Freddie_Roach2“A Pacman que guarde un dinerito” … (Freddie Roach)

Por Raúl Arce

Si yo fuera Roach, es decir, Freddy Roach, el entrenador de Manny Pacquiao porque hay otro Freddy Roach, jazzista, que toca el órgano en los clubes del Bronx, mi primera decisión hubiera sido cambiarme el apellido. Porque eso de “cucaracha”, que es una de sus traducciones al castellano, no se ve mal en el boxeo de los Estados Unidos, donde él se formó, pero en los bajos fondos del boxeo cubano un apodo así se lo encajarían a un cobarde. Es decir, a un cucaracha.

Pero en definitiva voy a pensar que sigo siendo Roach, y ya frente al Mal de Parkinson que marcó mi retiro hace 25 años, cuando tenía 26, demostré que no soy … bueno, que no hay que perseguirme con una escoba, así que ahora vuelvo a concentrarme en Pacquiao.

Ya que por mis venas corre sangre irlandesa, canadiense y francesa, y, empleando todas las mañas de mis ilustres antepasados, trataré de hacer creer a mi alumno filipino que él es más agraciado y canta mejor que Oscar de la Hoya, que él es un chico más malo que Mike Tyson y más fuerte que el mismísimo Vladimir Klitschko .

Claro, me queda poco por decirle a Pacquiao, porque de riposta él me soltaría que yo no he sido –ni por asomo—campeón en ocho categorías diferentes. En cambio, Manny “ahora me defiendo” yo fui capaz de preparar a Shaquille O’Neal para que boxeara en un reality show, y al actor Mark Walhberg para su papel en la cinta The Fighter.

Le recordaría que trabajé además de preparador con Lucia Rijker, dos veces campeona del mundo y considerada una de las mejores damas entre las cuerdas. Y con una palmadita en el hombro, guiñándole un ojo, convencería a Pacquiao de ir con todo a esta tercera bronca con Juan Manuel Márquez, que bastante dinerito hay por delante, mientras yo cobré solamente una vez –y ese fue el pago mayor de mi carrera—7500 dólares por una pelea.

Y como el boxeo no es eterno, ni siquiera para los entrenadores, si yo fuera Freddie Roach convencería a Pacquiao de reservar un dinerito, para que, cuando los años lo saquen del ring, se vaya conmigo a Las Vegas. Allí yo trabajé en telemarketing y como mozo antes de preparar boxeadores, así que podría guiarlo por las avenidas y los secretos de la ciudad.

Y le diría a Manny, si es que no lo oyó nunca, o no lo recuerda, que lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas.

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