napole pikfevrier62013Pobre, enfermo y con fugaces destellos de lucidez, el ex campeón mundial cubano José Angel “Mantequilla” Nápoles encarna con su tragedia a una de las víctimas típicas del boxeo profesional.

Ahora con 74 años, Nápoles tiene demencia senil, enfisema pulmonar, diabetes y comienza a golpearlo el Mal de Parkinson, de acuerdo con su esposa de los últimos años, Reyna Navarro.

Nápoles es un símbolo de las oportunidades que ofrece el boxeo para dejar atrás una cuna humilde. Y también una víctima más entre los que consiguieron alcanzar la fama, obtener ganancias incalculables y al final quedar sumido en la más extrema pobreza.

“Mantequilla” tiene mucho de culpa. Quiso ser rey y alcanzó la corona. Pero no se preparó para el futuro. Dilapidó el dinero y ahora paga esos excesos.

“Fui bolerito (limpiabotas) en Cuba y ahora soy campeón y viviré como rey aunque vuelva a lo que fui”, dijo Nápoles en una ocasión a José Sulaimán, presidente del Consejo Mundial (CMB), tras gastar 30 mil dólares en el juego.

Nacido el 13 de abril de 1940 en Santiago de Cuba, Nápoles emigró de la isla a México en 1961 cuando el gobierno de Fidel Castro eliminó el pugilismo rentado. En ese entonces había disputado ocho peleas profesionales.

Años más tarde, el 18 de abril de 1969, Nápoles conquistó la corona welter de la Asociación Mundial (AMB) al derrotar por nocaut técnico en el decimotercer round a Curtis Cokes en el Forum de Inglewood, California.

Nuevamente Nápoles apabulló a Cokes en diez asaltos, durante la revancha efectuada el 29 de junio en Ciudad México, lo que ratificó que su triunfo anterior no había sido obra de la casualidad, sino que el mundo estaba en presencia de un indiscutible campeón.

En los siguientes seis años, hasta 1975, “Mantequilla” efectuó 17 peleas por el título, y siete las decidió por nocaut, lo que sin dudas le reportó una fortuna. Pero de la misma forma que recibía el dinero, lo gastaba.

Casi sin darse cuenta lo perdió todo, literalmente todo, en un indetenible regreso hacia la absoluta miseria. Fue expulsado del hogar donde vívía por no poder pagar la renta y condenado por un juez a pagar una alta suma en concepto de atrasos.

Deambulando de un lado para otro, Nápoles está desde hace dos décadas en ciudad Juárez junto a Reyna, su fiel compañera, quien exhibiendo un amor genuino, lo apoya y respalda hasta en sus más mínimos deseos.

Ambos residen en una casa prestada por unos amigos, para que no se vean obligados a pernoctar en la calle. Y en ocasiones les falta hasta los productos más elementales para alimentarse. Triste, muy triste, realidad.

“Yo era tan pobre, tan pobre, que no tengo con qué pagarle al boxeo por la vida tan bonita que me dio y que sin él jamás hubiera conocido”, dijo “Mantequilla” en otra ocasión a Sulaimán.

Sin dudas que gracias a sus condiciones excepcionales, el boxeo catapultó a Napoles hacia la cima de la popularidad y a una vida opulenta sin limitaciones.

Pero el boxeo no es ajeno a lo que ocurre con “Mantequilla” Nápoles en el ocaso de su vida. Una disciplina que produce cientos de millones de dólares, debía tener establecido un fondo de retiro, como ocurre en otros deportes profesionales, para que cada púgil viva en forma digna después de colgar los guantes.

Algunas de las organizaciones utilizan fondos, hacen colectas y ayudan en forma limitada a muchos de los necesitados. Pero el problema es extremadamente grave y requiere una forma más enérgica de resolverlo: la caridad no es la solución.

“Mantequilla” es uno más de una larga lista. Y los directivos actuales del boxeo están obligados a buscar el camino para evitar que los peleadores regresen nuevamente a la miseria que un día dejaron atrás.

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