“Mi arma sería la picardía mexicana” (Antonio Margarito)

Si yo fuera el mexicano Antonio Margarito (38-7-0, 27 KOs) de ninguna manera me metería en el cuadrilátero, con mi ojo derecho afectado, contra el puertorriqueño Miguel Cotto (26-2-0, 29 KOs ), quien de seguro va a atacar ese punto débil desde el primer instante de pelea.

Pero claro, ese soy yo, que pienso en cuidar mi salud, a diferencia del astro mexicano que es un guerrero comprobado y no se detiene ante ningún obstáculo cuando se encuentra sobre el ring o en camino de liarse a golpes contra cualquier rival.

Y ahora, alojado en el cerebro del verdadero Margarito, intentaré pensar lo que él haría para afrontar su combate el 3 de diciembre con Cotto, en el Madison Square Garden neoyorquino, por la faja superwelter (153 libras) de la Asociación Mundial de Boxeo (WBA).

Limitado por la innegable lesión en el ojo derecho, creo que utilizaría la picardía mexicana como arma principal para aspirar al triunfo. No tengo dudas que la Comisión Médica va a estar muy pendiente de mi ojo, y si se hincha, o aparece algo de sangre va a dar la orden detener las acciones al tercer hombre del ring, para evitar la responsabilidad por un daño irremediable en el futuro.

Y quién quita que en un casual encuentro de cabezas, algún roce, se produzca un corte (claro, un cortecito, nada grave) sobre mi ojo derecho y consiga hacer ver al árbitro que Cotto me ha agredido intencionalmente. Con tal picardía podría conseguir el triunfo por la descalificación de mi rival. No es mala idea, verdad?

No obstante, estoy convencido que debo tener los pies (más bien las zapatillas) bien puestos sobre el encerado, y sin pensar ya en una casualidad tan conveniente como la descrita anteriormente, lo primero es mantener protegida al máximo mi zona dañada, e intentar sorprender con mi potente recto de derecha a Cotto que, reconozco es un boxeador inteligente.

Con respecto a aquella primera pelea (en la que le di una paliza, aunque quedaron dudas por lo de lo del vendaje ilegal, pero ni quiero recordar esa historia) sólo debo cambiar mi concepto de la defensa. No puedo exponerme tanto a los intercambios (que tanto me gustan) porque en ellos suelo sacar ventaja.

Sería suicidarme. Debo tener un poco más de cautela para proteger mi órgano afectado de la vision, y cazar todo el tiempo a mi adversario, para meterle un derechazo demoledor, uno solo, que me abra el camino hacia la victoria y deje en silencio a todos esos miles de fanáticos que me gritarán ofensas y apoyarán hasta el delirio a Cotto, en el Madison Square Garden.

margarito si yo fuera

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