Donaire

Números, miedos, desmemoria e incompetencia son los principales ingredientes del culebrón mediático-deportivo que involucra a los súper gallos Nonito Donaire (31-1-0, 20 KOs), Abner Mares (25-0-1, 13 KOs) y Guillermo Rigondeaux (11-0-0, 8 KOs). ¿Quién es el campeón del mundo en las 122 libras? Pues nadie lo sabe. Mientras exista la discordia fuera del ring entre estos tres boxeadores, ninguno podrá considerarse el verdadero jerarca.

Solo en el cuadrilátero y con pantaloncillos cortos se definirá la controversia entre estos tres, quienes se han enredado en un toma y daca de bravuconadas y estúpideces verbales, atizadas por las contradicciones de sus promotores y la desmemoria de los medios de comunicación.

¿Cuál es la combinación más lucrativa? Sin dudas la que empareja al filipino Donaire y al mexicano Mares. Con el azteca en juego está garantizada la rentabilidad del negocio. Millones de sus compatriotas, a ambos lados del Río Bravo, no temblarían a la hora de abrir sus billeteras con tal de presenciar este enfrentamiento.

Nadie -disculpen el ser absoluto- consume tanto boxeo como los mexicanos. Y mientras mayor sea la demanda, más suculentos serán los dividendos. No es más que algebra elemental.

Pero las divergencias entre Golden Boy Promotions, apoderada de Mares, y Top Rank, de Nonito, se ha convertido en una barrera infranqueable. Ninguna quiere dar su brazo a torcer. Consideran herético contribuir a que la otra se enriquezca y por consiguiente hacen lo posible y lo imposible por no llegar a un acuerdo.

¿Cuál es la mejor variante en el plano estrictamente deportivo? Nonito versus Rigondeaux. 'El Flash' asiático es el número uno hasta que se demuestre lo contrario. Al menos los especialistas creen eso. En tanto el cubano, además de haber sido uno de los mejores boxeadores amateurs de todos los tiempos, es superior a Mares en calidad deportiva y palmarés.

Seguramente me estarán tildando de esquizofrénico en este momento, sin embargo, una brevísima ojeada al pasado corrobora la anterior afirmación. Lo más llamativo en esta retrospectiva es que Guillermo Rigondeaux y Abner Mares ya pelearon entre sí. Fue en la final de los Juegos Panamericanos de Santo Domingo, República Dominicana 2003. Y allí el caribeño derrotó inojetablemente a su adversario.

Estoy convencido que Mares recuerda esa reyerta. Para cualquier atleta contender contra un campeón olímpico es un honor. Él tuvo esa oportunidad y que no haga mención de ese detalle en el presente es lo más natural del mundo. El ser humano suele bloquear en la memoria los sucesos negativos y sería estupido de su parte revelar un dato tan valioso.

El Chacal, por su parte, seguramente ni se acuerda de aquel encuentro. El tiempo hace olvidar. Y es imposible para él recordar un rostro más, entre los más de 200 hombres que subieron al ring con la intención de vencerlo y que al final tuvieron que hincar la rodilla en señal de pleitesía -obtuvo en su trayectoria amateur un total de 243 victorias en 247 combates.

Increíblemente esa trifulca -yo driría que FANTASMA- ha sido obviada olímpicamente por los grandes medios especializados. ¿Será porque los principales especialistas y el público mayoritario para el que trabajan son mexicanos? Prefiero creer que fue una inocente omisión.

Lo grotesco es que el entorno del Chacal no haya sabido explotar esa arma. Ni tampoco escudriñara en el pasado amateur de ambos para encontrar más pruebas que demuestren que Rigo es superior a Mares.

Su historia olímpica es reveladora. Los dos llegaron siendo unos niños a los Juegos Olímpicos. Rigondeaux logró el primer título con apenas 19 años (Sydney 2000) y a los 23 ya era doble campeón (Atenas 2004). En tanto, Mares arribó a la competencia de los cinco aros con 21 años y perdió por puntos ante el húngaro Zsolt Bedak en su primera presentación. En su andadura aficionada el azteca efectuó 120 combates con 112 éxitos y 8 fracasos.

De continuar en lo referente a éxitos pasados en mundiales junior y de mayores la comparación se tornaría todavía más desigual…, pero démosle el beneficio de la duda a Mares porque en el profesionalismo ha tenido una carrera inmaculada al igual que Rigondeaux. De ahí se desprende la que sería, a mi entender, la combinación más justa: Mares versus Rigondeaux y el ganador iría en un megacombate contra Nonito Donaire, que por cierto, es el número uno, pero un verdadero campeón no evita a los mejores. Y si persiste en esquivar los reclamos de Mares y Rigo, es mejor que se compre un perro. O sino, que se dedique a jugar ajedrez o a diseñar modas.

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