Rigondeaux MayweatherUno es “El Príncipe” Floyd “Money” Mayweather Jr. El otro es “El Mendigo” Guillermo “El Chacal” Rigondeaux.

El primero es estadounidense de pura cepa. El segundo un genuino cubano oriundo de Santiago de Cuba. Dos de los mejores boxeadores profesionales del mundo, libra por libra, con estilos escurridizos, rapidez de piernas y brazos, pegada. Un par de “intocables”.

Un poco forzada la analogía con el famoso cuento del escritor estadounidense Mark Twain. Pero nada se parece más a la realidad… Al contradictorio destino de dos pugilistas con formas de comportamiento y potencialidades similares sobre el cuadrilátero, aunque muy diferente fortuna en términos meramente económicos.

“Money” Mayweather Jr. (45-0-0, 26 KO's), tal como le nombra su apodo, es una suerte de Rey Midas que “todo lo que toca” a la hora de concertar peleas lo convierte en oro.

A los 36 años, es el deportista profesional mejor pagado, según la revista Forbes. Tan solo en su última pelea, en la que venció por veredicto mayoritario (que debió ser unánime) al mexicano Saúl “Canelo” Alvarez, tenía garantizados más de 40 millones de dólares, antes de subir al cuadrilátero.

Ha arrasado en los últimos tiempos con cuanto oponente ha osado retarle en las categorías de peso comprendidas entre los Welter y los Súper Welter.

Y cierto que ha tenido que subir y bajar de peso para conseguir sus jugosos contratos pero, lo más importante, nunca ha fracasado en sus intentos por conseguir millonarios ingresos y cuantiosos patrocinios, para satisfacción propia y de allegados dentro del negocio.

Su contraparte en el aspecto meramente financiero es el cubano Rigondeaux (12-0-0, 8 KO's). ¿Y cuál es la razón?, se preguntan muchos.

Ya advertimos que, boxísticamente hablando, “El Chacal” cubano nada tiene que envidiar a Mayweather Jr.

Incluso, en el previo historial amateur, el estadounidense apenas consiguió un bronce olímpico.

Rigondeaux ganó todos los títulos reconocidos en el pugilismo para aficionados, desde la añorada corona olímpica, hasta el simbólico oro en los campeonatos del mundo, sin excluir de ninguna manera las cimas regionales, continentales y, por supuesto, la nacional, en un país tan competitivo en el deporte de los puños y las 12 cuerdas como la Mayor de las Antillas.

Hay diferencias anatómicas, claro está. Rigo, es un portento de los pesos Gallo y Súper Gallo, que no posee el imán para el dinero del “Money” Mayweather.

Mientras que el sólo nombre de Floyd genera billetes verdes a diestra y siniestra, aunque los oponentes, inflados por la propaganda, no le lleguen ni a los tobillos, el cubanito Rigondeaux, de 32 años, no obtiene tarifas a la altura de sus peleas por títulos mundiales. Peor aún, no consigue rivales.

Ni siquiera obtuvo “El Chacal” una bolsa significativa cuando enfrentó y avasalló sin miramientos a un ex campeón de las 122 libras de la talla del filipino Nonito Donaire, considerado un portento “invencible” en los Súper Gallos… hasta que Guillermo Rigondeaux se atravesó en su camino.

¿Cuál es el problema? Hay de todo un poco en la viña del señor, al margen del carisma innato de Floyd Mayweather Jr., un hombre que por su comportamiento fuera del ring genera tanto rechazo, como admiración, en ciertos sectores de la población del mundo afines con la bravuconería y la fanfarronería.

Mientras que a Mayweather Jr. todos parecen querer ayudarle, Rigondeaux sólo encuentra una nefasta confabulación en su contra, encabezada por la empresa promocional (Top Rank) que, se supone, debería velar por sus intereses en aras de conseguir contratos mutuamente beneficiosos, tanto para el boxeador como para los patrocinadores.

Y es que Rigo es eso, un simple “mendigo” (en el sentido figurado de la palabra, claro está) porque representa un exiguo mercado de cubanos exiliados, o simplemente emigrantes por las más disímiles razones, que no genera el flujo financiero que es capaz de impulsar el público mexicano, el estadounidense, o el de otros países europeos e hispanos con una estructura deportiva basada en el profesionalismo.

Sabido es que el boxeo de paga es, sobre todo, un negocio. Y en un negocio no hay cabida para lo que NO genera ganancias. Rigo está condenado por su procedencia. No creo que por su “estilo aburrido”, como pregonan muchos que de boxeo saben lo mismo que de cosmonáutica. Y si no, sólo hay que ver precisamente a Mayweather, con un quehacer muy parecido entre los encordados.

Justamente por esa razón se impone esta (¿ilógica?) antología entre dos excelentes boxeadores que, en medio de las actuales circunstancias, se asemejan a “El Príncipe y El Mendigo” de la obra homónima de Mark Twian.

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