Una pelea entre dos campeones invictos que se encuentran en plano ascendente en sus carreras es algo que no se ve todos los días en el boxeo. Principalmente porque en la actualidad todo manejador o promotor busca allanarle el camino a su protegido con el fin de que obtenga los mayores logros con el menor riesgo posible y así en algún momento recuperar la inversión hecha y comenzar a enriquecerse.

El pasado sábado 20 de abril en el Alamo Dome de San Antonio, Texas, nos encontramos con esa situación excepcional, cuando el mexicano Saúl “Canelo” Álvarez unificó las coronas súper welter de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) y el Consejo Mundial de Boxeo (CMB), venciendo por decisión unánime en doce rounds al norteamericano Austin Trout.

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Ambos peleadores aún son jóvenes, Saúl Álvarez solo cuenta con veintidós años de edad, mientras que Trout tiene veintisiete años. Hasta antes de finalizada la reyerta el record de Álvarez era de 41 victorias, 0 derrotas, 1 empate, con 30 nocauts aplicados, en tanto que Trout poseía una marca inmaculada de 26 triunfos sin derrota, con 14 cloroformos recetados.

Enfrentar a Trout era algo que el “Canelo” necesitaba para convencer de una vez por todas a los críticos que él no es un protegido de los grandes intereses que predominan en el boxeo. Y aún en contra de las sugerencias de la empresa Golden Boy Promotions, impuso su voluntad y consiguió esa lucha.

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Austin Trout venía de derrotar al puertorriqueño Miguel Cotto en lo que fue la cuarta exposición del título mundial súper welter mediano de la AMB, mismo que se adjudicó derrotando a domicilio a Rigoberto “Español” Álvarez, hermano mayor de Saúl.

Una “revancha de sangre” fue la idea que el equipo de trabajo de Álvarez pretendió venderle a la afición, pero el que Trout haya sido un verdadero reto en su carrera era suficiente motivo como para atraer el interés de cerca de 40 mil fanáticos que abarrotaron el Alamo Dome de San Antonio y al más del millón de espectadores que seguramente sintonizaron Showtime para seguir la transmisión.

Las críticas hacia Álvarez se deben a la forma en la que accedió al campeonato, sin enfrentar a un legítimo contendiente de la división de peso súper welter y a que en sus anteriores defensas de título mundial, ninguno de sus adversarios merecía ser llamado retador al título.

Si nos pusiéramos a analizar tales afirmaciones nos enfrascaríamos en exponer paja y más paja que a usted le terminaría fastidiado y como consecuencia dejaría de leer este material. Por tal motivo resumiremos lo anterior concluyendo que para obtener credibilidad ante los aficionados el “Canelo” necesitaba subir al ring frente a alguien que significara un verdadero reto.

Sin lugar a dudas Trout lo era y el púgil mexicano no solo buscó vencer, sino también convencer.

La pelea en sí fue muy nivelada, con algunos rounds tan parejos que era difícil encontrar dominio de alguno de los dos. Sin embargo, una gran parte de ellos fueron encabezados por un Saúl Álvarez que a base de desplazamientos y movimientos de cintura, se abrió espacio para que sus veloces golpes llegaran a destino.

En el séptimo round, el “Canelo” envió a la lona a Trout conectándole un recto de derecha al mentón. El norteamericano se levantó antes del término de la cuenta de protección del réferi y prosiguió con la justa sin mostrarse lastimado.

Ver a Trout caer nos hizo comprender la razón por la cual nunca se tiró a fondo durante la pelea y en cambio se mantuvo buscando la distancia con el jab para intentar sacarle provecho a sus largos brazos. La pegada de Álvarez era de mucho cuidado y pelear de otra forma le habría costado la derrota por nocaut.

El “Canelo” tampoco entró en la pelea de Trout y en lugar de ir en su persecución buscó que éste entrara en la zona media para poder atacarle con ráfagas. Es así que vimos a dos peleadores que al respetarse tanto, mostraron un duelo apático y falto de esa acción que se requiere para mantener a los aficionados al filo de la butaca.

“Trout es un zurdo difícil, le quería conectar varios golpes y no se podía hacerle ni combinaciones por lo difícil. Así es como lo visualizamos y así fue,” declaró Álvarez al final de la pelea.

La caída de Trout tal vez fue la diferencia en ese cerrado pleito, que así como mostró los puntos fuertes de Álvarez, también lo hizo con sus debilidades, entre ellas problemas en el acondicionamiento físico, que fueron notorios la última parte del combate.

