No hay compasión en las encuestas: Juan Manuel Márquez, guitarrón en ristre, saldrá del ring entonando un triste corrido si es que para entonces está consciente, después de su pelea sabatina con Manny Pacquiao.

Y miren que de ese duelo se habla, se dice, se escribe. A escasas  horas del gong inicial, he pinchado un buscador de internet con los nombres de esos gladiadores y la respuesta es impresionante, hay tres millones y medio de referencias al inminente peleón.

Que si el azteca tiene 38 años, seis más que su rival, y no ha peleado con grandes figuras en las últimas salidas, sólo contra mediocres como Michael Katsidis. Y que Pacquiao le ganó a renombrados como Oscar de la Hoya, Miguel Cotto, Antonio Margarito, Joshua Clottey y Shane Mosley.

Entonces los recuerdos se van al primer duelo entre ambos, hace siete años, cuando el asiático lanzó más golpes, más potentes, a pesar de que Márquez tuvo un mejor por ciento de dianas en el blanco. Pantalón blanco para el latino, rojo para el hombre del Pacífico.

 Después de 12 rounds en ese 2004, y de una decisión de tablas, Pacquiao, que mandó a la lona a su oponente tres veces en el primer asaltó, desarrollaría  una espiral ascendente en el mundo de Fistiana.

Cuatro años hicieron falta rememoran otra vez los analistas para la segunda cita entre ambos, allí donde Pacquiao demostraría que no es solo una buena mano izquierda, sino también un buen jab de derecha, el llamado Manila Ice. Con pantalón blanco el asiático, de color negro su encarnizado rival.

Y Márquez perdió por la mínima diferencia posible en otros 12 rounds, aunque el minuto final del bout, cuando pegó a su contrario a las cuerdas, dio pábulo a la polémica sobre el verdadero ganador.

Solo horas nos separan del campanazo 25, y yo también me sumo a la corriente, Pacman va a demoler al guerrero que siempre fue Dinamita Márquez. Mis respetos para el chamaco, pero no solo de coraje vive el boxeador.

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