Miguel-Cotto12032012Miguel Cotto afronta una gran disyuntiva. Su revés ante el estadounidense Austin Trout destapó los demonios del retiro. Pero valga una aclaración: “Junito” no decepcionó en el combate disputado el 1 de noviembre en el Madison Square Garden. Desde mi óptica perdió, pero ratificando que es un gran guerrero, que siempre entrega lo mejor sobre el ring.

Como también ocurrió en el pleito precedente ante Floyd Mayweather Jr., al que obligó a dar el máximo para llevarse la victoria en fallo unánime unos meses antes en Las Vegas.

El verdadero dilema para Cotto es definir si llegó el momento de colgar los guantes o si todavía tiene suficiente pólvora en sus guantes y motivación en el corazón para seguir adelante.

Tras el pleito frente a Trout, el boricua afirmó que su carrera “no ha terminado todavía”. Me inclino por pensar que sus palabras brotaron incontrolables como consecuencia de su exitosa carrera y de la estirpe de campeón que lleva dentro.

“Todavía tengo el boxeo en mi mente y solo quiero descansar con mi familia el resto del año”, expresó Cotto. “Nunca hago excusas, acepto mis derrotas, aprendo de ellas y simplemente sigo adelante”.

Excelente filosofía. E igualmente una muestra de inteligencia y humildad. Pero han transcurrido los años, desgastadores y exigentes años sobre el cuadrilátero, desde que debutó como profesional ante el estadounidense Jason Doucet el 23 de febrero de 2001.

Y muchos más desde aquella etapa amateur en la que se convirtió en subcampeón mundial juvenil o asistió a Juegos Panamericanos y Olímpicos.

En ese largo camino de éxitos en el mundo rentado, y por encima de todo de sacrificios, Cotto acumuló fajas mundiales en tres divisiones diferentes: superligero, welter y superwelter.

Frente al talento de Cotto sucumbieron en Nueva York, Mohammad Abdullaev, Paulie Malignaggi, Zab Judah, Shane Mosley, Michael Jenning, Joshua Clottey y en diciembre pasado Antonio Margarito.

Precisamente en la Gran Manzana, escenario de esos grandes éxitos y donde ha sido un ídolo permanente, Trout interrumpió su racha victoriosa en la ciudad de los rascacielos, como prueba de que el tiempo es el verdugo de todos los seres humanos.

“Me pongo más viejo cada año”, dijo Cotto unos días

antes del pleito versus Trout. “Eso no es un secreto y sé que mi retiro está cada vez más cerca. Siento que todavía me queda boxeo. No mucho, pero me queda”.

Tampoco albergo dudas que todavía su nombre será atracción de cartelera. Los promotores y rivales lo buscarán y podría seguir algún tiempo más. En fin de cuentas se puede decir que no es demasiado viejo, pues tiene 32 años y no está acabado.

De otro lado, seguramente hay suficiente interés para una revancha ante Trout. O que se logre el acuerdo para que enfrente a Saúl “El Canelo” Álvarez, u otro famoso de las 154 libras.

Pero buscando qué. Prestigio, fama y dinero han fluido en forma constante durante mucho tiempo. Más aún, Cotto tiene asegurado un puesto en el Salón de la Fama del boxeo cuando se retire.

Siempre es difícil aceptar que la época dorada quedó atrás y comienza el inevitable descenso que golpea a todos los seres humanos. Ejemplos sobran. Pero los golpes causan traumas, en ocasiones irreversibles en nuestro cerebro.

“Tengo una familia hermosa a la que descuidé por varios momentos de mi vida”, precisó el astro boricua. “Tengo cuatro hijos entre 5 y 16 años y mientras más cerca los tenga, mucho mejor.

En sus propias palabras está la respuesta al camino que debe tomar y quienes serán los máximos beneficiados de esa nueva vida alejada de los golpes, limitaciones y sacrificio extremo día tras día.

¿Colgará Cotto los guantes? Decisión muy difícil que podría privar al mundo del boxeo de un púgil realmente extraordinario. Pero si lo hace yo lo aplaudiría. ¿Ud. no?

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