

Ahora, debido a que su próximo oponente, el desertor Cubano Luis “King Kong” Ortíz (27-0,23 KOs)  dio positivo en otro examen de dopaje, Wilder tendrá la oportunidad de alguna manera de saldar la cuenta de esa única victoria que no resultó en nocaut, con una segunda prueba ante Stiverne (25-2-1.21 KOs), en el reconfigurado evento principal que será televisado por Showtime el 4 de Noviembre desde el Barclays Center, de Brooklyn, NY. Esta vez, la tarea que enfrenta Wilder parece mucho menos problemática que hace tres años, cuando apenas era un favorito 3 a 2.

Stiverne, nacido en Haití y residente de Las Vegas, ahora tiene 39 años de edad (o los tendrá el 1 de Noviembre), y puede que tenga una capa de herrumbre (solo una pelea en el ínterin, una decisión unánime sobre el experimentado pero limitado Derric Rossy el 14 de noviembre del 2015). A pesar de lo que pareciera un improbable primer lugar en el ranking del CMB y estatus de contendiente mandatorio, las casas de apuestas de Las Vegas tienen a Stiverne como un virtual sin-esperanza, un poco probable ganador con posibilidades de 25 a 1. Pero no porque Stiverne, figurativamente el último centurión del imperio e ruinas de Don King a sus 85 años, se vea a sí mismo como otra de las víctimas designadas de Wilder.

“Cuando peleé con Rossy aún estaba tratando de digerir la derrota (ante Wilder)”, dijo Stiverne, quien argumenta que no estaba en su mejor momento esa noche en Las Vegas debido a una enfermedad que no reveló con anterioridad. “Es posible que  estuviera ahí físicamente, pero mental y sicológicamente ese no era el caso. Perdí el título por mi salud, no porque é l fuera mejor que yo”, declaró Stiverne, quien tuvo que ser hospitalizado luego de la pelea por una severa deshidratación. “Eso fue antes y esto es ahora. Este es un Bermane Stiverne distinto.”

Como todo artista del nocaut que ha sido obligado a ir a la distancia por primera vez, Wilder – quien enfrentó a Stiverne con una mano fracturada (situación que fue confirmada por la Comisión Atlética de Nevada posteriormente) desde el tercer asalto, ahora dice que el no haber tenido la capacidad para noquear a Stiverne fue una “experiencia de aprendizaje”,  una manera de demostrar a los escépticos que realmente tenía suficiente gasolina en el tanque para llegar a los 12 asaltos en caso necesario. Pero, independientemente  de que él afirme lo contrario, este razonamiento de alguna forma no suena del todo a la verdad. En la mente de Wilder, su misión en todas  y cada una de sus peleas es buscar destruir, terminar cada tarea con un signo de exclamación, no con un punto.

“La primera vez, mi corazón deseaba el nocaut, pero en realidad (llegar a la distancia) fue lo mejor que me ha pasado”, insistió Wilder en una teleconferencia con los medios cuando se le preguntó sobre el final de una de las más impresionantes seguidillas de noqueo al inicio de una carrera  en el boxeo. “Hasta ese momento mucha gente dudaba de mí, diciendo lo que yo no era capaz de hacer. Cuando Bermane resisitó 12 asaltos, fue una bendición, porque demostré lo que soy capaz de hacer.”

Bien podría ser que ganar por decisión alivió algo de la creciente presión que había sobre Wilder de seguir avasallando a todos los que enfrentaba en el cuadrilátero, pero también casi todo gran noqueador cuya racha de KO’s llega al final, sabe cómo se siente enfrentar el futuro cuando una pelea es finalmente decidida por la opinión de tres jueces con lápices. La respuesta estándar es decir que no es gran cosa, que un gane es gane. Pero quizá un pronunciamiento más cercano a la realidad se dio hace un par de semanas,  cuando Wilder, en una conferencia de prensa en Nueva York para promocionar su pelea, que aún no había sido cancelada, con Ortiz, habló de un estado mental que nunca está preparado para conformarse con algo menos que total aniquilación.

