steward pik“Me quito el sombrero” (Emanuel Steward)

Dándole vuelo a mi cerebro después del inobjetable triunfo del puertorriqueño Miguel Cotto sobre el mexicano Antonio Margarito el 3 de diciembre en el Madison Square Garden, de Nueva York, me pregunto: ¿Qué haría si yo fuera el exitoso entrenador Emanuel Steward?

Por supuesto, es difícil asumir la personalidad de un hombre como Steward , que a los 67 años exhibe una triunfal carrera de 93 triunfos y solo cuatro reveses durante su época como boxeador amateur, después fue electricista y más tarde se convirtió en una leyenda del boxeo, que ha sido exaltado al Salón de la Fama del Boxeo Internacional y del Boxeo Mundial.

Pensar como Steward me obliga a analizar la inobjetable y rotunda victoria de Cotto en diez asaltos frente al “Tornado de Tijuana, algo que para mí (recuerden, soy Steward) estaba fuera de todo pronóstico, teniendo en cuenta que el puertorriqueño cambió mi experiencia por la de un debutante en el mundo profesional como el cubano … (discúlpenme, pero es tan desconocido que no he grabado su nombre).

Infinidad de especulaciones y dudas surgieron por la separación entre nosotros (de Cotto y este servidor, Steward) y más aún porque el boricua subestimó lo que hice por él en los triunfos ante Ricardo Mayorga, en Las Vegas, y frente al israelí Yuri Foreman, en el Yankee Stadium, donde conquistó la faja de la división superwelter de la AMB, después de recibir nocaut de Manny Pacquiao en 2009.

E igualmente ignoró mi prestigio de entrenador a grandes campeones como Thomas Hearns, Aaron Pryor, los hermanos ucranianos Wladimir y Vitali Klistchko, Lennox Lewis, Oscar de La Hoya, Tony Tucker y Julio César Chávez, entre otros.

Al principio tuve que contener mi orgullo para no gritar que Cotto estaba loco y se estaba lanzando hacia una derrota segura, al obviar la calidad de Margarito y la paliza que le propinó en julio de 2008. Por supuesto, yo no estaba al margen de la lesión del “Tornado de Tijuana” y la posibilidad de que su afectado ojo derecho era un talón de Aquiles que podía interrumpir su aspiración de ganar el combate.

Puedo asegurar sin discusión de ninguna clase que encabezo (yo, Steward) la lista de los más sorprendidos por la demostración de Cotto, que picó como una abeja, se movío como un lince y convenció a todos de su magnífica forma física y el cumplimiento de un exquisito plan táctico.

Dejando a un lado mi prepotencia y sorpresa, lo primero que debo hacer es tragarme mis palabras porque dije que “Margarito es más fuerte mentalmente que Cotto” y que cuando “Cotto sienta los golpes de Margarito, él podría empezar a correr y su confianza se derrumbaría y terminaría recibiendo la paliza de su vida a pesar de sus habilidades”.

No saben cuanto valor debo tener para reconocer el error de lo que expresé, que deja muy mal parados mis conocimientos, larga trayectoria pugilística y también los análisis que he efectuado en funciones de comentarista de boxeo.

Debo con humildad respaldar en toda su extensión las palabras del doctor cubano Pedro Luis Díaz Benítez (ven, ya me aprendí su nombre y también su nivel universitario), el entrenador de Cotto (además mi sustituto) para ese trascendental pleito.

“Vimos a un boxeador técnico, rápido, que combinó todo tipo de golpes y trabajó las tres distancias. Demostró que es un excelente atleta y trabajó magistralmente para evitar las cuerdas”, según dijo Díaz Benítez al valorar el combate y a mí no me quedan dudas que así fue.

Podría decir mucho mas, pero después de tantas especulaciones y cuestionamientos infundados de mi parte, doblo mis rodillas, hago una genuflexión de reverencia y me quito el sombrero ante Pedro Luis Díaz. Si Cotto sigue siendo rey es gracias a los conocimientos del cubano.

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