Daniel Román vs Moisés Flores y los subterfugios de la AMB -A simple vista parece lógico que el campeón mundial Daniel “Danny” Román enfrente al titular interino Moisés Flores. Es una pelea obligatoria en las 122 libras, por disposición de la Asociación Mundial (AMB), que intenta eliminar los multiplicidad de monarcas y tener uno solo en cada categoría. Comprensible y necesario, sería el criterio de la mayoría. Pero como dice el refrán “las apariencias muchas veces engañan”.

El pleito está señalado el 16 de junio, en Frisco, Texas y será respaldo del estelar que protagonizarán el estadounidense Erroll “La Verdad” Spence Jr., titular welter de la Federación Internacional (FIB), y el retador mexicano Carlos “Chema” Ocampo, ambos invictos en el mundillo rentado.

Pero si hurgamos en la decisión de la AMB, resulta notorio y crea enorme perspicacia como han excluido a un púgil que por méritos propios debía formar parte de la ecuación: el cubano Guillermo “El Chacal” Rigondeaux.

Román, también conocido por el pseudónimo de “El Asesino con Cara de Niño”, se adueñó de la corona regular súper gallo, al vencer por nocaut en el noveno asalto al japonés Shun Kubo, el 3 de septiembre de 2017, en la Shimazu Arena, de la ciudad de Kyoto. Un triunfo obviamente meritorio, máxime que lo obtuvo en territorio ajeno y ante la entusiasta afición asiática.

Más reciente, el 28 de febrero último, Román (24-2-1, 9 KOs) dispuso por unanimidad del también nipón Ryo Matsumoto, en el Korakuén Hall, de Tokio, la capital japonesa, donde hizo la primera defensa del cetro de las 122 libras, que se convirtió en la decimosexta victoria consecutiva desde el segundo revés de su carrera, en octubre de 2013. La votación no ofreció margen a dudas de su victoria, pues dos jueces votaron 119-109 y el otro 118-110. Solo habría que objetar que Matsumoto no era el adversario que merecía disputar el trono, pues ocupaba el undécimo lugar en la clasificación.

Aunque su récord luce inmaculado, la historia de “Chucky” Flores (25-0-0, 17 KOs) es completamente diferente. Con el título interino en su poder, Flores se enfrentó a Rigondeaux (entonces súper campeón del organismo) el 17 de junio de 2017, en el Mandalay Hotel y Casino, de Las Vegas.

En lo que resultó un controvertido fallo, Rigondeaux anestesió a Flores con un potente gancho a la barbilla en los instantes finales del primer asalto, que de inmediato derivó en una confusión generalizada. Inmediatamente de la recuperación de Flores, quien permaneció de espaldas al tapiz durante varios segundos, el árbitro Vic Drakulich dio por ganador a Rigondeaux, después de observar la grabación en video de lo ocurrido.

Casi de inmediato, el grupo de Flores hizo la reclamación y varios días después la Comisión Atlética de Nevada (NSAC, en inglés) revertió la victoria y en su lugar estableció que el resultado er de “No Contest” (sin decisión) por lo que ambos gladiadores quedaban con sus récords sin alteración.

En consonancia con el fallo que no reconocía el triunfo de Rigondeaux, la AMB ordenó negociar la revancha, con fecha límite para verse las caras nuevamente de los dos púgiles a mediados de noviembre del propio 2017.

Entonces, Rigondeaux y su entorno decidieron ir en busca del ucraniano Vasyl “Hi-Tech” Lomachenko, campeón súperpluma de la Organización Mundial (OMB), subestimando los riesgos a los que se exponía el pequeño gladiador caribeño al ascender para de divisiones y ante un rival de enorme talento.

La AMB autorizó que Rigondeaux dejara en el limbo la segunda reyerta frente a Flores, para que pudiera enfrentar a Lomachenko, pero con una injusta condición: si el cubano ganaba tendría una semana para decidir su futuro, pero si perdía (como sucedió) sería despojado del cinturón de las 122 libras.

Todavía más incomprensible y descabellado fue el castigo de expulsar a Rigondeaux de los primeros 15 en el listado de la organización, por el simple hecho de buscar otra corona y no conquistarla.

Ciertamente, Rigondeaux quedó a deber ante Lomachenko. No mostró ninguna de sus habilidades, pero en modo alguno el fracaso debió tomarse como punta de lanza para no permitirle continuar en la cima de los súpergallos y rivalizar contra el propio Flores (actualmente número 1 del ranking), el propio Román o algún otro de los que aparecen en puestos relevantes del organismo.

Con ese panorama, el estadounidense Román, de 28 años, y Flores, de 31 y oriundo de Guadalajara, México, cruzarán guantes el próximo sábado en Frisco, Texas.

“Todo el mundo sabe que quiero pelear contra los mejores y Flores está ahí”, dijo Román, quien suma 16 victorias, tras perdery unánime en ocho asaltos frente al mexicano Juan “Pochito” Reyes, el 18 de octubre de 2013. “Está invicto por alguna razón y es el retador número uno para mi título. No voy a dejar que Flores ni nadie tome mi cinturón”.

Antes de combatir versus Rigondeaux, Flores se había impuesto por votación de los tres jueces al namibio Paulus “La Roca” Ambunda, el 11 de junio de 2016, en la ciudad de Windhoek, Namibia, donde disputaron la faja de la Organización Internacional (OIB), en poder del africano, y la interina de la AMB, de Flores.

“Román es un buen boxeador y un púgil que pelea bien en el contraataque, pero yo soy un guerrero, así que estaré listo para todo lo que traiga”, afirmó Flores a la cadena ESPN. “Si no puede aguantar mi poder, se irá temprano. Este es un evento que debo ganar y estoy decidido a convertirme en campeón del mundo”.

Y mientras Román y Flores tendrán la posibilidad de disputar el título del mundo en la categoría súpergallo, Rigondeaux fue sometido a un incomprensible ostracismo por los subterfugios de la Asociación Mundial. Pagó caro el intento de pelear contra Lomachenko.