Los jueces entregaron tarjetas de 115-112, 118-109 y 116-111 a favor de Álvarez, provocando la polémica entre un sector de la prensa y de aficionados, que esperaban un escaso margen en las puntuaciones. Pero ante rounds tan cerrados era válido que hubiera disparidad y amplitud de tarjetas.

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El 12 de abril de 1997, la nueva cara del boxeo Oscar “Golden Boy” De la Hoya, un medallista en la olimpiada de Barcelona 1992 e invicto campeón en tres divisiones de peso distintas, llegaba al Thomas & Mack Center de Las Vegas, Nevada, para retar al campeón mundial welter del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) Pernell “Sweet Pea” Whitaker.

Whitaker era poseedor del galardón del “Rey libra por libra”, aunque en los meses anteriores esa condición fue severamente cuestionada, al encontrarse en franco declive de sus facultades al contar con treintaitrés años de edad, diez de ellos como boxeador profesional, además de haber sufrido para vencer a sus últimos dos opositores.

Más allá de tener que lidiar con el bajón natural en sus facultades como púgilista, Whitaker venía presentando actuaciones que dejaban mucho que desear, sacando apenas una decisión dividida al boricua Wilfredo Rivera, y tener que remar contra corriente para noquear al cubano Diosbelys Hurtado, que le había derribado en dos ocasiones y estaba arriba en las tarjetas hasta antes de la detención.

El Whitaker vs. De la Hoya se presentaba como el combate más importante en la carrera del “Golden Boy”, ya que al ser vencedor de “el gran campeón mexicano” Julio Cesar Chávez y del que fuera el mejor peso ligero del mundo Miguel Ángel González, estaba por alcanzar la cúspide de su carrera. Lo único que le faltaba era derrotar al mejor del mundo y Whitaker era esa persona.

“Pernell es el mejor campeón del mundo 'Libra por Libra'. En esa pelea voy en contra de un maestro, pero me voy a graduar con honores,” declaró Oscar De la Hoya antes del enfrentamiento.

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La cartelera que promovió Top Rank fue titulado “Libra por Libra” y se distribuyó en Estados Unidos a través del sistema Pague-Por-Ver (PPV) con un precio de $ 39,95 dólares. Alcanzando 850 mil compras, una de las más altas en la carrera del “Golden Boy”.

Si bien el evento atrajo una gran audiencia tanto en taquilla como en televisión, el combate dejó mucho que desear al ambos boxeadores comportarse de forma muy conservadora y enfrascarse en una pelea táctica carente de espectacularidad.

Al final de doce rounds Oscar De la Hoya fue declarado el vencedor por decisión unánime, con tarjetas de 15-111, 116-110 y 116-110, mismas que fueron muy cuestionadas al ser un pleito mucho más parejo de lo que reflejaban las puntuaciones.

El resultado controversial provocó que Pernell Whitaker se sintiera robado y ante ello exigió una revancha directa. Pero el promotor del evento, Bob Arum de Top Rank, no estaba dispuesto a ceder ante esas exigencias.

“Mi opinión es que fue muy aburrida, una pelea apestosa. No quiero volver a verla, quiero ver a Oscar pelear con gente que sale a pelear. Siempre he odiado las peleas de Whitaker,” declaró Bob Arum a la prensa.

Las tarjetas del “Canelo” vs. Trout han sido cuestionadas de igual forma e incluso el propio Austin Trout, que aunque reconoció la superioridad de Álvarez, se pronunció en contra de la que entregó el juez Stanley Christodoulou, que fue de 118-109 en favor de Álvarez.

“Eso es mentira -la tarjeta de 118-109-, pero yo no soy un juez, así que me voy con el control que tengo en el ring,” señaló Trout en la conferencia de prensa posterior al combate.

Aún siendo cerrado, el pleito entre De la Hoya y Whitaker no ameritó revancha por la simple razón de que tanto ellos como los fanáticos ya habían vivido antes ese escenario, y por el estilo que desarrollaron ambos, el interés en una revancha ni de broma se acercaría al del primer cotejo.

Lo mismo ocurrirá con Saúl Álvarez y Austin Trout, una pelea cerrada que en términos de mercadotecnia y espectáculo no es factible repetir.

Crédito Fotos: Pepe Rodríguez, WBC | AP | Reutters

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