La experiencia de Manny Pacquiao enfrenta la pegada de Lucas Matthysse -Suenan cercanos y cada vez con mayor intensidad los tambores del adiós definitivo del ring del astro tagalo Manny Pacquiao, múltiple monarca mundial, quien cercano a los 40 años desafía además del Dios Cronos, a sus obligaciones como senador de Filipinas.

En varias ocasiones, “PacMan” Pacquiao (59-7-2, 38 KOs) hizo derramar lágrimas entre sus seguidores al anunciar que había llegado la hora del retiro y por tanto se dedicaría a la política, con el propósito de encontrarle solución o al menos aliviar, la enormes necesidades de su pueblo, las que lo golpearon con fuerza inusitada en su niñez en la ciudad de Kibawe, segundo municipio de la provincia de Bukidnon.

Tras el revés unánime en una lucrativa pelea -algunas fuentes aseguran que recibió $ 150 millones- frente a Floyd Mayweather, en mayo de 2015, Pacquiao afirmó que ya no habría más combates, que sus energías en lo adelante estarían enfiladas hacia el servicio público, en el empobrecido archipiélago del sudeste asiático.

Once meses más tarde, Pacquiao destrozó sus palabras previas, al firmar contrato para combatir frente al también estadounidense Timothy “La Tormenta del Desierto” Bradley, en un duelo revancha de mucho significado para el púgil filipino, pues en el anterior los jueces le endilgaron una derrota en las tarjetas que estuvo lejos de haber ocurrido sobre el cuadrilátero.

En el segundo compromiso, disputado el 9 de abril de 2016, Pacquiao venció unánime y en forma inobjetable a Bradley, en el lujoso hotel y casino MGM Grand, de Las Vegas. Como prueba de su superioridad, el filipino derribó al norteño en la 7ma. y el 9na rondas. Y casi de inmediato, Pacquiao señaló que a partir de ahí los guantes servirían de adorno en su extensa galería de medallas, trofeos y recuerdos, incluido el vacante welter de la Organización Mundial (OMB), que estuvo en juego ante Bradley.

Pero cuando el universo del boxeo casi se acostumbraba a que no vería más al monarca de seis divisiones (mosca, súpergallo, súperpluma, ligero, súperwelter y welter), el nombre de Pacquiao inundó nuevamente los cintillos periodísticos y las redes sociales, en un duelo ante el australiano Jeff “El Avispón” Horn, en el Suncorp Stadium, de Brisbane, Australia.

Dos oficiales (Chris Flores y Ramón Cerdán) vieron perder a Pacquiao (113-115), mientras la jueza Waleska Roldán al parecer tuvo una pérdida de visión temporal, al entregar su boleta favorable al boxeador local 117-111, distante de la apreciación generalizada, que estimó ganador al tagalo.

Casi un año después, Pacquiao regresa al encordado para cruzar guantes contra el argentino Lucas “La Máquina” Matthysse (39-4-0, 36 KOs), un hombre con dinamita en cada puño, que viene de anestesiar en el octavo episodio al tailandés Tewa Kiram, el 27 de enero pasado, en el Forum, de Inglewood, California, donde lucharon por la corona vacante welter de la Asociación Mundial (AMB). Un corte en el ojo izquierdo sufrió el sudamericano en el cuarto round, en tanto envió a la lona en par de ocasiones a su oponente en el octavo, cuando el árbitro Raúl Caíz Jr. dio por terminada las acciones.

Aunque en los últimos días se puso en duda la reyerta, Pacquiao, de 39 años, y Matthysse, de 35, se las verán el 14 de julio, en la Axiata Arena, de Kuala Lumpur, capital de Malasia, donde disputarán el título de las 147 libras, en poder del argentino.

Con dos victorias en línea, después de un fracaso ante el ucraniano Viktor “El Hombre de Hielo” Postol el 3 de octubre de 2015, Matthysse y su entrenador mexicano, Joel Díaz, aseguran que ya Pacquiao ha perdido muchas de las cualidades que lo llevaron a convertirse en uno de los mejores libra por libra, por lo que auguran un triunfo por la vía del cloroformo.

“Una cosa es cierta, Pacquiao no es el mismo de hace cinco años, ya no tiene el mismo cuerpo, ni los reflejos”, dijo Díaz en entrevista con ESPN. “No podemos menospreciarlo, pero indiscutiblemente se acerca a los 40 años y Lucas puede noquearlo, porque pega fuerte y cuando asienta los puños, lástima a los muchachos”.

Contradiciendo en parte las declaraciones del entrenador, Matthysse afirmó a la prensa argentina que “no creo que la edad sea un factor que me beneficie mucho”. También consideró en sentido opuesto al de Díaz, que su mayor preocupación son “la velocidad de los desplazamientos y la continuidad de los golpes de Pacquiao”, un estilo que ha identificado al filipino desde que comenzó a boxear.

Muy diferente es la opinión de Justin Fortune, el entrenador de fuerza y acondicionamiento de Pacquiao, quien asegura que al observar varios videos en peleas de Matthysse, “hemos visto que tiene varios defectos y debilidades en su estilo, que trataremos de explotar”.

Fortune explicó que en modo alguno se confían, porque igualmente detectaron los aspectos positivos del argentino, pero “ya tenemos la solución para compensarlos. Lucas es fuerte y peligroso, y además tiene a uno de los mejores entrenadores, pero hay malos hábitos y debilidades que Manny con su experiencia puede capitalizar para salir victorioso”.

Será un duelo en el que de un lado estará la experiencia de Pacquiao y del otro, la contundente pegada de Matthysse. El que consiga imponer su estilo de pelea, saldrá con el brazo en alto. ¿Será Pacquiao. O Matthysse? En un par de semanas tendremos la respuesta.

La experiencia de Manny Pacquiao enfrenta la pegada de Lucas Matthysse