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La oportunidad de pelear por un título mundial en el boxeo profesional no llega todos los días, aunque paradójicamente, en tiempos modernos, coexistan cuatro organizaciones que los conceden y entre ellas se haya puesto de moda la práctica de multiplicar –sin mesura– unos cinturones que dicen representar la supremacía del planeta de un solo púgil en una determinada división.

Favorecido en gran medida por esta realidad que desafía el absurdo, el filipino Richie “Magnum” Mepranum (31-4-1, 8 KOs) tendrá este sábado ante sí otra ocasión para vestirse de gloria adjudicándose uno de esos primados. Será su tercer asalto a un galardón de esta envergadura, un intento que (por si aún no ha tenido tiempo de reflexionar al respecto) tiene toda la pinta de hacer valer el popular refrán que asegura que, a la tercera, va la vencida.

En caso de fracasar en la consecución del fin deseado, no debe existir una cuarta pelea de campeonato para el boxeador tagalo; una derrota, como en las dos anteriores, lo relegará en la fila de contendientes y, casi con total certeza, obligará a su promotor y mánager a desistir por un buen rato del propósito de ayudarlo a coronarse después de tres tentativas infructuosas.

En la esquina opuesta, Magnum Mepranum tendrá al mandamás supermosca (115 libras) avalado por el Consejo Mundial (CMB), el invicto mexicano Carlos “El Príncipe” Cuadras (34-0-1, 26 KOs). El azteca saldrá a consumar la sexta reválida de su trono con la ventaja de recibir al retador en su Sinaloa natal, pues el duelo tendrá como escenario al Centro de Usos Múltiples, en Los Mochis, la conocida ciudad costera de ese estado de México.

El margen a favor que beneficia al campeón por calzar los guantes en casa alentado por su público es tan solo una entre muchas razones que lo harán partir como el gran favorito para terminar con su brazo en alto. Mepranum, al que le llegó la invitación del sinaloense una vez que el CMB aprobó la realización de una defensa del título opcional, tendrá que batallar contra viento y marea para poco menos que obrar un milagro. El pasado y el presente boxísticos de ambos indican que una victoria sabatina del peleador de Filipinas podría fácilmente encabezar la lista de los resultados sorpresivos del calendario 2016.

Sus opciones son exiguas –por no decir nulas– frente a un Cuadras que, a juzgar por lo ocurrido en sus últimas comparecencias en los cuadriláteros, lo supera en talento, preparación, dominio del Arte de Fistiana y, sobre todo, en la pegada. El Príncipe, medallista de oro en la categoría de 54 kilogramos (gallo) en los Juegos Panamericanos Río 2007, tiene solo una pelea a sueldo menos que el aspirante a su cetro (35 vs. 36), pero ha necesitado casi 100 rounds menos para sentenciar sus combates (163 vs. 262), porque carga en ambos puños dinamita de la más potente.

El historial del visitante, de 28 años (uno más que Carlos), también inclina los vaticinios en su contra. De las cuatro derrotas que ha sufrido en su trayecto en el pugilismo de paga, Mepranum archiva un trío –las tres más recientes– contra representantes de México, en todos los casos tras haber abandonado las comodidades de su hogar en Sarangani para jugarse el físico en casa de sus contrarios. Dos de esos traspiés fueron justamente en los que dejó escapar su sueño de adjudicarse un cinturón de campeón del mundo.

En junio de 2010, en Puebla, el por estos días venido a menos Julio César “Pingo” Miranda lo anestesió en el quinto asalto y se quedó con la entonces vacante faja mosca (112 libras) de la Organización Mundial (OMB).

Hernán “Tyson” Márquez fue su verdugo en marzo de 2012, en Hermosillo, con un triunfo por votación unánime en 10 asaltos que incluyó dos aterrizajes en la lona de Richie (rounds 2 y 7). Fue aquella una revancha de la reyerta que ambos dirimieran en mayo de 2010, en Texas, y en la que el filipino arruinó el invicto del mexicano, en un triunfo certificado por los tres jueces que ha sido el resultado más notable de su carrera hasta el presente.

Por último, en abril de 2014, Juan Francisco “El Gallo” Estrada le recetó otro nocaut (TKO-10), este en Puerto Peñasco, y retuvo sus cinturones de las 112 libras de la Asociación Mundial (AMB) y la OMB. Magnum sumó con ese su tercer descalabro en tierras aztecas, donde únicamente ha salido airoso en una escala, en septiembre de 2011, en Mexicali, pero a expensas del poco exigente Valentín “Picoco” León.

Nada hace pensar que este 23 de abril, el zurdo Mepranum se burlará de los pronósticos y materializará la impensada gesta de doblegar al ídolo local; todo lo contrario, se apresta a encajar su quinto revés, el tercero por la vía del cloroformo y, para completar la profecía, fulminado por una potente combinación de ganchos en el segundo tercio del pleito (5-8).

En lo que las negociaciones de El Príncipe Cuadras con el púgil al que arrebató el título del CMB, ahora convertido en su retador obligatorio, el tailandés Srisaket Sor Rungvisai (39-4-1), se reanudan para finalmente concretar la secuela de aquel enfrentamiento de mayo de 2014, el vigente campeón maquillará su récord con otro nocaut de puro trámite.

Richie “Magnum” Mepranum, de cualquier manera, debe sentirse un hombre dichoso en su profesión. Grandes estrellas del pugilismo profesional debieron aguardar una eternidad para recibir la oportunidad dorada de pelear por un premio de relevancia, y él, con esta, habrá disfrutado de tres.

Si el filipino no lo considerara así, enajenado por esta era del cuarteto de entidades boxísticas y los 1001 campeones, que busque en los archivos el nombre de un tal Archie Moore, que comenzó su trayecto asalariado en el deporte de los puños en 1935 y no fue hasta 1952, ya con 36 años y ¡158! peleas en su currículum (132-19-7, 97 KOs) que le permitieron retar por primera vez a un monarca del mundo.

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