julio cesar chaves jrAunque faltan escasas horas para la discusión del título mediano con Peter Manfredo en Houston, Texas, si a través de la mutación este sexagenario redactor pudiera convertirse en Julio César Chávez Jr., el primer paso sería convencerme que no soy mi progenitor.

Lógicamente, el “Junior” esta orgulloso de su padre de igual nombre y una de las mayores glorias que ha dado el pugilismo con tres coronas mundiales en divisiones diferentes y 12 defensas del título, pero debe comprender que es un ser diferente aunque existan muchas coincidencias genéticas.

Si yo fuera él pelearía mañana ante Manfredo en el Reliant Stadium con mi propio estilo y aprovechando mis características personales. Nada de enfrascarme en el cuerpo a cuerpo, que beneficiaría a mi rival, porque yo mido 1,83 metros y Manfredo 1,78.

Prácticamente desde que nací (transformado este escritor en “bebé” Chávez junior) escuché el parecido con mi padre. Después amigos y familiares lo repitieron hasta la saciedad. Tanto fueron los elogios que cuando comencé en los trajines boxísticos deseaba (y todavía lo deseo) que él sintiera el orgullo de tener un hijo que se le parece. Y así crecí no puedo negarlo.

Pero nuestros estilos son diferentes. Él con 5,7 de estatura y alcance de 169 centímetros, descolló por la fuerza de sus puños, estilo implacable, agresivo y de ataque, además de tener una mandíbula a prueba de balas. Ese era mi padre.

Yo también tengo pegada, pero mis seis pies de estatura y 185 centímetros de alcance me permiten, más bien me obligan, a combatir en la media y largas distancias, nunca en el “zapatilla con zapatilla”, donde me resulta muy difícil desembarcar los golpes fuertes debido a la longitud de mis extremidades.

Y como tengo 25 años cumplidos y 44 combates, me percataría que Manfredo (37-6-0, 20 KOs) tiene más edad, pero no puedo equivocarme en la táctica de combate, porque el “Orgullo de Providencia” acumula seis triunfos consecutivos y puede ser un gran escollo en mis aspiraciones de seguir ascendiendo en mi carrera profesional.

Si yo fuera él buscaría que no continuaran llamándome el “Junior” Chávez y adoptaría un nombre más apropiado, aunque entiendo que para mí sería muy fácil porque no vine a este mundo siendo un descendiente varón de una leyenda del boxeo. Entonces seguramente pensaría diferente.

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