“No será un combate que llegue a la distancia,” prometió. “Creo que unos tres asaltos. Esa noche quizá y sea inclusive en el primer asalto. Nunca se sabe. Todos aquellos que dicen lo contrario están agregando más leña al fuego,  porque voy a patearle el trasero a Luis Ortiz. Yo hago estas aseveraciones y sé que por lo tanto debo demostrarlo.”

Algunas veces los pescadores, luego de fallar en su meta de  lograr atrapar ese gran trofeo de su reminiscencia, pescan otro grande que califica como un premio de consolación apto y preservado. El  galán que se casó con tu mejor amiga frecuentemente termina siendo carnada de divorcio, abriendo la puerta a la verdadera felicidad con alguien que casualmente aparece más adelante en el camino.  Mejoras en la tecnología para combatir el crimen han calentado suficientes casos “fríos” de forma que un policía persistente puede aún tener la satisfacción de colocar las esposas en ese mal hombre que se encontraba libre y que le atormentaba aún más que el espíritu maligno más terrorífico de Noche de Brujas.

Algunos pueden considerar curioso que Wilder pueda ofrecer seguridad de que podría haber noqueado a Ortiz  – un formidable, fuerte pegador zurdo- cuya reputación ha sido manchada por haber arrojado un resultado positivo dos veces en pruebas de dopaje – mientras que titubea en hacer lo mismo en su segunda oportunidad con Stiverne. Pero Wilder, de cualquier manera, no está cubriendo sus apuestas, prometiendo retirarse si falla en obtener la victoria en esta pelea por cualquier vía necesaria.

“Lo único que será diferente”, declaró el medallista de bronce de las Olimpiadas de Beijing 2008 de 6-pies-7 –pulgadas,  “es que será una pelea mucho más sencilla”, que prácticamente suena a que está prediciendo un nocaut.  Lo que sí dijo, sin equivocación es que “si Bermane Stiverne me derrota, me retiro. Eso lo pueden anotar. Me quitaré del camino. El boxeo no se deberá preocupar más por mí. Me retiro”.

La insatisfacción de Wilder es entendible, de cierta forma. Estaba desilusionado cuando su viaje a Moscú, donde debía defender su título ante otro peleador con problemas serios de uso de sustancias prohibidas, el ruso Alexander Povetkin, fue cancelada debido a que Povetkin dio positivo por segunda vez en la prueba de dopaje. La misma situación se dio de nuevo con Ortiz, dejando a Wilder preguntándose si talvez debía ganar más a menudo por puntos, con el fin de convencer a posibles oponentes de que un encuentro con él puede llevar a algo más que una bien-compensada visita al hospital más cercano.

“Mi poder es una bendición y una maldición,” reflexionó. “Es una maldición porque muchos hombres han de alguna forma, arruinado mi carrera. Es una maldición tener tanto poder, tener un record como este, porque los mejores (oponentes posibles), se ponen temerosos.”

Será interesante ver qué pasa si/cuando Wilder enfrente al campeón peso pesado de la FIB/AMB/OIB Anthony Joshua (19-0, 19 KOs), un medallista de oro para el Reino Unido en las Olimpiadas de Londres 2012, quien tomará un sustituto de última hora en Carlos Takam (35-3-1,27 KOs) este sábado en el Principality Stadium de Cardiff, Gales que será televisada en Estados Unidos por Showtime. Wilder definitivamente estará viendo esto, talvez para cerciorarse por él mismo de si el británico pega tan duro como él y si tiene posibilidades de extender su racha de KOs.

Incluso los mejores peleadores, no siempre ganan, y pegadores devastadores no siempre ganan por nocaut. Qué tanto shock será para el sistema de  aquellos que están acostumbrados a noches cortas y espectaculares, darse cuenta de que no son tan invencibles como ellos mismos se lo hacían creer, es una pregunta que solo aquellos, que de repente han caído en cuenta de su falibilidad humana, puede responder.

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