La injusticia de la AMB tiene nombre: ¡Guillermo Rigondeaux! -Voy a “poner el parche antes que salga el grano”. Escribí que Guillermo Rigondeaux nunca debió ascender dos divisiones para enfrentar a Vasyl Lomachenko, campeón mundial súperpluma de la Organización Mundial (OMB). La vida demostró que fue un supremo error de cálculo de él y de su entrenador Pedro Luis Díaz porque en ningún momento ante el ucraniano apareció el indiscutible talento que el Chacal SIEMPRE (lo refuerzo con mayúsculas) exhibió en las 122 libras. Más lamentable, que el avezado técnico no ha tenido una gota de humildad para reconocer que se equivocó y condujo a su discípulo por un barranco, con microscópicas posibilidades de salir con el brazo en alto, y peor aún que el boxeador ya con 37 años ahora afronta un futuro incierto.

Reconocido lo anterior, considero que la Asociación Mundial (AMB) ha dado un golpe bajo al pequeño púgil de Santiago de Cuba, al despojarlo del título de súper campeón del organismo, que ganó encima del cuadrilátero, y en un ensañamiento “manu militari” le haya aplicado una segunda “sanción” al excluirlo de los 15 primeros del ranking de la categoría súpergallo.
No existe ningún atisbo, antes o posterior al fracaso, de utilización de sustancias prohibidas, tampoco de una sancionable conducta social o deportiva por parte de Rigondeaux, por lo que resulta un contrasentido aplicar las dos drásticas medidas a un gladiador que toda su carrera, amateur y profesional, ha sido un ejemplo de dedicación al entrenamiento y conducta correcta tanto dentro del cuadrilátero como fuera de él. A simple vista carece de explicación lógica, ni tampoco la AMB ha dado una razón categórica, ni siquiera que la decisión esté sustentada por los reglamentos de la organización. ¿Por qué lo hace entonces? Carezco de una respuesta fidedigna, pero me inclino a pensar que existe interés en beneficiar a los que ocupan la cima, pues ahora no tendrán la presión de enfrentar al Chacal.

Convertido por sus triunfos y forma de combatir en una súperestrella del boxeo cubano, Rigondeaux llegó a la cima del boxeo aficionado, al conquistar par de títulos olímpicos en Sydney-2000 y Atenas-2004 y también otros dos en los Mundiales amateurs de Belfast, Irlanda del Norte, 2001 y Mianyang, China, 2005. Su maestría lo hizo casi invencible en esa etapa, que concluyó cuando se fugó de una delegación de la isla que se entrenaba en Brasil y tuvo una difícil etapa en la que las autoridades deportivas del archipiélago caribeño lo separaron del deporte, tras el regreso a Cuba.
Con posterioridad a salir de la isla y ya en el pugilismo de paga, Rigondeaux alcanzó el cetro interino de la AMB en solo siete combates y en enero de 2012 la corona regular, después de acabar en seis asaltos con el estadounidense Rico “Suavecito” Ramos, en el Palms Casino y Resort, de Las Vegas, donde el norteño besó la lona en el primer y sextos asaltos.

Su consolidación como astro de los encordados llegó en el 13 de abril de 2013, cuando se impuso inobjetablemente y por fallo unánime al filipino Nonito “El Flash” Donaire, entonces con una racha de 30 victorias a los largo de 12 años y dueño del cinturón súpergallo de las 122 libras. El enfrentamiento se desarrolló en el Radio City Music Hall, de Nueva York.
Consumado el éxito ante uno de los más encumbrados peleadores de ese momento, los rivales rehuyeron la confrontación con el zurdo caribeño, utilizando múltiples excusas, las más recurrida que no presentaba combate y que solo se dedicaba a huir por todo el ring. Sin embargo, los expertos reconocieron su indiscutible talento (dominio defensivo, sentido de la distancia, velocidad de piernas y pegada con ambos puños) para ubicarlo entre los mejores sin distinción de categoría.

Aunque Rigondeaux retó sin éxito a la principales figuras de la división (entre ellos el mexicano Leo Santa Cruz y el inglés Carl Frampton), la AMB dio una muestra de animadversión hacia el cubano al retirarle el título (lo declararon “campeón en receso”) en enero de 2016 por no escalar el cuadrilátero en 18 meses. Pero en ningún momento el Comité de Campeonatos de la AMB exigió a los ubicados en los primeros lugares de la clasificación que debían enfrentarlo, so pena de perder sus posiciones. En aquel instante como ahora, se fueron por la tangente: sancionar a Rigondeaux.
Meses después, la AMB también despojó al inglés Carl Frampton de la faja, porque se negó a defenderla frente a Rigondeaux. Entonces ordenó la reyerta entre el Chacal y el mexicano Moisés “Chucky” Flores, monarca interino, con el propósito de eliminar títulos y tener un dueño único del cinturón.
En un controvertido resultado, Rigondeaux anestesió a Flores al cierre del primer asalto, el 17 de junio de 2017, en el hotel y casino Mandalay Bay, de Las Vegas, donde se creó una confusión generalizada al concluir abruptamente el pleito. Con posterioridad se determinó que el impacto decisivo del gladiador cubano había ocurrido después de la campana, por lo que anularon el resultado y se ordenó un nuevo choque.

Pero hace algunas semanas, la AMB autorizó al entonces súper campeon Rigondeaux (17-1-0, 11 KOs) a dejar en el limbo un segundo enfrentamiento frente a Flores, para que pudiera rivalizar ante “Hi-Tech” Lomachenko, pelea que se efectuó el 9 de diciembre, en el histórico Madison Square Garden, de Nueva York. No obstante, el organismo estableció que si el cubano ganaba tendría una semana para decidir su futuro, que en la práctica significaba mantener el título despojado al ucraniano o regresar como flamante monarca súpergallo.
También dejó claro que en caso de revés, como sucedió, Rigondeaux perdería la faja de las 122 libras, sin mencionar entonces que igualmente sería expulsado de los 15 primeros en el ranking, algo totalmente descabellado para un súper campeón, que solamente ascendió en busca de otra corona y no logró conquistarla.
Ciertamente, Rigondeaux quedó a deber ante Lomachenko. No mostró ninguna de sus habilidades, pero en modo alguno el revés debió tomarse como punta de lanza para no permitirle continuar en la cima de los súpergallos y rivalizar contra el propio Flores, el estadounidense Daniel Román o algún otro de los que aparecen en puestos relevantes del organismo.

En su lugar, la AMB decretó campeón regular a Román (23-2-1, 9 KOs), quien dicho sea de paso no ha peleado contra ningún adversario de relevancia, y expondrá la corona ante el japonés Ryo Matsumoto (11no en la clasificación), el 28 de febrero en la sala Korakuén, de Tokio, la capital nipona.
Según versiones, los directivos de la AMB ven con buenos ojos que el vencedor del Román-Matsumoto se enfrente a Flores este mismo año para dejar un campeón único en las 122 libras.

La injusticia de la AMB tiene nombre: ¡Guillermo Rigondeaux!

Sin duda alguna, la injusticia de la AMB tiene un nombre: ¡Guillermo Rigondeaux!

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