rosado pikenero292013El color rosado suele asociarse con la delicadeza femenina.

Pero en el caso del boxeador estadounidense de origen puertorriqueño Gabriel “King” Rosado su apellido nada tiene que ver con algo frágil, visto el corpachón de este joven de 27 años (nació el 14 de enero de 1986) que ha intentado infructuosamente de apropiarse de la faja mundial de peso mediano de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).

Rosado (21-6-0, 13 KO's), de seis pies de estatura y una fuerte complexión física puso a prueba el 19 de enero de 2013 al invicto kazajo Gennady Golovkin (25-0-0, 22 KO's), monarca reconocido por la AMB, quien no tuvo un hueso fácil de roer en el joven de descendencia boricua, a pesar de llevarse la victoria por nocaut técnico en el séptimo asalto, en el Madison Square Garden, de Nueva York.

Golovkin, quien según se dijo peleó a pesar de estar en proceso de recuperación de un molesto resfriado, pegó mucho más y, a todas luces fue dueño de las acciones, aunque al concluir el pleito reconoció que nunca le habían pegado tan fuerte, y que muy pocos se han podido dar el lujo de resistir sus temibles combinaciones de golpes en pie, como hizo “El King” Rosado.

“Pega duro, muy duro este muchacho. Creo que se merece una revancha”, afirmó Golovkin al ser entrevistado, al tiempo que aseguró: “he ofrecido lo mejor para mi público. Quizás no estuve al ciento por ciento por algunas razones, y una de ellas es que Rosado es muy incómodo. Es muy alto, y cada vez que me conectó sentí la potencia de su golpeo”.

Cuenta Rosado que su llegada al boxeo fue casi accidental.

A los 18 años se presentó en un gimnasio de Philadelphia con el propósito de meterse entre las 12 cuerdas y dejar detrás sus duras faenas como jornalero en Home Depot, Lowe's y otros grandes almacenes, en los cuales era muy bienvenida su hercúlea fisonomía, a cambio de salarios mínimos que dejaban insatisfechas las ansias de progreso del boricua-estadounidense.

“Eres demasiado viejo”, le dijeron al “King” al conocer sus edad. Acongojado, abandonó el lugar pensando que era el final de sus aspiraciones para mejorar su vida mediante la práctica del deporte profesional que le motivaba. Pero para su fortuna se le acercó Billy Briscoe, su actual entrenador y le dijo “¿quieres boxear, verdad? Bueno, ven mañana al gimnasio y veremos qué podemos hacer al respecto”.

Y desde esa fecha hasta el presente, Briscoe ha estado en la esquina de Rosado, quien para su pelea con Golovkin subió de las 154 a las 160 libras, algo que según el punto de vista del hispano-estadounidense le benefició, lejos de perjudicarle.

“Por mi estatuta y mi complexion puedo pelear muy bien en los pesos medianos. No es un problema para mí”, subrayó.

Sobre Golovkin, elogió su calidad, que pocos habían podido apreciar en Estados Unidos, donde el kazajo es casi un desconocido, y dejó entrever que espera que el campeón mundial de la AMB le ofrezca una segunda oportunidad. “De darse (otra pelea con Gennady Golovkin) espero aprovecharlo bien”, enfatizó.

“En el combate en el Madison Square Garden me afectó mucho la herida que se abrió desde el segundo asalto sobre mi ojo izquierdo, que casi no me permitía visibilidad. Golovkin es un gran boxeador. Creo que he perdido con el mejor, y ojalá tenga el honor de volver a enfretarme a él”, concluyó Rosado.

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