donaire pikmarzo22013Si yo fuera Nonito Donaire nunca hubiera aceptado pelear contra el cubano Guillermo 'El Chacal' Rigondeaux. No vale la pena el riesgo cuando hay tanto que perder y poco por ganar. No confundan, no es miedo; solo es usar la cabeza.

Podrán acusarme de materialista, pero rechazar en estos turbulentos tiempos la oferta de tres millones de dólares que hizo Golden Boy, por contender con el mexicano Abner Mares, frisa los límites de la cordura. ¿Conflicto entre promotores? ¡Bah! Tengan la seguridad que hubiera dejado plantado a Rigondeaux, su séquito y hasta mi suegra si fuera necesario.

Y no es mero arrebato. En el plano estrictamente económico, las ganancias hubieran sido considerablemente superiores en un emparejamiento ante Mares. El tapatío es uno de los “príncipes” aztecas (junto a Canelo Álvarez y el Junior Chávez), y en este deporte ser de esa nacionalidad y tener semejante rango es garantía de bolsas atractivas. (Recientemente una encuesta corroboró que el boxeo es el segundo deporte más seguido en México). Ser mexicano vende… y mucho.

En el deportivo, sin menospreciar el talento del púgil de 27 años, el cubano es un rival con muchísimo más nivel, aunque los grandes medios especializados y Juan Manuel Márquez (confieso que me decepcionó tras utilizar argumentos risibles en un programa de ESPN, siendo él un boxeador respetable) se empeñen en vender a Mares como la octava maravilla del mundo. ¿Será porque estos responden, fundamentalmente, al público mexicano y cada quién tira para los suyos?

El único modo de compararlos es apelando a enfrentamientos particulares y por su palmarés. En ambos casos el santiaguero de 31 abriles saca ventaja considerable. Ellos pelearon entre sí en la final de los Juegos Panamericanos de Santo Domingo, República Dominicana 2003, y el caribeño derrotó inobjetablemente a su adversario. Mares debe recordar aquella golpiza.Y en resultados internacionales la diferencia es abismal. Una repasadita a los archivos, por cierto bien epidérmica, es suficiente para corroborarlo.

Con la complicidad de los medios estoy convencido de que pocos hubieran cuestionado mi decisión de escoger a Mares. Pues claro, con la consabida y ruidosa excepción de un grupo de cubanos. ¡Pero -en este mundo revuelto y brutal- a quién le importa lo que digan los cubanos!

Pero al parecer no hay vuelta atrás. Habrá combate. Y como en el breve espacio de estas líneas tengo el ADN de Nonito, confieso que lo primero que haría para enfrentar al Chacal sería buscar fuentes de información que no estén permeadas por el deber de “responder a un público mayoritario”.

Indagaría sobre cómo se convirtió en campeón olímpico con tan solo 19 años y mundial profesional en solo nueve pleitos rentados (no incluyo los interinatos).

Consultaría a Freddie Roach, el entrenador de mi paisano Manny Pacquiao, que sin discusión es el mejor peleador filipino de la historia. Le preguntaría por qué dijo que Rigondeaux es el pugilista más talentoso que ha conocido en su carrera (bastante dilatada y reconocida con un puesto en el Salón de la Fama). Se desprende -según Roach- que 'El Chacal' tiene más aptitudes que el propio Pacquiao.

También haría una minuciosa búsqueda para comprender porque la AIBA lo coloca a la misma altura de los más grandes boxeadores aficionados: el húngaro Laszlo Papp y los cubanos Teófilo Stevenson y Félix Savón (los únicos monarcas olímpicos en tres oportunidades), cuando no llegó al tricampeonato y otros como él, que son dos veces titulares olímpicos (son unos cuantos), no gozan de semejante consideración.

Y una vez sobre el ring… trataría de cortarle el paso, porque estoy seguro que bailará y evitará meterse en la corta distancia. Peleará donde se siente a gusto. Pegará y correrá. Quizás así neutralice mi poderosa zurda. Pero nadie es infalible y son doce rounds para perseguirlo, abrazarlo, empujarlo y buscar que pierda la compostura y se salga de su plan táctico. Así podría encontrar la brecha para pegar a su mandíbula que es endeble y el resquicio para vencerle y demostrar quién es el número uno.

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