Siempre me han indignado los abusos. Más aún si son morbosamente preconcebidos. Quizás por eso rechazo el combate entre el cubano Joel “Cepillo” Casamayor y el estadounidense Timothy Bradley el sábado 12 de noviembre en un lujoso hotel de Las Vegas. Me da mala espina, como si hubiera “gato encerrado” del promotor Bob Arum.

  Casamayor (38-5-1, 22 KOs) es un veterano de 41 años que por ley de la vida va en franco declive, en tanto Bradley (27-0-0, 11 KOs) se dirige en la misma dirección pero en sentido contrario: el oriundo de Guantánamo se desliza por la pendiente y Bradley la sube a pasos agigantados gracias a sus innegables virtudes y lozanos 28 años.

   Que hayan colocado el pleito en la misma cartelera de Manny Pacquiao y Juan Manuel Márquez considero que es parte de la artimaña para darle esplendor al presunto triunfo de Bradley. Millones de personas estarán pegadas a la pequeña pantalla esperando presenciar al ídolo filipino ante el combativo mexicano. E innegablemente la victoria incrementará el prestigio y las ofertas futuras al “chico de Arum”.

  Da la impresión que todas las piezas están colocadas con malicia en su lugar para que el bravucón Bradley salga con los brazos altos y Casamayor reciba un aplastante revés que lo obligue a poner fin a su exitosa carrera profesional, que incluye dos coronas. Y que por añadidura carga en su morral la corona juvenil del orbe en Puerto Rico y el fajín olímpico en Barcelona 1992.

   No puedo evitarlo, siento olor putrefacto en el ambiente. Y Bradley es parte del jueguito sucio: “No hay manera alguna que este tipo pueda ganarme”, dijo con ínfulas  Bradley, quien se agenció las coronas junior welter de la Organización y el Consejo Mundial (WBO-WBC) ante Devon Alexander en enero. “Este sábado todos sabrán por fin quien soy yo”.

   Luis de Cubas, promotor de Casamayor, no comparte la opinión generalizada de que Bradley hará añicos al veterano peleador cubano y por el contrario asegura que su representado dará una lección de vergüenza y buen boxeo. “La mayoría considera que Joel no tiene chance alguno contra Bradley, pero no será la primera ni la última vez que un boxeador experimentado le dé a una lección a un joven hambriento”, precisó De Cubas.

   Quisiera compartir el optimismo de De Cubas. Pero boxísticamente hablando veo pocas oportunidades para Casamayor, quien para colmo de males sufrió un accidente de tránsito en julio, cuando un camión de basura impactó su coche y le provocó lesiones menores en la espalda y las costillas. Fueron traumas menores. Sin embargo tuvo que alejarse temporalmente de la imprescindible preparación física, técnica y táctica que exige cualquier pleito, más aún cuando esa ausencia es un arma adversa, y quizás decisiva, en sus aspiraciones.

   Debo emitir mi pronóstico basado en hechos y no en conceptos emocionales, pues además de ser el más débil y formar parte de un chanchullo para que sea aplastado, Casamayor es un coterráneo al que admiré desde su juventud por su virtuoso boxeo.

   Objetivamente, Bradley tiene todas las de vencer: juventud, buen boxeo, técnica y pegada. Debe ser el ganador incluso antes del límite. Ese es mi pronóstico que coincide con el de la casi totalidad de los entendidos. Pero como me indignan los abusos, quisiera que Casamayor conquistara una rotunda victoria y echara por tierra el fétido ambiente que emana del combate.

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