ring pikenero262013Pudiera parecer un tontería escribir al respecto. Pero es que la historia se repite. Los fallos descabellados en el boxeo tienen siempre un frecuencia alarmante… Y ese mal, que carcome al viril deporte, nunca desaparece. Todo por el contrario: se consolida como cáncer letal en un cuerpo poderoso que se alimenta para vivir, y al mismo tiempo fortalece el daño que le está minando.

Señalar ejemplos consumiría tantas cuartillas que, para el lector, este discurso resultaría en extremo monótono. Además, ¿para qué recordar cosas desagradables?

Como un aficionado más, me he he preguntado infinidad de veces cuáles son las razones para que un trio de jueces (a veces no los tres, sino un par de ellos, o incluso uno solo) otorguen la victoria sobre el ring a un boxeador (o boxeadora) que no la merece.

Mi lógica me remite a cuatro razones puramente humanas: ignorancia, indiferencia, mala voluntad o compromisos previamente adquiridos como consecuencia de oscuros intereses. Tal vez paso por alto algo.

No obstante, intento ver el panorama con la mayor objetividad posible.

Dentro de la ignorancia, que en el caso del boxeo profesional es bien cuestionable por el conocimiento, la capacitación y la experiencia que suelen tener los oficiales, concibo a un juez que no sepa nada de boxeo.

Alguien que se siente a mirar una pelea de boxeo, sin saber a ciencia cierta qué está mirando. Es bien improbable, porque todo aquel que juzga un duelo pugilístico, de alguna manera está bien vinculado a ese milenario arte de intercambiar golpes.

Como indiferencia defino la actitud de aquel oficial a quien no le importa lo que sucede en el cuadrilátero. Al final vota por simpatías. O sea, de alguna manera la antipatía, generada por las más variadas motivaciones, inspira al indiferente a emitir el fallo a su gusto. Es algo inconcebible, pero no me queda otra cosa para razonar en semejante caso.

La mala voluntad, según el curso de mi pensamiento, está inspirada en debilidades humanas como el odio racial, la supuesta preponderancia de unos países sobre otros ( fatalismos geográficos), o la simple indisposición en contra de alguien que, a base de sacrificios, ha forjado a golpes su victoria, tras duros entrenamientos, limitaciones y una convincente demostración sobre el cuadrilátero. También resulta inadmisible, pero humanos somos, y de todo hay en la viña del señor.

Y la más lógica razón, y al mismo tiempo la más repudiable, sería la que defino como “oscuros intereses”. En buen castizo, el soborno. El pago con dinero u otros beneficios equiparables a una buena suma, por emitir un fallo en favor de algún boxeador, aunque ese beneficiado no haya sido el mejor entre los encordados.

Quizás peco de ingenuo al intentar entender el mayor mal que afecta al boxeo, tanto profesional como de aficionados.

Simplemente, apegado a esta condición de ser humano trato de explicarme (y explicar, claro está), las razones por las cuales un hombre vestido de blanco ,y en la comodidad de un una silla junto al ring, decide burlarse del esfuerzo de un semejante liado a golpes con otro, y del criterio lógico de los cientos de miles que vieron esa lucha.

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