No poseo los conocimientos boxísticos de Pedro Díaz, entrenador de Miguel Cotto (que por cierto, es de mi tierra, de Villa Clara, Cuba), pero me atrevo a hablar con la misma autoridad que él: Cotto vencerá al mexicano Antonio Margarito antes del round 12 en la pelea que ambos disputarán el sábado 3 de diciembre en el Madison Square Garden, de Nueva York, por la faja mundial superwelter de la Asociación Mundial de Boxeo.

Nunca pondré en duda la valentía del azteca, ni su gran sacrificio para prepararse óptimamente con vistas a este tan promocionado segundo combate entre ambos, pero la realidad indica que está limitado por una lesion ocular que a la larga le va a pasar la cuenta cuando en el fragor de la batalla los golpes de su rival impacten en la región afectada.

Sobre Margarito estará puesta la atención extrema del tercer hombre del ring, de la Comisión Médica que le autorizó a combatir, preocupada por haber abierto (con las mejores intenciones) las puertas a un daño irreversible para la salud de este fajador incansable llamado Antonio Margarito.

Será como ocurría en el pasado en los duelos de esgrima. Se pactaban a muerte, o “a la primera sangre”. Cuando el pacto se basaba en el segundo compromiso, al sangrar uno de los rivales, sin que implicara una herida mortal, el juez (o los jueces) designado(s) por ambos contrincantes asumía(n) la autoridad conferida y detenía(n) la disputa.

Va a suceder lo mismo en Nueva York. Los golpes de Miguel Cotto van a buscar la zona del ojo derecho dañado de Antonio Margarito y sin dudas va a aparecer la sangre (la zona de los arcos oculares es bien frágil, no descubro el Mediterráneo), o peor aún, la inflamación, y el árbitro va a detener las acciones decretando vencedor al boricua.

Evidentemente soy un aguafiestas. Estoy contando la película a los espectadores que quieren disfrutarla a toda capacidad (o más bien a todo bolsillo porque son elevados los precios en el Madison Square Garden y también por el restringido sistema de “pague por ver”). Pero mi arriesgado vaticinio es solo parte de este esperado pleito en el que habrá emociones antes de llegar al final

(se me antoja como la “Crónica de una muerte anunciada”, novela del célebre escritor colombiano Gabriel García Márquez).

Y que nadie lo dude, habrá intercambios abundantes, golpes fuertes de Margarito, quien intentará liquidar a Cotto con su potente recto de derecha, aunque considero que el púgil de la Isla del Encanto está bien preparado como para dejarse sorprender.

En medio de ese fragor, Margarito que es muy valiente, pero no es de esos que practican la filosofía de pegar mucho y recibir poco, abrirá poco a poco la senda del triunfo para Cotto, quien saboreará su triunfo inspirado en el rencor que guarda por aquella derrota anterior que, al parecer, el mexicano consiguió ayudado por unas burdas manoplas envueltas en yeso.

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