¿Por qué no te callas, Manny? Juan Manuel Márquez

Por Fernando Vilá

   Existe un mundo de diferencias entre el púgil mexicano Juan Manuel Márquez y este redactor. La más evidente el coraje que tiene para subir a un cuadrilátero y enfrentarse a cualquier rival por bueno que sea. Pero si yo fuera “Dinamita” Márquez le diría a Manny Pacquiao, mi rival entonces el día 12 en Las Vegas: ¿Por qué no te callas? Has intentado herirme con palabras vacías. Pero demuestra sobre el ring todas tus amenazas. No eres solo tú, también tu entrenador, tu preparador físico y hasta tu manejador han lanzado agríos comentarios sobre mí. ¿Están nerviosos? ¿Preocupados?

    Has tomado muy a pecho la camiseta que me puse tras finalizar mi pelea con Michael Katsidis. Te duele, pero solo dice la verdad. Te vencí dos veces y en ambas fuiste favorecido por los jueces, aunque una de ellas finalizó en empate. Reconócelo. ¿Quieres demostrarte a ti mismo que puedes derrotarme limpiamente? Pues ven y demuéstralo. Pero te aseguro que me he preparado como nunca para noquearte. 

    Por supuesto, en mi clonación como otro Juan Manuel Márque, le recordaría al asíatico que no me avergüenzo en reconocer que me hizo caer a la lona, pero no ha podido noquearme como hubiera sido su intención y ha hecho con otros rivales de menos resistencia física.

       Si estuviera por un momento dentro del cuerpo del combativo mexicano le diría al filipino que es imposible me pueda derrotar, aunque él se extasía por los comentarios de que es el mejor libra por libra del mundo. Y sin alardes le recordaría que en el mundo hay dos rivales que lo pueden vencer: Floyd Mayweather Jr. y este mexicanito, algo que la vida le va a demostrar en poco tiempo.

      Al final terminaría haciéndole un recordatorio a Pacquiao para que no llegue tarde el sábado a Las Vegas (aunque estoy seguro se irá más temprano de lo que quisiera). También sé que mis puños lo harán meditar si posterior al combate es preferible dedicarse de lleno a la política en su país o tiene el valor de pedirme la revancha.

   Igualmente recibiría un consejo en mi despedida: Manny, cuán difícil te será a partir del sábado pararte delante de cámaras y micrófonos y seguir ofendiéndome, porque tendré un objeto que no volverá a ser tuyo: la faja welter de la Organización Mundial.

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